COMO ESOS ANIMALES DE LA TELEVISIÓN



  La última etapa de nuestro paso por el mundo. Dicen que continuaremos vivos mientras alguien nos recuerde. Quizá de eso se trata: aprovechar nuestra vida para conseguir ser recordados durante mucho tiempo.

  Porque solo cuando llegas a la vejez es cuando te das cuenta de que vivir es un suspiro.

COMO ESOS ANIMALES DE LA TELEVISIÓN



Apagó el televisor. 
Ya sabía lo que tenía qué hacer. 
Lo mismo que esos animales tan grandes del documental. 
Ahora no le salía cómo se llamaban. 
Eso le pasaba con frecuencia. 
Pero todavía se daba cuenta. 
No como ella que, sin ni siquiera enterarse, llegó a olvidarse hasta de respirar.

Cogió el bastón y se apoyó en él para levantarse. 
En realidad, no le hacía falta. Solo era para sentirse más seguro. 
Pero podía andar perfectamente sin su ayuda. 
Eso, al menos, era lo que decía a quien le preguntaba.


Fue al dormitorio. 
Abrió el ropero. 
Todavía olía a ella. 
A cuando lucía los vestidos que aun colgaban del perchero. 
No a cuando ni se levantaba de la cama. 
Ella no tuvo elección. 
Él, sí.

Sacó la maleta. 
Metió algo de ropa, un neceser y su foto. 
La foto de cuando todavía era ella. 
No fue minucioso. 
De hecho, se preguntó qué necesidad tenía de equipaje. 
Pero eso era lo que se hacía cuando uno se iba lejos.

Al terminar, se sentó en el borde de la cama y cogió el móvil. 
Reservó un billete de avión. 
«Solo de ida», especificó. 
Apagó la luz y enfiló el pasillo, tirando de la maleta con una mano y apoyándose en el bastón con la otra. 
Se detuvo en cada habitación. 
Ahora tan llenas de trastos como de recuerdos. 
Pero vacías. Sin alma. Sin vida. 
Bajó las persianas en cada una de ellas. 
Si hubiera podido ver este instante años atrás, cuando se quejaba de lo rutinaria que era su vida, ¿se habría dado cuenta de lo feliz que era? 
Quizá. 
O quizá no. 
«Somos lo que somos en cada instante», pensó. 
«No hay que darle más vueltas».

Ya en el comedor, cogió el teléfono otra vez. 
«Sí, al aeropuerto. Gracias», dijo. 
El taxi llegaría en cinco minutos. 
Suficiente. 
Se sentó a la mesa y dirigió un bolígrafo a la hoja. 
Veía manchas. 
Eso también le pasaba con frecuencia. 
Unas veces eran como hormigas; otras, como arañas. 
Sabía que era una alucinación. 
Lo que no sabía era cuándo empezaría a creer que eran reales. 
Como le pasó a ella. 
Él todavía podía distinguirlo. 
Aunque olvidara cosas. 
Como el nombre de esos grandes animales del documental. 
Y también podía ir al baño solo. 
Pese a que esa mañana su cama estuviera mojada. 
Como cuando ella empezó a dejar de ser ella. 
Ella no tuvo opción. 
Ella lo tenía a él. 
Estaba obligada a que él la viera transformarse en una sombra. 
Pero él sí podía decidir. 
Él ya vivía solo.
Y estaba a tiempo de evitar que su hija y sus nietos llegaran a verlo convertido en un tronco hueco. 
Terminó la carta con un «Hasta siempre. Os quiere. Papá».


Los quería mucho. 
Por eso no permitiría que lo vieran cuando ya no fuera él. 
Quería que recordaran al tonto soñador, a quien les leía cuentos por las noches, al torpe rival al que siempre ganaban en los juegos, a quien les ayudaba con los deberes, a quien… 
Pero no a quien no pudiera ir solo al baño.


Llamaron al intercomunicador. 
El taxi había llegado. 
Malasia. 
Decían que era un paraíso. 
Un buen destino para hacer como los animales del documental. 
«Los elefantes», recordó al fin. 
Ellos, al sentirse moribundos, dejaban la manada. 
Para morir lejos. 
No era necesario más.


