jueves, 21 de junio de 2018

LAS HAZAÑAS DEL CABALLERO DON RAMIRO DE GUZMÁN


  ¿Quién no tiene sueños? Algunos son modestos; otros, ambiciosos; y, los mejores, parecen castillos en el aire. La vida, las más de las veces, se encarga de alejarlos tanto de nosotros que llegamos a olvidarlos, pero en ocasiones también se muestra generosa y nos concede el enorme regalo de que se cumplan.

  Ramiro, el hijo de un humilde herrero, tenía un sueño.

  Os invito a descubrirlo.

LAS HAZAÑAS DEL CABALLERO DON RAMIRO DE GUZMÁN


   Con los ojos abiertos y la piel erizada: así escuchaba el pequeño Ramiro a los trovadores que, de cuando en cuando, acudían a su villa. Hablaban de paraísos rodeados por un océano de fuego, de batallas que emocionaban a los dioses, de guerreros cuyo valor envidiaban los propios ángeles... Tanto era su entusiasmo por aquellas gestas que aprendió el oficio de su padre, un humilde herrero, solo para poder conversar con los escuderos que, en ocasiones, traían a reparar las gastadas espadas de sus señores.
  
  Y fue así que, una noche, dijo a su madre:

  —¡Quiero partir a la guerra, ser un caballero y vivir aventuras!

  —Eso está muy bien, pero antes deberías pedirle permiso a tu padre.

  A la mañana siguiente, sin esperar a que el sol se alzara sobre el horizonte, fue al encuentro de su padre, que se encontraba encendiendo la forja de carbón. Tras escuchar la demanda de su hijo le contestó: 

  —Aún eres muy niño. Somos pobres y te necesitaré para que me ayudes en la herrería.

  —Pues crearé las mejores espadas de la comarca y os haré rico. Será entonces cuando parta. 

  Desde ese mismo día, se dedicó por entero a la forja y al metal. Era tal su empeño, que no solo atendía los encargos que recibía su padre, sino que con las sobras de hierro se fabricó su propia espada y armadura. En los años que siguieron, la destreza del joven Ramiro fue reconocida en todo el reino, y todo caballero o noble que se preciara peregrinaba hasta su herrería en busca de armas. Su fama llegó hasta el mismo rey que les nombró, a él y a su padre, «Herreros Reales».

  Con la fortuna que amasó, su familia adquirió unas tierras y construyeron en ellas un caserío. Una mañana, el apuesto Ramiro se dirigió a su padre y le recordó su promesa:

  —Padre, ya os hice rico. Es hora de que pueda partir con los caballeros.

  —Ojalá estuviera en mi mano, querido hijo. Pero ahora somos servidores del rey y es a él a quien debes pedirle tal permiso.

  Ramiro no esperó al día siguiente y, esa misma tarde, cabalgó hasta el castillo real. Cruzó al trote el patio de armas y solicitó audiencia con el rey quien, dado el aprecio que le tenía, se la concedió sin demora. 

  —¿Qué asunto os inquieta? ¿Acaso hay algún retraso con las armas que os encargué?

 —No es eso, majestad. Quiero pediros vuestra bendición para partir a la guerra y luchar, brazo con brazo, con vuestros valientes caballeros.

 —¡Mi buen Ramiro! Vuestra maestría con el metal y el acero es más útil al reino que vuestra partida. Lamento no poder otorgaros lo que me pedis.

 —Mi señor, ¡es mi sueño!, quiero vivir esas aventuras que se cuentan en los cantares, conocer esas tierras de las que hablan los guerreros.

  El rey se conmovió ante las palabras del joven y le propuso una solución.

  —Tal vez, si formarais a otros herreros en vuestro arte y buen hacer no sería necesario que permanecieseis a mi servicio y no vería razón para negaros vuestra partida.

  En poco menos de cinco años, el señor Ramiro de Guzmán fundó la Escuela de Herrería y Armas. Se dedicó con tal esmero a la enseñanza que llegó a ser imposible distinguir qué espadas había forjado el maestro y cuáles los aprendices. En ese tiempo, contrajo matrimonio con doña Jimena y formó familia, pero su anhelo de vivir aventuras nunca desapareció. 

  Un día, un mensajero de la corte le entregó una misiva real. Con premura, rompió el sello lacrado y una sonrisa le iluminó la cara.

