EL EJERCICIO DE POESÍA


    La adolescencia. Ese batiburrillo colosal de hormonas, contradicciones y emociones. La época en la que no solo debemos comenzar a comprender que el mundo es más grande y complicado, sino que también llega el momento de descubrir quiénes somos nosotros mismos.

    Y de todo ese nuevo universo que se nos abre, la atracción por el otro sexo es sin duda uno de los pilares de la llamada edad del pavo.

     ¿Os apetece volver al instituto?

EL EJERCICIO DE POESÍA


   Daniel esperaba, impaciente, su turno para salir al entarimado y leer su poema. Al fin le había llegado la oportunidad de demostrar toda su sensibilidad y madurez a las chicas de la clase quienes, a partir de ese momento, le verían como algo más que el tímido, apocado y regordete empollón.

  Desde que el profesor propuso realizar el ejercicio de poesía, había dedicado cada minuto de su tiempo libre a componer unos versos no solo románticos y hermosos, sino también inteligentes, profundos y sofisticados. Desde luego, algo muy diferente a las rimas ñoñas y recargadas que estaban recitando sus compañeros.

   El tiempo apremiaba. Ya comenzaban a formarse parejas y todavía no había encontrado el valor para declararse a ninguna. Tampoco se había decidido por la ideal. Llegó a configurar listas en las que ordenaba, de mayor a menor, las chicas que más le gustaban. Aunque eso tampoco solucionaba el problema puesto que al terminar la clasificación comenzaban a atraerle las últimas de la lista. Además, ¿y si le rechazaban? ¿Qué pensaría la siguiente? Las chicas odiaban ser segundo plato. Eso lo había visto en las series de televisión.

   Miró de reojo a Sonia, la número tres. Cada día estaba más guapa. Sobre todo desde que llevaba gafas y se había oscurecido el pelo. Antes, cuando volvían del recreo, le había sonreído. Pensó en que, tal vez, debería ascenderla a la segunda posición porque Eva, aunque le habían crecido los pechos ese año, llevaba un tiempo tonteando con el Cachas. De momento, Mónica seguía siendo la número uno, la que evocaba en sus fantasías todas las noches antes de dormir.

   Él veía películas de Bergman y leía a Paul Auster, ¿qué otros quinceañeros podían igualar eso? Pero eso era insuficiente para que las chicas lo miraran con la misma fascinación que contemplaban al Cachas en clase de gimnasia o cuando hacía posturitas en el patio.

   Ahora era su momento. Había ensayado frente los gestos y el tono frente al espejo. Incluso, había marcado los versos donde cambiaría el timbre de su voz para dar mayor énfasis a la declamación. En sus ensoñaciones, visualizaba el momento en el que, al terminar, las chicas le observaran con los ojos abiertos, brillantes, con un silencio emocionado. Todas querrían ser las receptoras de esos versos; morirían por conquistarle.

   Le llegó el turno.

   Subió a la tarima y comenzó a recitar. Notaba las manos frías y le temblaba el folio donde llevaba escrito el poema de su triunfo.

   Al terminar, regresó orgulloso a su asiento. Con los nervios, se había olvidado de observar la reacción de sus favoritas. No hacía falta. Su éxito era rotundo. ¿Cuál de ellas se le acercaría primero? ¿Tal vez Mónica? ¿O quizá todas en grupo, compitiendo por su atención?

   El profesor llamó al siguiente: el Cachas. Sonrió con un gesto condescendiente al escuchar sus versos absurdos, infantiles y de un romanticismo vacío. Eso redondeaba su triunfo. La comparación con su poema dejaba a ese galán de instituto hundido en el pantano del ridículo.

   El timbre que anunciaba el fin de la clase resonó con estridencia y comenzó el ajetreo de cuadernos, libros y sillas. Daniel guardaba con calma sus útiles en la mochila, esperando ese toquecito en la espalda, esa voz que le dijera: «¡Madre mía! Eres un maravilloso escritor». Sin embargo, Mónica y las demás salieron al pasillo sin ni siquiera mirarlo. Se echó la mochila a la espalda, tal vez esperaran un momento más íntimo. Pero, al cruzar la puerta, las encontró rodeando al Cachas. Todas llevaban una sonrisa boba dibujada en su cara mientras alababan su poema y le decían que no sabían que fuera tan sensible.

   Daniel se sofocó. ¿Cómo podían ser tan estúpidas? ¿Cómo podían alabar su bobo poema? ¿No se daban cuenta de que solo era una cara bonita? No, no merecían el amor que él les podía ofrecer. Al llegar a casa rompería la lista. Jamás volvería a fijarse en niñatas como ellas.