Cogió las llaves del vacíabolsillos. 
No miró atrás cuando tiró de la puerta. 
Lo que necesitaba, ya lo llevaba consigo. 
Al menos, mientras él continuara siendo él.


FIN


    Con este relato termina la serie dedicada a las etapas de la vida en las que he intentado reflejar aspectos concretos de cada una de ellas. Espero que os haya gustado y, de algún modo, os hayáis identificado con alguna de las situaciones que se han mostrado. Dejemos a Daniel volar hasta Malasia, mientras os dejo los enlaces a los otros relatos de su vida. 

RELATOS ANTERIORES







  ADOLESCENCIA: EL EJERCICIO DE POESÍA




  JUVENTUD: EL SEÑOR DE SU CASA




MADUREZ: LA HABITACIÓN


SEXALESCENCIA: PAPÁ, PERO ¿QUÉ TE HAS HECHO?






© David Rubio Sánchez. Texto y dibujo

Comentarios

  1. Triste descripción de la vejez, asusta pensar que podamos terminar no siendo nosotros mismos. Seguramente todos lo hemos visto en otros. La decisión del protagonista es valiente, no teme enfrentarse solo a sus últimos pasos en la vida, teme más al olvido. Un relato que hace reflexionar y que deja un poso de tristeza. un abrazo, David.

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    1. Gracias, Jorge. Es difícil poner punto final a la vida, y más si es la nuestra. Pero cuando esa vida no es más que una sombra, cuando nuestro tiempo ha llegado a la prórroga quizá sea el momento de decir adiós. Sobre todo, antes de que seamos incapaces de hacerlo. Es un tema polémico y en el que no hay verdades absolutas, es una decisión que solo le compete a la propia persona. Un abrazo!

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  2. no hace falta que nos recuerden siquiera, la vida es hoy, ahora... si estás tranquilo con eso y lo que sos todo está bien...

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    1. y me encantó la entrada...

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    2. Gracias, JLO. La línea que separa el ser del no ser es tan frágil que solemos pensar en que las cosas son eternas y que somos dueños de nuestra existencia. No es así, por eso lo que comentas me parece una excelente decisión vital. Carpe Diem! Saludos!

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  3. Oh David qué conmovedor y qué triste pero se entiende la decisión del protagonista, puede elegir y elige que lo sigan recordando como él. Un gesto desinteresado para con los suyos sin miedo a la soledad antes que compartir ese dejar de ser esa persona que se ha sido. Terribles enfermedades asociadas a la vejez, se ha aumentado la esperanza de vida pero en según qué condiciones no sé si merece la pena. Desde luego un relato que conmueve y te hace pensar.
    Besos

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    1. Gracias, Conxita. Nuestro apego a la vida a veces puede llegar casi al sadismo. Vivir, por supuesto. Pero no a cualquier precio. Hay que saber decir adiós cuando las ilusiones se terminan, cuando nuestras fuerzas y entusiasmo desaparecen, cuando, en definitiva, ya hemos consumido todo lo que de regalo tiene vivir. Un fuerte abrazo!

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  4. Me he sentido muy identificada con todos los relatos de la serie dedicada a las Etapas de la Vida, pero éste especialmente me ha conmovido por dos motivos: Primero por la genialidad que has utilizado en su narración. Segundo porque muchas de las reflexiones que planteas las considero ideas propias sobre las que siempre he reflexionado: la idea de que la inmortalidad consiste en ser recordado -consecuentemente hay mucho de efímero en ella-; la idea de afrontar la decrepitud y la decadencia; la soledad cuando falte la persona que quieres; y, por supuesto, la idea de desaparecer antes de ser una carga para las personas que más amas. Incluso en el destino: Malasia, desde luego, es un lugar tranquilo ideal para jubilados extranjeros jjjjjj.
    Gracias por este relato, David.