  —¡Jimena, Jimena! —gritó por todo el palacete que el rey le concedió como regalo de boda—. Su Majestad me da permiso para marchar a Tierra Santa en la próxima campaña de primavera.

  La mujer, que se encontraba amamantando a Isabel, la más pequeña de sus tres hijos, lo miró con seriedad.

  —Esposo mío, en verdad que merecéis partir, pero estos niños necesitan de un padre. Os ruego que aplacéis vuestra marcha hasta que sean mayores. 

   Entendió la razón de las palabras de su esposa y esa misma tarde declinó ante el rey su invitación.

  En los años que siguieron, ejerció su papel de padre con amor y sabiduría hasta que sus hijos alcanzaron edad para marcharse de casa y formar sus propias familias. Fue entonces cuando, un día de invierno, entró en la armería de su palacete. Como pudo, se embutió en las grebas, brazales y guardabrazos que él mismo forjó. Sin embargo, no fue capaz de entrar en el peto. Su mujer lo observaba desde la puerta.

  —Mi amado esposo, ¿no es momento de olvidar esta locura y disfrutar de esta casa, de la riqueza conseguida? ¿No os basto yo, ni los nietos que pronto nos darán nuestros hijos? ¿No veis que ya no tenéis edad para aventuraros en esos peligros?

  Don Ramiro se observó en un espejo.

  —Es verdad, mi amada Jimena. Mañana mismo empezaré a ejercitarme, pues no sería decoroso presentarme con esta panza ante la partida de caballeros.

   Al llegar las calendas de mayo, y pese a su ya encanecido pelo, consiguió recuperar la esbeltez en su figura. Una mañana, mientras se encontraba sacando brillo a su armadura, una de las sirvientas le entregó la carta donde se le informaba de que podía reunirse con las tropas en cuatro días. También le avisó de la llegada del médico que había venido a tratar a su mujer de un enfriamiento.

 —Señor de Guzmán —le informó el galeno cuando se reunieron en el salón—, temo que su mujer tiene algo más que un enfriamiento. Padece tuberculosis.

  —¿Puede sanarla?

 —Puedo medicarla. Pero su sanación solo está en manos de Nuestro Señor. En todo caso, precisa de mucho descanso y cuidado.

 Tras despedir al médico, fue a los aposentos de su mujer con la misiva real aún en las manos. Desde la puerta la escuchó toser y emitir lamentos febriles.

  —Amor mío, ¿sois vos?

 —Sí, Jimena, solo vine para… —Durante unos segundos permaneció en silencio. Doblando y desdoblando la carta, hasta que finalmente la rompió—. Vine para preguntaros si os apetecería pasar el verano en la hacienda de nuestro hijo Rodrigo. El doctor dice que la brisa marina os hará bien.

  Los cuidados y atenciones que don Ramiro de Guzmán dedicó a su mujer consiguieron alargar los años de vida que pronosticó el médico, pero llegó el día en el que el corazón de doña Jimena no pudo encontrar fuerzas para seguir viviendo. 

  Al entierro acudieron sus hijos y nietos. Su hija, Isabel, lo agarró del brazo al terminar la ceremonia: 

  —Padre, Fernando y yo estaríamos honrados de que vinierais a vivir a nuestra casa. 

  —Este viejo todavía puede valerse solo, hija mía.

  De regreso a su palacete, se enfundó en su armadura y fue al encuentro de la única sirvienta que quedaba a su servicio. La encontró aventando la habitación de doña Jimena. La mujer, al verlo de tal guisa, no pudo evitar cierto sobresalto.

  —Don Ramiro, ¡qué gallardo está!

  —Cuide bien de la casa.

  —¿El señor se va?

  —Sí.

  —¿Y qué señas he de dar si alguien me pregunta?

  —Diga que partí a las cruzadas.

  Atardecía cuando cruzó la puerta del castillo. Allí se encontraba el despacho de reclutamiento y, dentro, un aburrido escribiente que repasaba un enorme libro de registro.

  —¿En qué puedo servirle?

  —Soy don Ramiro de Guzmán, y quisiera conocer dónde se reúnen los caballeros para la próxima partida a Tierra Santa.

 —¿Próxima partida? Mi señor, gracias a Dios la guerra ya terminó. Los ejércitos ya están regresando a casa.

  El anciano no se inmutó. Permaneció de pie, recto, con mirada compungida.

  —¿Se encuentra bien? —se interesó el escribiente.