   Mientras bajaba los escalones alguien le tocó en el hombro. Sintió como si un arcoíris se abriera paso entre las nubes. Se volvió. Pero solo era Marta, la chica nueva de clase. Le dijo que su poema le había parecido maravilloso, que se había emocionado, que demostraba mucha madurez en sus sentimientos. Daniel le correspondió con una expresión de agradecimiento y siguió bajando las escaleras. Maldiciendo que la única chica que hubiera apreciado su poema fuera gorda, fea y con la cara llena de granos.

FIN

     Y es que desengaño a desengaño es cuando aprendemos lo que es de verdad el amor. Afortunadamente, el tiempo es la mejor medicina para curar la adolescencia. Seguimos cumpliendo años y llega el momento en el que abandonamos la casa de nuestros padres, cuando comenzamos a tomar las riendas de nuestro destino. En el próximo capítulo llegamos a la juventud y Daniel se convertirá en El señor de su casa.

         Podéis leer una historia de la infancia de Daniel en ¡ESTO ES PARA PEQUEÑOS!

 


 ¡Saludos tinteros!

©Texto y dibujo. David Rubio Sánchez

Comentarios

  1. Al final resultó que Daniel quería que las chicas buscaran en él lo que él no buscaba en las chicas.
    Instructivo e interesante relato.
    Un abrazo.

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  2. Daniel buscaba un amor idealizado, una chica guapa y sensible que cayera rendida a sus pies gracias a sus palabras. En su lugar encontró la belleza vacía. Aunque... ¿A qué otra cosa puede aspirar el que no ve más allá de unos granos?

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  3. Pues eso, David. Como bien narras a través de tu relato, eso es la adolescencia. En la que además de granos, amores y hormonas, nos formamos y vamos madurando como personas. Creo que todas las etapas de la vida y todas las experiencias son necesarias. Seguro que Daniel, algún día recordará ese poema que leyó en clase y cuál fue el resultado que obtuvo.
    Un fuerte abrazo!!!

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  4. Y así funciona el mundo a base de simpleza e incomprensión. Lo que le sucede a Daniel me recuerda a lo que pasa con los discursos y mensajes políticos: los más inteligentes y complejos, los que de verdad pretenden buscar soluciones, no son entendidos por casi nadie, pero los mensajes simplones e incendiarios, los que echan la culpa a otros de lo que nos sucede a todos se llevan el gato al agua y las papeletas a las urnas. Hasta ahí, tres hurras por Daniel. Lástima que cuando le llega lo que tanto buscaba, no sabe apreciarlo. Como bien dices, aprenderá con los años. Su formación cultural se lo hará más fácil.
    Me encantan las historias de Daniel.
    Un beso.

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  5. ¡Ay, David! Daniel me hizo recordar la primera y única vez que una profesora me hizo pasar al frente de la clase a leer no un poema sino un relato, pero era uno muy poético que no sé si alguno de mis compañeros apreció. Es un momento en el que todas las inseguridades te asaltan, porque en esa época te importa mucho lo que piensen los demás de tí y tu sientes que quieres encajar en esa imagen que quieres que tengan de tí.
    Por otra parte, él tenía una misión muy difícil: conquistar a la chica de sus sueños. Menuda tarea teniendo en cuenta el contrincante que le tocó. El Cachas bien podría haber leído un poema que no fuera suyo. Tal vez podría haber sido copiado de una canción popular y que la profesora no se diera cuenta.
    Muy buen relato, David.
    Un abrazo

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  6. Ay, al final Daniel peca de la misma superficialidad de la que acusa a las chicas de su clase y sólo se fija en la belleza exterior. Pero ya crecerá y podrá apreciar las cualidades de Mara.
    Me ha gustado mucho, David.
    Un abrazo

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  7. La adolescencia nos encierra en un microcosmos muy personalizado donde a todo le damos una importancia exagerada y muy por encima a la que realmente tiene, y eso nos hace ver lo que no es y a esperar lo inalcanzable.
    Nos convertimos en seres algo superficiales y muy ególatras.
    Alguien dijo que la adolescencia es una enfermedad que se cura con los años.
    Un abrazo, compañero.