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    1. Gracias, Macarena. En cuanto a la narración he intentado utilizar frases muy cortas, casi hasta meras palabras para mostrar la pérdida cognitiva del personaje. El formato centrado también iba en esa línea. Como dices, la inmortalidad se reduce al recuerdo de quienes nos han conocido por nuestros actos. A veces intentamos alargar de manera casi sádica nuestro momento de decir adiós. Es un tema complicado y en el que es imposible encontrar una respuesta definitiva. Aunque creo que llegado el caso, yo también escogería Malasia. Un fuerte abrazo!

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  5. Ha sido una serie de relatos como la vida misma, desde el nacimiento, y hasta la muerte nos has mostrado todas las sensaciones por las que pasa el ser humano. En este último texto de la serie observo que has cambiado el estilo, el formato e incluso el fondo. Y es que has utilizado toda la gama de recursos disponibles en la serie: diálogos, frases cortas, párrafos más largos, etc, etc. La narrativa también ha ido girando con muchas sensaciones: desde el humor, pasando por la reflexión, o la sutil tristeza que envuelve a este último relato. Magnifico trabajo David. Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias, Miguel. Abarcar todo lo que es la vida es complicado en solo seis relatos de 750 palabras. He intentado centrarme en aspectos concretos, que en algún caso tienen mucho que ver con mis propias vivencias o pensamiento.
      En cuanto al estilo, eres muy observador. Como relatista siempre quiero que lo único que brille sea la historia. Y todo debe ir enfocado a la misma. El tono, el estilo, el ritmo... intento que sirvan para reforzar los hechos que se narran. En este capítulo final, predominan las frases cortas. En algún caso solo palabras que funcionan al estar unidas. Es un intento de mostrar el deterioro cognitivo del personaje. Esa intención también explica la forma de presentación del texto. El editor de blogger no da para mucho, pero al centrar las frases creo que se consigue la sensación extraña del lector, como de que algo no termina de cuadrar.
      Un fuerte abrazo y gracias por ese análisis de la serie.

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  6. Un final tan triste y tan real como el de la vida misma.
    Se hace cuesta arriba tener que conformarse con que te recuerden.
    Magnífico broche.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Macondo. Se hace cuesta arriba, pero es lo que toca. Lo más paradójico es que tampoco estoy seguro de si la inmortalidad nos hiciera más felices. Como se dice: "Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio". Un abrazo!

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  7. Vaya, pobre Daniel. Lo hemos visto desde niño pasar por todas las etapas y da pena llegar a su fin. Un final que no es tan malo, tampoco, porque poder elegir cuándo, dónde y cómo se me antoja un lujo al alcance de unos pocos privilegiados. Has tenido mucha consideración con él y yo te lo agradezco porque es tenerla también con nosotros que ya nos hemos encariñado con él.
    Un beso.

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  8. Para mi no hay ningún final en la vida, sino una continuidad en otra dimensión, has dado con la espiritual de la colla, ya ves yo lo veo así, por ello no me importaría nada que mi vida se acabará ahora mismo. Aunque es bien cierto que en las etapas que tenemos en la vida, vamos cambiando, para mi evolucionando, sin ninguna enfermedad grave, podremos ser nosotros pero con más experiencia y sabiduría. Por cierto no pertenezco a ninguna religión soy agnóstica ni creo, ni dejo de creer, siento, vivo, sueño.... Un inmenso abrazo amigo!!

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  9. Un texto que encoge el alma. Estupenda toda la serie, David pero el tono de este último me parece magnífico. Me ha encantado.

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  10. Una vez que uno se muere y muere después la poca gente que nos recuerda, es como no haber existido nunca.
    Te dejo un abrazo, David.

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  11. Hola David,
    A mi personalmente me encantó la serie de tus relatos. Todas las historias se juntan, se entrelazan con los momentos más importantes de la vida de tu personaje. Este último, me a dejado un sabor amargo en la boca. La verdad es triste, pensar que al final del camino la vida termine de esta manera tan cruel. Se que talvez no para todos, pero la mayoría. Que me he puesto a pensar que, quizá David en ese viaje a Malasia llegue encontrar un nuevo amor, alguien que lo vigorice y revitalize. Siempre habrá alguien quien lo quiera, sin importar la edad .... quizá en el camino.
    Un abrazo y buenas noches!