  El señor de Guzmán salió de la estancia y montó su corcel.

  Regresó a casa cabizbajo y entró en su habitación sin ni siquiera dirigir la palabra a la sirvienta que salió a recibirlo. Al verlo sentarse en la mesa de su despacho, esta le preguntó qué deseaba para la cena.

  —Cualquier cosa, gracias —respondió don Ramiro.

  Sentado a la mesa, perdió la mirada en las vetas de la madera mientras asía la empuñadura de su espada. Y así permaneció durante un buen rato hasta que cogió una pluma y la mojó en el tintero. Acercó un pergamino y comenzó a escribir: «Las hazañas del caballero Don Ramiro de Guzmán»

  Leyó y releyó el título, suspiró y volvió a cargar de tinta su pluma:

 «Con los ojos abiertos y la piel erizada: así escuchaba el pequeño Ramiro a los trovadores que, de cuando en cuando, acudían a su villa. Hablaban de paraísos rodeados por un océano de fuego, de batallas que emocionaban a los dioses, de guerreros cuyo valor envidiaban los propios ángeles... Tanto era su entusiasmo por aquellas gestas que, una noche, se echó al hombro un pequeño zurrón y marchó de casa. 

 No tardó en encontrar un caballero que, visto su arrojo y gallardía, le nombró su escudero…».


©David Rubio Sánchez. Texto y dibujo.

61 comentarios:

  1. Con una pluma, un tintero y una chispa de imaginación se le puede enmendar la plana al destino que la vida nos ha deparado.
    Muy buen relato y con moraleja al gusto del lector.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Macondo. Pues sí, la literatura nos permite vivir mil y una vidas que el destino nos niega y como comentas la moraleja queda para cada cual. Un abrazo!

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  2. Esto de aplazar los sueños por los deberes, nos convierte a muchos en un pequeño Ramiro contemporáneo. Espero que la escritura y un buen puñado de imaginación, lo terminen por salvar de la frustración total.
    Excelente historia.
    Te dejo un abrazo, David.

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    1. Gracias, Julio David. Cuando escucho decir que somos dueños de nuestro destino, sonrío. Nunca lo somos. La vida no deja de ser la lucha entre lo que somos y lo que debemos ser y solo en pocas ocasiones confluyen ambos deseos. Un abrazo!!

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  3. Ains David,
    He leído tu relato con gran melancolía. La vida no es fácil para nadie, creo que para nadie: ni siquiera para ricos o poderosos. Tampoco es larga, por ello, es mejor realizar los sueños que cumplir con el deber, pero ¿Quién lo hace? La única clave para la autocomplacencia es ser feliz mientras vas aplazando tus sueños.
    En cierta forma, somos muchos los que, como Ramiro, cumplimos con nuestro trabajo, nuestras obligaciones, nuestra vida cotidiana y empleamos la escritura y la literatura para cumplir nuestros sueños. Aunque si volviéramos atrás, seguro que nos planteábamos la vida de manera distinta.
    Tu relato me ha dado mucho que pensar. Voy a imprimirlo para que lo lea Macarena.
    Un abrazo!!!!

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    1. Gracias, Macarena. ¡Qué honor y responsabilidad que lo lea tu hija! La idea del relato es lo que comentas. Ramiro hace en todo momento lo que debe hacer, y lo hace bien, aunque eso suponga renunciar a sus sueños. En la vida no hay opciones buenas o malas. Si hubiera decidido de buen principio abandonar a sus padres hubiera sido egoísta y, seguramente, la vida no hubiera sido como la tenía idealizada y habría añorado el no haberse quedado con sus padres. El relato no tiene más moraleja que mostrar que una cosa son los sueños y otra la realidad y quizá la opción sea vivir soñando. Un fuerte abrazo!!

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  4. Muy bueno David, un cuento realmente profundo que voy a leer a mi niña con mucho gusto. En lo personal, te diré y como mi moraleja de la historia, es que en mi vida decidí posponer algunos sueños y cuando llegó la hora de cumplirlos ya era demasiado tarde. Jamás me volverá a pasar. Ilusión o sueño que tenga, a cumplirlo de inmediato. Solo la salud de algún ser querido podría impedirlo. Un gran abrazo y felicidades de corazón por tu creatividad.

