sábado, 9 de junio de 2018

LA CUESTIÓN DEL FINAL



   Un inicio impactante, un desarrollo que atrape y un final que asombre. Estas son las variables que nos darán una historia que merezca ser leída. ¿No os convence? Vale, vamos a plantear la ecuación con sus antónimos: un inicio anodino, un desarrollo aburrido y un final predecible. ¿A que ahora estamos más de acuerdo? 

   Pero, evidentemente, encontrar el contenido que cumpla con esas tres variables es poco menos que la piedra filosofal para un escritor, o aprendiz de escritor. Y eso no lo vamos a encontrar en ningún libro o artículo de narrativa. Esto no quiere decir que no piense que no sean útiles. Lo son, al menos para afinarnos el instinto y saber reconocer cuándo hemos dado con una buena idea que, a su vez, nos pueda dar una buena historia. 

   En este artículo, os propongo que dediquemos unos minutos a pensar en el final. Lo que comento en él son meras, y muy personales, reflexiones que solo pretenden un debate abierto acerca de cómo terminar una historia.

LA CUESTIÓN DEL FINAL 

V - No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas. (Horacio Quiroga, Decálogo del perfecto cuentista)

   Siempre he pensado que la decisión del final es, narrativamente, una cuestión más profunda que un simple “a ver si me sale un final guapo”. Para que ese final funcione, antes tendremos que tomar varias decisiones acerca del narrador, del tono, de la voz del relato o el tiempo narrativo para que ese final sea consecuente con el desarrollo del relato.

   Por ejemplo, fijaos en esta historia:

"Los padres del niño estaban preocupados porque se acercaba el cumpleaños de su hijo  y este les había pedido una gran fiesta de cumpleaños. El problema era que ambos se habían quedado en paro. No tenían dinero para ese gasto, pero tampoco querían que su hijo constatara la nueva situación económica. Así que deciden ahorrar de aquí y de allá, renuncian a gastos básicos, pero aun y así no consiguen el dinero suficiente para pagar el cumpleaños. Buscan opciones más baratas y encuentran un payaso que por apenas veinte euros ofrece sus servicios de animador. Respiran aliviados y, al fin,  consiguen organizar un cumpleaños digno. En la fiesta, los niños lo pasan estupendamente hasta que el payaso saca una sierra eléctrica y no deja títere con cabeza."
  ¿Qué falla en ese final? Es un final totalmente desconectado del resto de la historia. Si en el desarrollo de la misma aparecen temas como el deseo y esfuerzo de los padres para contentar a su hijo, o el mantener la apariencia de una situación económica perdida, el final debe responder a eso. Bien para reforzar que con amor o esfuerzo todo se soluciona, o la importancia de la sinceridad para que el pequeño entienda que no puede disponer de esa fiesta, etc... Pero, ¿un payaso asesino? Es lo que los expertos llaman un folie adieu. No responde al problema planteado, ni el tono utilizado para contar la historia encaja para llegar a ese final.

  Si hubiéramos pensado primero en ese final, seguramente el relato debería haberse planteado de manera distinta. Se me ocurre algo así como que el padre fuera un rico tacaño al que su familia le importa menos que su dinero y no duda en contratar gratis a un exconvicto. Aquí, ese final, podría encajar mejor como el castigo a su racanería.

¿Otro más?

"Quiero a esa mujer y voy a hacer todo lo posible para que sea mi esposa". Así empieza, en primera persona, una historia de 300 páginas en las que asistimos a sus esfuerzos por conquistar a esa mujer, la demostración sincera de su amor, los obstáculos que debe vencer hasta que al fin ella se enamora de él y fijan la boda. Entonces, delante del cura, leemos la última frase del libro: "Tal vez me he precipitado, después de todo soy extraterrestre y vete a saber qué clase de monstruo podría concebir. Mejor la dejo."
  Si es uno de esos finales sorpresa, que a mí me encantan, debemos ser honestos con el lector. No vale hacer trampas. Si la sorpresa se trata de que al final descubramos una cualidad oculta del protagonista, no puede estar narrado en primera persona y que el prota nos oculte, durante 300 páginas y hasta en sus pensamientos, que es extraterrestre. Por otro lado, aunque la mezcla de géneros es algo muy interesante no puede ser que rompamos el pacto con el lector de que la novela promete una historia y luego resulta otra. Si es un romance, no puede derivar en ciencia ficción o terror al final.

  Estos dos ejemplos son exagerados, pero ojalá hayan servido para ilustrar lo que os comenté acerca de que el final, sea natural o sorpresivo, debe conectar con el resto de la historia.

Un final glorioso en El planeta de los simios


¿Comenzamos a escribir por el final?