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  12. Hola, David. He leído este relato y se me hizo un nudo en la garganta. No puedo dejar de pensar en que Daniel morirá sólo o en el mejor de los casos rodeado de extraños. Difícil decisión para tu personaje. Yo creo que uno debería poder decidir tomar una pastillita y morirse sin dar problemas a la familia. Todo un tema...

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  13. Lo que admiro de ese triste final, que lo es sin duda alguna, es que tuvo el valor, primero de poder elegir, cosa que mucha gente que llega a la vejez y no puede, y segundo que no dejo que ni sus nietos ni sus hijos lo vieran como se iba deteriorando y se marcho lejos. Un padre y abuelo valiente y a la vez triste porque dejar a los tuyos atrás para finalizar tu vida, es triste muy triste.
    Un abrazo David, y todos hemos llegar tristemente a ese final, yo solo pido una cosa, no sufrir y no hacer sufrir a los que tengo a mi alrededor, y firmo con llevar con la mente lucida, con achaques propios de la edad pero con la mente clara, y si tengo que sufrir que por favor sea lo menos posible, por mi y por ellos.
    Un fuerte abrazo.

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  14. La verdad es que he disfrutado mucho con las aventuras y desventuras de Daniel a lo largo de las etapas de su vida. Pero esta última me ha entristecido mucho, porque te das cuenta que llegar a mayor en plenitud de facultades es todo un logro.
    Saludos :-)

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  15. Ha sido un placer leer toda esta serie sobre las peripecias de un Daniel tan humano y tan real que termina sus días como muchos quisieran hacerlo. En cierto modo me ha reconfortado que decidiera ir a Malasia y no a Suiza. La eutanasia activa solo debería aplicarse en casos terminales y Daniel todavía tiene el juicio suficientemente claro y las condicones físicas no demasiado mermadas, como para dejar este mundo disfrutando del poco tiempo que le queda, aunque sea emulando a los paquidermos en su retirada definitiva. Un final realmente emocionante, pero es que todos los finales lo son.
    Un fuerte abrazo.

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  16. Sin darnos cuenta, como en la vida misma, hemos llegado al desenlace de esta serie de estupendas historias, con las que nos has ido desarrollando las vicisitudes por las que Daniel (su protagonista) ha ido pasando desde su infancia hasta este final anunciado.
    Como suele ocurrirnos a cualquiera de nosotros, el hecho de encontrarnos con la muerte, ya sea por experiencia propia, ajena o expuesta a través de distintos medios, ya sean informativos o de comunicación, como en tu historia, querido David, al final siempre se nos queda una especie de punzada o mazazo incluso, en el alma, porque si nos damos cuenta, no se nos prepara ni educa para morir, al contrario, todo está rodeado de miedo y confusión, para que incluso se considere de mal gusto mencionar semejante idea como tema de conversación. Digamos que se reserva para el ideario religioso de cada uno o para las nuevas tendencias tipo New Age.
    Me gustaría traer a colación de este tema, la tradición japonesa o leyenda quizás, denominada "ubasute", una práctica antigua del folklore japonés en la que un pariente enfermo o anciano es abandonado en un lugar remoto para morir. Actualmente hay algunas evidencias en el Japón moderno de "revivir" esta costumbre, aunque algo diferente.
    Uno de esos lugares que se cree que fue un sitio popular para la ubasute en el pasado, es el denso bosque en el pie noroeste del Monte Fuji, conocido como Aokigahara (conocido también como Jukai, que significa "Mar de árboles").
    De este mismo tema, trata la famosa película "La balada de Narayama", basada en la novela de Shichirô Fukazawa, que probablemente la habrás leído. como otros muchos de vosotros.
    Me ha gustado mucho leerte y disfrutar con esta amplia historia.
    Un fuerte abrazo.

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  17. Aunque con un final triste, no podia ser de otra forma, me ha encantado la serie. Todo un maestro de la escritura David, felicidades!! Un abrazo y feliz finde.