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    1. Me pasó igual. Muchos sueños que no pude cumplir por dedicarme a otros y a otras cosas de deberes ,trabajo y responsabilidadesresponsabilidades . En un año mas empezaré a vivir mas la vida y mis sueños!

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    2. Gracias, Miguel. ¡Caramba! Me está entrando miedo escénico al comprobar cuántos niños van a leer este relato. Esta historia trata de un tema que a posteriori veo que es recurrente en mis relatos: el conflicto entre lo que somos, lo que queremos ser y lo que debemos ser. En realidad, Ramiro no tenia una opción buena. La soñada tenía el encanto del camino no transitado; la real, la decisión responsable la que debía tomar. ¿Cómo hubiera sido más feliz? Posiblemente, cuando idealizas demasiado lo que no tienes nunca lo serás.
      Quizá este sea un relato sea mi respuesta a esa pregunta que tarde o temprano debemos responder:¿Por qué escribo?
      Un fuerte abrazo!

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  5. Qué cuento más bueno, tanto como Guzmán, que conmueve por su bondad. Cómo va postergando su sueño sin una queja por no dejar en la estacada a los demás. Ni siquiera se queja cuando llega tarde y se resigna convirtiéndose en cronista de sus sueños. Un cuento precioso. Un beso y enhorabuena

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    1. Gracias, Ana. Quizá este relato sea una de las respuestas a esa pregunta que tarde o temprano debemos responder: ¿por qué escribo? La desgracia del bueno de Ramiro es que de haber decidido obrar de acuerdo con su sueño, se hubiera lamentado por todo el daño causado a sus seres queridos.
      Sin duda, la vida es así de caprichosa y puñetera. Un fuerte abrazo!!

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  6. Gran relato, compañero, gran relato. Lo he leído con placer. Primero porque me ha encantado la ambientación. La época de las cruzadas da a este tipo de relatos el toque añadido para elevarlos a la categoría literaria que les corresponde. Ya sabes, el regusto de auténtico cuento de aventuras. Pero en este caso, como en el Quijote, yendo más allá. Porque cuantos nos hemos visto reflejados en tu caballero. Cuántas veces hemos pospuesto sueños por una vida, a priori más prosaica, pero que, al cabo, ha ido conformando nuestra personalidad. Y cuántas veces nos hemos refugiado en la lectura, en la escritura, en el cine, viviendo las aventuras de otros como las propias. De grandes soñadores nacieron las obras eternas de nuestro Arte.
    Sea como fuere, los sueños son el motor de nuestra vida. Y no siempre es necesario que se cumplan al pie de la letra para hacernos felices... Esto lo dice otro que hubiese preferido vivir muchas aventuras a escribirlas, ja ja. Al menos hubiese escrito sobre mis propias andanzas.
    Muy buen relato David, y siempre con tu toque genial y justo de ironía.
    Un fuerte abrazo

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    1. Gracias, Isidoro. La verdad es que me gusta ambientar este tipo de historias en ambientes medievales, quizá por la razón que apuntas. Ninguna de las dos alternativas creo que hubiera dado la felicidad a Ramiro, tener sueños es algo necesario; intentar cumplirlos, encomiable; vivir anhelándolos, el camino a la frustración.
      Me alegra lo que comentas respecto a cuantos de los que escribimos podríamos reflejarnos en Ramiro. Pienso que este relato es mi respuesta a esa pregunta clásica sobre por qué escribimos. Un fuerte abrazo!

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  7. Muchas veces demoramos hacer realidad nuestros sueños por diversas causas: o se interponen obstáculos o nunca es el momento propicio para llevarlos a cabo. Posponiendo una y otra vez nuestros anhelos, estos no acaban nunca de materializarse. El protagonista de tu cuento decidió atender antes las obligaciones familiares y a los requerimientos del Rey que a sus propios sueños.
    Eres un gran contador de cuentos. Has narrado esta historia con maestría. Me ha dado la impresión de estar leyendo a los cuentistas clásicos, jeje.
    He disfrutado mucho de la lectura y de la moraleja.
    Un abrazo, David.

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    1. Gracias, Josep. ¿Qué añadir a tu comentario? Somos nosotros y nuestras circunstancias, y cada opción o decisión que tomamos nos da, pero también nos quita. Nunca podremos saber qué hubiera venido como respuesta a esa pregunta tan puñetera: ¿Y si...?
      No existen sueños que sean perfectos cuando entran en el mundo real. Aunque son ideales para sentarnos a una mesa para escribir. Un fuerte abrazo!!