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  8. Hoal David,
    Eso pasa en la etapa adolescente, no se sabe evaluar aspectos como: valores, actitudes, que demuestran que la belleza está en el interior. Muy bonito relato, me gusto.
    Abrazo

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  9. Que bueno es leerte. Si casi vi las imágenes que fuiste poniendo en mi mente.Un cuento no -para el olvido-
    gracias por compartir

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  10. Yo desde luego no me fiaría de un tipo que veía películas de Bergman de adolescente ja, ja, ja. Así se empieza y luego vienen las drogas :-). Con el final, además, comprobamos que Daniel se hace una enmienda a la totalidad de su persona. Dura adolescencia y peculiar mundo el de los institutos. Creo que en la cárcel se respira un clima de mayor camaradería. De hecho, están llenos de políticos y banqueros ;-). Un abrazo David, muy buen relato.

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  11. Ya sabes como son esas cosas Miguel,... y la falta de coherencia en los humanos comienza a edades tempranas,... y para muestra un botón. Un abrazo David!

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  12. Vaya así que Daniel resultó de lo más incoherente, es aquello de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.
    La adolescencia es un momento de muchas inseguridades, de pruebas, de querer ser y de no ser, de querer ser mayor y ser aún un niño y todo eso lo has dibujado muy bien en el relato.
    Besos

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  13. ¡Qué bueno, David! Digamos que a Daniel el destino le dió un sutil bofetón con el revés de la mano y toda la elegancia del mundo y él ni siquiera se dio cuenta. Algo menos de pena me da el muchacho después de saber que es incapaz de verse reflejado en un espejo de tamaño natural.

    En fin, cosas de la inmadurez; ya aprenderá (espero).

    Una historia muy bien escrita, entretenida y con moraleja. No se puede pedir más :))

    ¡Un abrazo!

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  14. En la adolescencia los amores suelen ser más bien platónicos, o en el caso de tu relato superficiales. Conforme vamos realizando la transición pues vamos viendo que es mucho mejor el interior de las personas, la profundidad, tal vez porque estamos más seguros de nosotros mism@s. Abrazos!!

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  15. En realidad lo que le sucede a Daniel, tu personaje, cuando declama su trabajadísimo poema es lo que sucede en general con ese género: no todos saben apreciarlo. Yo cada vez estoy más entusiasmada con la poesía. En lo que va de año llevo como seis poemarios leídos.

    Estoy deseando seguir las historias de Daniel.

    Un abrazo.

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  16. Describiste con mucha agudeza la otra cara de un nerd: desprecia a los Cachas pero en el fondo los envidia, se cree discriminado, poco comprendido y él termina haciendo lo mismo con Marta. ¡Cómo su obra maestra puede ser apreciada por una gorda con granos!
    Me gustó mucho este segundo relato de la serie.
    Un gran abrazo, David.

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  17. Me ha gustado tu relato David. No solo en la adolescencia pasan estas cosas, me parece que pasada esta, ocurre lo mismo. Nos seguimos fijamos más en la "guapura" que en el interior. Un abrazo.

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  18. ¡Pues vaya plan! Daniel escribirá muy bien, pero está completamente atontado por las hormonas y la inmadurez. Y sabiendo como funcionan estas cosas, aún pasarán unos cuantos años (a veces demasiados) hasta que logre ver más allá del envoltorio. Ánimo para Daniel, ¡ya le queda menos de esa terrible adolescencia!
    Abrazos, David.

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  19. Justicia poética... Muy bien contado, David.

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  20. Ese Daniel tiene varios problemas típicos de su edad: es superficial (solo se fija en las lindas), es ególatra (se cree el único capaz de hacer el mejor poema), se arrastra por las mujeres (busca impresionarlas a ver si ellas le ponen algo de atención). Fue bueno que su plan no le resultara, así va aprendiendo a cambiar y mejorar su actitud. A crecer, en definitiva.
    Te dejo un abrazo, David.

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  21. ¡Qué bueno, David! Real y triste como la vida misma. Me atrevería a decir que la adolescencia es esa etapa extraordinaria donde la inmadurez y la superficialidad campan a sus anchas. Si en esta vida hay que aprender de los errores, los que cometemos en esa época dorada son para recordarlos y tomar debida nota de ellos. Daniel no soporta ser ignorado por las que siente un gran interés pero, a la vez, ignora a quien se ha mostrado atraída por él. ¡Qué injusto! Pero es lo que hay. La hormonas, revoltosas, son, a veces, muy injustas.
    Estupendo relato.
    Un abrazo.

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  22. Describiste muy bien esa época tan complicada que es la adolescencia, a través de los ojos de un niño que no encuentra su sitio y que exige, sin él mismo ser consciente, lo mismo que le exigen a él: ser guapo y tener buena presencia. Es así de duro.
    En cuanto a la pregunta que haces al principio, ¿volver otra vez al instituto? ¡Ni de coña!
    Besos.