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  18. Muy bien reflejada esa etapa donde temes tejar de ser tú y decides desaparecer . Dura decisión la que toma Daniel pero la más valiente.
    Una serie muy buena, da gusto pasear por las etapas de la vida de Daniel, aunque la última es la más triste.
    Un abrazo David y feliz Finde
    Puri

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  19. Me has emocionado David. Qué bien escrito está, y sobre todo, que bien sentido.

    Te doy la enhorabuena por la serie, es muy buena. Hay que publicarla ¿ehhh?

    Gracias por compartirla david.

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  20. ¡Hola!
    Ay qué pena me ha dado. Hemso visto crecer a Daniel y ahora se nos va a Malasia. Pero opino como él, no quiero qu enadie vea mi degeneración. Él vio a su esposa, así que sabe muy bien lo que es ver a otro ser humano dejar de ser persona para convertirse en un ser triste, dependiente y que sufre.

    Enhorabuena por el relato, me ha encanatdo a pesar de la pena
    Muy feliz día..

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  21. Preciosa y triste historia, David. Me ha recordado un poco a mi abuelo.
    ¡Un abrazo!

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  22. Al menos tuvo la lucidez suficiente para tomar una decisión, hay casos en los que la enfermedad se echa encima y anula hasta esa última voluntad. Un triste relato de domingo, me gusta que hayas experimentado con el formato, le va muy bien.
    Un abrazo.

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  23. Emocionalmente es el relato de toda la serie que más me ha llegado. ¡Buah! Te deja tocada.

    Alguien me dijo un día que había que dejarlos ir. Y eso he hecho en contra de lo que mis sentimientos me dictaban. Sin que él lo supiera, mis ojos arrasados de lágrimas lo han seguido hasta que ha cerrado la puerta al marcharse.
    Me he quedado con el alma encogida pensando que no le había dicho lo gran padre que era y lo mucho que lo quería. ¡Qué gran prueba de amor de su parte!

    Maravillosa escritura, David.
    Un abrazo.

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  24. Perder la memoria es lo peor que le puede ocurrir a una persona. Efectivamente, somos lo que vivimos y somos lo que recordamos. El Alzhéimer es una de las enfermedades más crueles y terribles que existan o hayan existido. Tú hablas de "un tronco hueco", y muerto, por tanto. Me parece una certera comparación. En uno de mis relatos imaginé la enfermedad como un parásito que va devorando el cerebro, borrando el disco duro, destruyendo la conciencia y aniquilando la persona. El relato se titula "Hay un monstruo en mi desván". Un abrazo, David.

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  25. La Balada de Narayama aquella hermosa película daba una hermosa visión de ese extinguirse cuando ya no te crees necesario.
    Un texto potente y tocando un tema en el que casi todos hemos pensado.
    Felicidades, David.

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  26. Qué triste final para una serie muy realista donde has sabido reflejar muy bien las diferentes etapas de un ser humano.
    Esas frases cortas me han impactado como si fueran sentencias, sentencias de muerte, la muerte que Daniel anticipa y prepara para marcharse con dignidad. Y de todas esas sentencias me quedo con "Somos lo que somos en cada instante".
    Me has conmovido, David, de verdad.
    Un abrazo.

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  27. Como quiero que me recuerden???? Jamás se me pasó eso por la cabeza..... Yo creo que uno tiene que ser lo mejor que puede en vida Querer amar ser bueno....
    Cuando el otro esté muerto es ..... No espero que me recuerden pero sí que hoy me vivan .

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  28. Le has regalado un bonito final a Daniel. De tu mano le hemos acompañado en sus ilusiones y tristezas, en la monotonía y en el amor, en la pérdida y en el descubrimiento de lo que es importante en la vida.
    Espero que le vaya bien en Malasia.
    Adiós Daniel.

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    1. Gracias, Bruno. Pienso que la vida tiene sentido mientras tenga un propósito y siempre que podamos disfrutarla como se merece. Es un tema polémico, sin duda. Pero creo que en esto los elefantes nos llevan mucha ventaja en cuanto a saber qué hacer cuando nuestro tiempo ha pasado. Un abrazo!

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