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  8. Muy buen relato David y me quedo con esa reflexión que hay detrás, eso de ir posponiendo los sueños y quedarse al final con que se hizo demasiado tarde.Me has hecho pensar en todo eso que se va dejando pasar, esperando el momento más oportuno y a veces no llega porque quizás su momento fue otro.
    Me ha gustado este cuento de caballeros y sueños.
    Besos

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    1. Gracias, Conxita. Tampoco sabemos qué hubiera pasado de haberlos logrado. Es un relato que intenta no tomar partido, porque sinceramente no creo que exista una respuesta acertada. Para los que escribimos, la literatura suele ser la opción más adecuada. Un abrazo!!

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  9. Don Ramiro se tragó las frustraciones reiteradas que lo impulsaban a posponer su gran sueño y cumplir con las responsabilidades. Por suerte para él (y para nosotros los lectores) apela a la creatividad y decide volcar por escrito sus ansias de aventuras en las que hubiera querido participar.
    Muy muy bueno el relato, David, lo disfruté un montonazo, como decimos por aquí. Y que cada uno saque sus conclusiones: concretar el propio sueño o comprometerse con las obligaciones que la vida le presenta en cada etapa.
    Un gran abrazote.

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    1. Gracias, Mirella. Esa es la cuestión, es el eterno debate entre lo que queremos ser y lo que somos; entre lo que debemos hacer y lo que desearíamos hacer. Y pienso que no existe ninguna respuesta que puede ser mala o buena. Es posible que si hubiera optado por su sueño, el relato le hubiera arrastrado a un sentimiento de culpa. La vida es así: decisiones y consecuencias. Un fuerte abrazo!!

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  10. Precioso y entretenido relato David. Eso mismo digo yo, quien no tiene sueños? A ver si se nos hacen realidad por lo menos parte de ellos .Un abrazo y feliz fin de semana

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    1. Gracias, Vicenta. Creo que el encanto de los sueños es precisamente lo que los hace inalcanzables, lo que los idealiza. En aquellos raros casos en los que se cumplen, la realidad impone consecuencias menos agradables. Un abrazo!!

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  11. Una muy linda historia, disfruto mucho de tus relatos, tan gallardía llevan que hasta los caballeros sueñan y por qué no, además cumplen sus sueños. Y como gran soñadora que soy, quede presente este dicho; nunca jamás dejes de soñar, porque algún sueño tarde o temprano se cumplirá. Mi abrazo y felicitaciones por este escrito. Feliz fin de semana!!

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    1. Gracias, Rosana. Soñar es como gasolina para seguir adelante y cuanto más inalcanzables sean más energía nos dan en el día a día. Un fuerte abrazo!!

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  12. Quién no aplazó sueños,... y después fue demasiado tarde. Las circunstancias, la pereza, los miedos,... imagino que podemos enumerar tantas como sueños truncados. Me ha encantado David, ya vez que las aventuras de caballerías son plenamente vigentes!
    Feliz San Juan!

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    1. Gracias, Norte. Me gusta ambientar este tipo de historias en esa época, tiene ese encanto mágico que permite que todo sea posible. Como dices, todos aplazamos sueños, pero también tomamos decisiones y nunca podemos saber cuál es la correcta. Un abrazo!!

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  13. WOW! CUANTA REALIDAD EN ESTE HERMOSO RELATO. LA VIDA? UN CÚMULO DE VICENCIAS QUE VAS LLEVANDO POCO A POCO CUMPLIENDO CON LOS DEMÁS, MIENTRAS CREES QUE ESTÁS CUMPLIENDO CONTIGO. LO TUYO HAZLO, EN EL MOMENTO QUE DEBAS HACERLO ... EL TIEMPO ES INEXORABLE. NO PERDONA. .. HAY QUE LLEVAR A CABO NUESTROS SUEÑOS. Felicidades. Acabo de leer a mi nieto este relato,(8 años) y dice Los sueños se deben llevar a cabo en el momento que debe ser... Abrazos a todos desde Cartagena, Colombia.

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    1. Gracias, Lor. Jo, ¡qué responsabilidad que este relato haya sido leído por tantos niños! No sé si existe una respuesta correcta a esa tesitura entre hacer lo que deseas o hacer lo que debes hacer. La generosidad y solidaridad son tesoros hermosos, pero en ocasiones se oponen a la necesidad de autorrealizarse y llevar adelante tu proyecto personal. ¿Qué es lo correcto? No lo sé. Quizá, la literatura nos ofrece un camino intermedio. Un fuerte abrazo!!

