RELATOS EN SU TINTA Nº 2: BUCLE


ALGUIEN DIJO QUE el terror no consistía en ver a un fantasma, sino en que este te mirara. Hasta ese momento podías escabullirte, dirigir la vista a otro lado y escapar, pero en el momento en el que la amenaza se fija en ti ya sabes que estás involucrado, que no puedes refugiarte en el anonimato ni esconderte detrás de nadie.
    El fantasma te ha visto y debes actuar.
    El relato que os presento en este segundo número de Relatos en su tinta no va de fantasmas, pero sí de amenazas. De esas que te asaltan cuando menos te lo esperas, cuando deambulas por tu rutinaria vida pisando las mismas baldosas de la acera que pisaste ayer y pisarás mañana.
    El tipo que pronto vas a conocer se olvidó de comprar el pan antes de llegar a casa tras su jornada laboral. Este hecho en apariencia tan poco relevante le hará ser testigo de algo, algo terrible, algo de lo que intentará pasar desapercibido. No tenía por qué involucrarse, e implicarse solo le traería problemas.     Además, no era asunto suyo.
    Y en verdad no lo era.
    Al menos hasta que se dio cuenta de que lo habían visto.

BUCLE

SIEMPRE SE OLVIDABA del pan. Y eso que era lo último que le decía su mujer antes de salir de casa por la mañana. No un «que tengas un buen día» o un beso. «Que no se te olvide comprar el pan cuando regreses del trabajo». Pese a ello, solo se acordaba del pan cuando ya buscaba las llaves para entrar en su portería.
    Esa tarde no fue distinta.
    Aprovechó para encenderse un cigarrillo mientras recorría las dos calles que le separaban de la panadería más cercana. Conforme exhalaba las bocanadas de humo pensaba que su vida se consumía con similar rapidez, encorsetada en un bucle que se repetía día tras día, pisando una y otra vez las mismas baldosas de la acera.
    Al llegar a la panadería chasqueó con desagrado. Un folio, enganchado con cinta aislante en la persiana metálica, informaba de que ese día habían cerrado por defunción. Miró el reloj. Eran cerca de las ocho de la tarde. ¿No querías algo que te sacara de la rutina? Ahí lo tienes, se dijo. Y sin embargo se sintió enojado. Como cuando sus hijos le pedían que jugara con ellos y él, cansado, gruñía, pero al mismo tiempo se enrabietaba por no saber disfrutar de ese momento.
    Si se daba prisa podría llegar a la panadería que quedaba cerca del metro. Encendió otro cigarrillo y reanudó la marcha con paso acelerado.
    Cuando llegó a la carretera que limitaba su barriada, el semáforo cambió a rojo antes de poner pie en la calzada. Permanecería en ese color durante casi dos minutos, así que decidió cruzarla por el paso subterráneo.
    Unos periódicos viejos y arrugados se amontonaban en los peldaños que llevaban al túnel apenas iluminado por unos fluorescentes que titilaban. Al bajar, observó en el otro extremo a un par de hombres que forcejeaban. (...)


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Clica en la portada para descargarte el relato

Espero que te guste y, espero, te haya servido para evitar los pasos subterráneos...

¡Hasta la próxima!

Comentarios

  1. Mira que eres malo. Nos pones aquí el inicio y nos dejas con la miel en la boca. Menos mal que ya lo había leído cuando lo descargué de Lektu hace unos días. Es buenísimo.
    Por cierto, lo habías publicado antes en el blog ¿verdad? Lo digo porque yo ya lo había leído. No recordaba los detalles, pero lo había leído seguro.
    Veo que Relatos en su tinta ha desaparecido (los contenidos antiguos quiero decir) y lo recuperas con nuevas entradas y nuevos relatos. ¿No te da pena de las cosas antiguas? A mí "matar" un blog me resultaría muy duro, ja, ja. De todas formas, me alegro de que lo rescates.
    Un beso.

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    1. Gracias, Rosa. Así es lo publiqué hace un tiempo en el blog y de esta forma he intentado darle una nueva vida.
      Reconozco que no me da pena, ja, ja, ja... Esas entradas las tengo en el borrador y las de las primeras ediciones de El Tintero de Oro ya las pasé en su momento al nuevo blog, como también aquellas de consejos narrativos que he revisado y publicadas allí. Los relatos los tengo en borrador, junto a los comentarios. Pero es que soy de los que cuando cierra una etapa y quiere comenzar otra lo hago por lo sano. Un abrazo!

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  2. Hola.
    Ya me lo he descargado y ya lo he compartido en facebook.
    Qué tentador. Esta ncohe lo empiezo, o reempiezo porque ya heleído lo que has publicado aquí.
    Ya te contaré.
    Feliz día.

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    1. Gracias, Gemma. Espero que te guste este relato y el tiempo de lectura te resulte un buen precio. Un abrazo!

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  3. Éste lo leí y compartí en su momento. Me pareció buenísimo. Y el de la abeja reina, ya... qué puedo decirte... Literatura de primera. ¡¡Enhorabuena por ambos!! Un abrazo

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    1. Gracias, Maite, por tus palabras que sin duda me animan a seguir en esa línea. Un abrazo!

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  4. Veo que el protagonista no tiene muchas panaderías cerca y prefiere comprar por la noche, lástima yo desde mi ventana veo tres despachos de pan y la verdad, prefiero comprar al mediodía.
    Seguiré leyendo lo que falta.

    Un abrazo, David

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    1. Gracias, doctor. Bueno, ahora hay pan a todas horas, ja, ja, ja... Espero que te guste lo que sigue si tienes ocasión de leerlo. Un abrazo!

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  5. Pues nos has dejado con la miel en los labios David. El comienzo muy prometedor, generando el suspense adecuado para atrapar al lector, combinación de frases cortas con otras más largas, dando la información justa para ponernos en situación. Me descargo el PDF para leerlo con más tiempo, ya te diré. Un abrazo.

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