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  23. ¡Hola! ¡Qué genial te ha quedado! Me has hecho quedar expectante a que alguien le preste atención a Daniel. Me había desilusionado un poquito ¡y justo una lo busca! La verdad, es que se merece que no le hayan dado bola, que lo que buscaba era el físico y no el amor. Y hasta me arriesgo a decir que lo que padece Daniel, en algunos casos, no se cura con los años.
    Me encantó.
    ¡Un abrazo!

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  24. Uy!! Me dio risa, y en seguida pena.
    Considero que OBJETIVO LOGRADO! jajaja por supuesto el texto es maravilloso, más aún por esa ironía final que me deja pensando en lo fuerte que culturalmente se arraigan estereotipos que se multiplican y refuerzan desde tantos lados que nos impiden mirar más allá.
    Gracias por esta entrada David!!

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  25. Cada etapa tiene sus maravillas que uno las vive como puede. Yo recuerdo todas las mías. Y siempre me adapté a los momentos . De casi todas las patinadas saqué un consejo, de las caidas un recuerdo, de los momentos felices me fui formando y de los amargos no los tomé porque no encontre azúcar para endulzarlos

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  26. ¡Hola!
    Ainnnns es que en la adolescencia, aunque vayamos de profundos, en el fondo las apariencias importan. Menos mal que luego crecemos.
    Muy feliz semana.

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  27. Me encanta que cada texto tuyo sea un canto a la esperanza y que te atrevas con ese período maldito que se llama adolescencia. La adolescencia que como realidad es una auténtica mierda pero que se convierte en una suerte de venganza en textos, películas y hasta en la poesía. Una venganza de la cultura sobre la realidad prosaica y musculada.
    Un abrazo grande, David.

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  28. ¡Hola David! Real como la vida misma... Me ha encantado eso de que "lo había visto en las series de la tele" .
    Pero por poco que empaticemos podemos sentir la indignación de Daniel (que tan bien has reflejado) por la admiración de las chicas ante unos bobos versos. Entenderlas es fácil si retrocedemos un montón de años. Por suerte, luego todo se ve en su justa dimensión.
    Espero la continuación ;-)
    Un abrazo

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  29. Tan cierto. Y en las mujeres también ocurre. Muchas veces nos sentimos mal porque los demás no nos aprecian por nuestro interior, cuando somos iguales y lo que sufrimos es a causa de elegir a gente tan superficial como nosotros.
    Me encantó el relato.
    Un abrazo.

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  30. Los que hemos sido feos alguna vez entendemos lo que siente el prota de tu cuento. En mi adolescencia fui la feucha de la clase, las piernas y los brazos me crecieron desproporcionados con el tronco, y por delante era más lisa que una tabla... eso al final fue bueno pues me refugié en las lecturas, en los dibujos y también en los poemillas, muy malos pero eran todo un desahogo, así que creo que has plasmado muy bien el sentimiento de Daniel. Aunque no comparto las premisas generales de guapo-cachas=bobo, feo=listo.

    Un abrazo David, hasta "El señor de su casa".

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  31. Es algo que suele pasar a esas edades, pero el tiempo todo lo cura. Daniel actuó como corresponde a su edad, y seguro que con la amiga que acaba de conocer consigue olvidar a la otra. Es una situación que aunque pasen los siglos siempre sucederá.
    Un abrazo David.
    Puri

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  32. Ay... me visto bajando esas escaleras y además solo. Gracias por este grato momento recordando aquel largo recorrido que fue, ir de la pubertad a la juventud.

    Nos leemos !!

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  33. Realmente me he visto en esa clase! De espectadora en la parte más profunda de la habitación. La adolescencia es la fase más difícil del ser humano por lo que precisamente comentas, es el momento en que empezamos a encontrarnos a nosotros mismos. Es muy triste cuando descubres que a lo que realmente le dan valor las personas que nos rodean sea a una fachada, es muy triste, pero siempre será así... El caso está en saber ver, encontrar a esas personas que destacan por su personalidad propia, como Marta, para mí ella ha sido la clave de tu relato.
    Un besote, amigo!

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  34. ¡Uy! Con el cariño que le tengo yo a Daniel desde el capítulo anterior. Ese desplante a Marta..., se lo perdono porque al fin y al cabo es un adolescente y apunta maneras: buen lector, buen escritor. Un día se le caerá la venda y tal vez sea él el que vaya tras Marta porque los años habrán pasado y ya no será gorda, o sí; lo que es seguro que no tendrá granos, será de las personas que se quieren a sí mismas y valoran a los otros mucho más de lo que ellos saben valorarse.

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