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  14. Ni te imaginas como he disfrutado de tu cuento David, sencillo y gráfico, y son dos premisas que no son fáciles de alcanzar, tiene además una clara moraleja, que vivamos mientras podamos y antes de que sea demasiado tarde nuestros sueños.
    En el fondo todos los que escribimos somos Ramiros potecialmente, inventando historias que no pudimos vivir.
    Me gustó mucho la parte de los trovadores contando/cantando las hazañas de los héroes. Ahora tenemos cuentacuentos para los niños, pero no es lo mismo claro.
    Me ha encantado David, gracias por este cuento tan tan bonito.

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    1. Gracias, Isabel. No sé si tiene una moraleja. Si Ramiro se hubiera marchado, habría abandonado a sus padres, esposa, hijos y obligaciones; al quedarse, renunció a su sueño... Es complicado afirmar qué es lo correcto.
      Me encanta eso de ser Ramiros potenciales, creo que este relato es mi respuesta a esa pregunta que tarde o temprano debemos responder quienes aspiramos a escribir: ¿Por qué escribo? Un fuerte abrazo!!

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  15. Parece ser que lo que perdieron las Cruzadas lo ganó la literatura y lo que Ramiro perdió en la realidad lo ganó con la imaginación.
    Creo que el secreto de la felicidad está en cumplir todos los sueños que se pueda y no amargarse por los que no se puedan realizar.
    Me ha gustado mucho tu relato.
    Un beso.

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    1. Gracias, Rosa. Me parece que eso que comentas es la piedra filosofal de la felicidad. Ningún sueño nos puede garantizar que, en el caso que de ser cumplido, nos la dé. Quizá, solo es hermoso porque es irrealizable, porque se mueve en el terreno ideal. Pero la vida suele ser un pack de cosas buenas y malas. No existe ese final feliz eterno como en las películas. Después de ese The End en el que los protagonistas alcanzan su objetivo viene el día a día y eso trae otros problemas. Un fuerte abrazo!!

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  16. El que espera, desespera no hay verdad mas verdadera. Y aquella otra cita de John Lennon que decía: la vida es lo que ocurre mientras estamos ocupados haciendo planes.
    En fin como la vida es lo que es y nunca responde a lo esperado mejor ampliarla, ponerle un fondo hermoso gracias a las maravillosos productos de nuestra imaginación y que haya un narrador como tú para demostrarlo.
    Gracias, un abrazo.

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    1. Gracias, doctor. Creo que esa es la clave vivir en paz y con un nivel aceptable de paz interior que es a lo máximo que podemos aspirar. A veces idealizamos la felicidad, para mí es algo muy efímero e inalcanzable, un concepto demasiado vago como para pensar que nos acompañará durante toda la vida. Es como la salud, cuanto más la idealizas, más la alejas de ti mismo. Es aprender a vivir con esos pequeños o grandes achaques que inevitablemente nos asaltan cada día. La vida, ni más ni menos. Un fuerte abrazo!!

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  17. Precioso cuento David, de lectura agradable y entretenida. Este hombre cumplió los deseos de los otros y fue dejando de lado el suyo, y al final cuando lo pudo realizar ya era tarde.
    La moraleja es fácil de obtener, el caso es que pueda aplicar
    Un abrazo David.
    Puri

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    1. Gracias, Puri. La verdad es que no estoy muy seguro que la moraleja sea tan evidente. Si hubiera optado por marchar, el relato habría girado hacia el sentimiento de culpa o el sentimiento de repulsa o abandono que hubiera generado un acto egoísta. No hay soluciones ni respuestas correctas. La vida es como aquella manta corta que no da para taparnos entero y tenemos que elegir entre taparnos los pies o la cabeza. Un abrazo!!

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  18. ¡Hola!
    Qué maravilla de cuento. Nunca hay que posponer los sueños qué pena que siempre nos demos cuenta tarde.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Gemma. O al menos no idealizarlos tanto como que nos impida disfrutar de lo que realmente vivimos. Un abrazo!!

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  19. Los sueños deben ser cumplidos en la medida que sea posible, porque si ponemos por meta grandes sueños, grandes ilusiones, puede que nos pase como el protagonista de tú cuento que llegue tarde para cumplir su sueño, de modo que hay que tener sueños e ilusiones, porque creo no equivocarme, una cosa estarás de acuerdo conmigo que una lleva a la otra, porque para tener sueños hay que tener ilusión por cumplirlos. De modo que si tengamos sueños, tengamos ilusión pero sin agobiarnos, poquet a poquet como se dice por aquí, o sea despacio y con buena letra.
    Me ha encantado tú cuento, y si tuviera un hijo o un nieto desde luego se lo leería es precioso.
    Un abrazo y me encanta tú imaginación.

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    1. Gracias, Teresa. Vivir con ilusión es muy deseable, vivir idealizando los sueños... una fuente segura de frustración. Nunca podremos asegurar que en el caso de que un sueño se cumpla la felicidad se aposente en nuestra vida. Quizá, después de ese sueño venga otro; o, incluso, nos venga una pesadilla que nunca sospechamos que venía adherida a ese sueño. Un fuerte abrazo!!

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  20. Hola, David: Tu relato nos hace reflexionar sobre los sueños. El anciano caballero y su sueño no cumplido. Creo que todos debemos perseguir aquello que anhelamos por muy descabalado que sea. Me quedé con ganas de seguir leyendo...

    Feliz verano, espero que descanses y regreses renovado de historias inventadas. Un abrazo literario.

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    1. Gracias, Lola. He querido que este fuera el último relato publicado, al menos hasta dentro de unos meses. Al escribirlo, pensé en que quizá esta fuera mi respuesta a la pregunta de ¿por qué escribo? El relato termina con puntos suspensivos, así que nada impide que cualquiera de vosotros continúe las hazañas de don Ramiro. Un fuerte abrazo, querida Lola!

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  21. Cuando la realidad se impone con toda su crudeza, la imaginación es la mejor arma para combatirla y crear un mundo, escrito o solo ideado, donde uno puede sentirse realizado y alcanzar los sueños que la vida, la de verdad, nos niega.
    Bonito cuento, lleno de moraleja y con doble lectura.
    Gracias por tan linda historia.
    Un beso, David.

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    1. Gracias, Paloma. La verdad es que no sé si tiene moraleja. Si acaso la de no dejar que tus sueños te amarguen la vida, je, je, je... Por eso que comentas es por lo que considero que este relato es mi respuesta a la pregunta de por qué escribo. Un abrazo!!

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  22. Dejas muchos mensajes en este precioso y nostálgico cuento, David.
    Me ha dado pena, pobre hombre; siempre anteponiéndose a los demás, y él luchando por conseguir sus sueños labrando el de otros. Lo bueno del final es que si no puedes vivirlo, puedes representarlo y dejar constancia de ello con la escritura.
    ¿Qué le impedía ir tras su sueño? El amor a sus allegados y eso le honra, pero también le priva. Me ha enternecido y lo he disfrutado muchísimo.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Irene. Diseccionas con precisión el conflicto que se le presenta al personaje, y lo peor es que no existe una respuesta correcta, sea cual sea su decisión le hará idealizar la que no tomó. Como he comentado antes, no dejemos que los sueños nos amarguen la vida. Y mientras llegan, si lo hacen, siempre podemos refugiarnos en la literatura. Un fuerte abrazo!!

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  23. Maravilloso relato, como siempre David. Por desgracia, es bastante habitual tener que aparcar los sueños por quehaceres o compromisos cotidianos con la idea de que más adelante habrá tiempo. Pero, a veces, no es así.
    Besicos.

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    1. Gracias, Mary. Pues sí, creo que tener sueños es muy bueno, al menos como faro, como punto lejano al que dirigir nuestros pasos, pero mientras llegan, o no, lo mejor es impedir que nos amarguen la vida. Un abrazo!!

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  24. Ay David, qué bonito y cuánta moraleja contiene. Me ha recordado a algún cuento de Jorge Bucay. Los sueños están para cumplirlos, pero también hay que valorar lo que Ramiro ha obtenido a cambio. Una mujer adorable y unos hijos que lo adoran. Quizás de haberse marchado no hubiera vuelto nunca y se hubiera perdido todo eso. A final en la vida todo son decisiones y prioridades, y hay que ver la parte positiva. ¿Has visto La la land? Precisamente habla de escoger entre el amor de tu vida y tus sueños, a veces son incompatibles.
    Tu relato da para un gran análisis!!
    Me ha encantado!!
    Besitos

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    1. Gracias, María. Esa es la cuestión, la vida son decisiones entre opciones que no tienen por qué ser mejores o peores. Si Ramiro hubiera abandonado sus obligaciones, hubiera actuado con egoísmo, por mucho que hubiera actuado conforme a sus sueños. No hay finales felices en la vida, o al menos eternamente felices. Ningún sueño nos garantiza la felicidad para el caso de que se cumpla. Creo que este relato no tiene moraleja, simplemente muestra el conflicto entre el individualismo y la generosidad. En caso de conflicto ¿cuál es la mejor opción? No creo que nadie tenga la respuesta.
      Un abrazo!!

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  25. Un cuento precioso, David. Sueños, caballeros y una moraleja muy acertada.

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  26. ¿Quién no se ha sentido identificado con el protagonista?
    Es cierto que a veces, por mucho que intentes cumplir con esa máxima utópica de "luchar por tus sueños", la vida te empuja, te lleva, te trae y te obliga a veces a caminar por derroteros totalmente opuestos a los deseados.
    Por tanto, creo que para escapar de la frustración de no ver hechos realidad tus sueños, uno tiene que inventar y reinventarse. Esto es, buscar nuevas ilusiones, puede que fantasías, que nos acerquen al menos un poquito a lo que queremos para nosotros mismos. Ayer justo leí una frase de Ana María Matute que creo que va muy en relación a la idea del relato: “El mundo hay que fabricárselo uno mismo, hay que crear peldaños que te suban, que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida porque acaba siendo verdad”.
    Un abrazo.

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    1. Preciosa cita, Sofía. Antes he comentado que no debemos dejar que los sueños nos amarguen la vida. A veces son una excusa para flagelarnos, para justificar nuestra infelicidad. En estas situaciones, esos sueños siempre se presentan de manera vaga y pueril. Como apuntas, el relato muestra, sin tomar partido, que en la vida tenemos que elegir entre lo que queremos y lo que debemos. No existe la opción correcta, cada una nos traerá cosas buenas, pero también malas.
      Mientras tanto, la literatura es un excelente paliativo. Un fuerte abrazo!!

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  27. Puestos a sacarle moralejas a este cuento se me ocurren varias: nunca pospongas tus sueños porque puede llegar el día en que sea imposible cumplirlos; nunca es tarde para cumplir los sueños; si no has podido vivir algo, escríbelo, al menos podrás soñarlo... claro que también podríamos hablar de la entrega a los demás y de la renuncia a uno mismo por el deber, o lo que entendemos como tal; o podríamos pensar que la felicidad está en las pequeñas cosas del día a día y no en esas grandes gestas en las cuales todos nos imaginamos inmersos alguna vez... en fin que tu relato es tan rico en matices que dependiendo del gusto del lector puede dar para muchas interpretaciones.
    Luego está ese ambiente medieval que has sabido darle y esos diálogos tan buenos que lo acompañan. Un relato con cierto aire de fábula, ameno y fácil de leer. Un abrazo, David!

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    1. Gracias, Jorge. Me gusta ambientar este tipo de historias en contextos medievales, quizá reminiscencia de los cuentos de toda la vida. Desde luego, tu comentario casi sería el epílogo perfecto de este relato, todo lo que comentas son las preguntas que deja abiertas esta historia en la que no existen opciones buenas ni malas, todo sueño tiene un precio y debemos saberlo antes de amargarnos la vida por no verlo cumplido. Un fuerte abrazo!!

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  28. Ahhh aquí estoy batiendo palmas, adoré su relato, que bello e inspirador, gracias, me has alegrado el día¡¡

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    1. Gracias, Maricel. Que un relato signifique un paréntesis que transforme nuestro estado de ánimo es el mejor elogio que puede recibir. Un abrazo!!

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  29. A Ramiro, las obligaciones hacia los demás echaron por tierra su sueño de ser caballero, teniendo que resguardarse en la escritura. Eso me hace pensar. Quizás nosotros, escritores aficionados, también estamos dejando plasmado aquello que por obligaciones o pura cobardía no hacemos.
    Un saludo, David.

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    1. Gracias, Bruno. Quizá este relato sea mi respuesta a la pregunta de ¿Por qué escribo? Y, quizá, sea una respuesta compartida por muchos. Un fuerte abrazo!!

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