   Aconsejaba Poe, en su mítica Filosofía de la composición, que antes de comenzar a escribir deberíamos tener muy claro qué efecto final pretendíamos conseguir. 
"Si algo hay evidente es que un plan cualquiera que sea digno de este nombre ha de haber sido trazado con vistas al desenlace antes que la pluma ataque el papel. Sólo si se tiene continuamente presente la idea del desenlace podemos conferir a un plan su indispensable apariencia de lógica y de causalidad, procurando que todas las incidencias y en especial el tono general tienda a desarrollar la intención establecida." (Poe, Filosofía de la composición)

  En mi caso, creo que este es el único consejo que suelo seguir a pies juntillas. Nunca comienzo una historia que no sepa cómo va a terminar, aunque eso conlleve una baja producción literaria y vaya en contra del llamado hábito de escritura. Seguro que a muchos les puede ir bien el ponerse a escribir 500 palabras al día sobre lo que sea, pero en mi caso nunca sale nada si no sé el destino de la historia que voy a escribir.


   ¿Habéis escuchado el llamado BLOQUEO DEL ESCRITOR? Esa sensación de vacío de ideas, de no saber por dónde tirar un relato ya comenzado. Os aseguro que eso no nos va a pasar si antes de ponernos a escribir hemos ideado un final. Es como cuando nos montamos en el coche. Conociendo la dirección, con GPS o sin él, siempre llegaremos al destino correcto. Pero si al entrar en la carretera nos damos cuenta de que nos dejamos el papel con la dirección en casa, daremos vueltas y vueltas. Al principio puede que hasta sea divertido, como lanzarnos a una aventura improvisada, pero al poco tiempo nos aburriremos de dar vueltas sin ton ni son. O peor, al final detendremos el coche en el lugar equivocado, como podría ser terminar con que todo lo contado fuera un sueño o una pesadilla, un glorioso deus ex machina en el que la solución al conflicto apareciera sacada de una chisteraun folie adieu, u otro de los malos finales que recogen Howard Mittelmark y Sandra Newman en su fantástico Cómo no escribir una novela.

   Es verdad que las ganas de ponernos a escribir o de cumplir con el hábito de escritura nos puede dar la tentación de comenzar una historia sin tener claro hacia dónde, creemos que se nos ocurrirá algo sobre la marcha. Es una opción y, de hecho, autores como Stephen King consideran que los relatos tienen algo así como una existencia propia y que la labor del escritor se reduce simplemente a descubrirla, a escuchar a los personajes para que ellos mismos definan su destino. En La cocina Literaria, un libro en el que sesenta y tres novelistas cuentan cómo escriben sus obras, el escritor J. A. González Sainz afirma lo siguiente:

“¡Ah, sí, el final, los finales! El final lo dictan ellas, las palabras, ella, la práctica de la atención. Y hay que ir a ellas a preguntárselo en cada caso concreto desde tu precariedad, a sonsacárselo, a implorárselo a veces porque ya no podemos más. Porque es cada narración la que encierra su propio final y no otro”

   Pese a todo, pienso que para los que empezamos a escribir esto no es bueno. Podemos ser escritores de brújula (dejándonos llevar por la historia) o de mapa (planificando previamente cada escena), pero creo que conocer el final antes de escribir nuestro relato es algo que nos ayudará, nos permitirá jugar con los tiempos, con el suspense y nos evitará esta situación por la que todos hemos pasado:

    ¡Voy a escribir mis 500 palabras de hoy! A ver, a ver... ya está. Jo, que inicio tan chulo, Pepe y Pepi se han enamorado a primera vista, pero tienen pareja. Mañana sigo. ¿Dónde lo dejé? ¡Ah, sí! Humm... ¡ya sé! Voy a contar la vida de cada uno, Pepe se crió en un correccional y Pepi en un convento. ¡Esto marcha! 
    Pasan los días. La historia de amor inicial, ha derivado en un drama sobre la niñez perdida. Cuando ya hemos repasado toda su vida, volvemos sobre la relación amorosa. Pero ya no nos parece tan chula, ¿incluyo un poquito de humor? ¿Alguna escena de sexo? Empezamos a no ver claro hacia dónde vamos, ¿qué pretendíamos al principio? La historia comienza a aburrirnos. Entonces nos asalta una idea nueva sobre unos conejos psicópatas salidos de un experimento de los nazis. ¡Jo! ¡Esto si que es la leche! ¡Voy a escribir sobre esto! Y esa historia de amor se queda olvidada en una carpeta de Windows para la eternidad.
   Y acostumbrarnos a dejar un relato inacabado es lo peor que nos puede pasar. Y algo que no sucederá si sabemos el efecto final de nuestra historia.

    Antes de continuar, y por si no os he convencido, os recomiendo que veáis este vídeo, son seis minutos, del profesor Enrique Páez, del que seguro conocéis por su extraordinario MANUAL DE TÉCNICAS NARRATIVAS.



  Fantástica lección en seis minutos, ¿verdad? Vale, David, y si no se nos ocurre nada ¿qué? Bueno, a veces se pueden forzar las cosas. Suelo llevar una libreta con los finales de los relatos o novelas que leo. Una labor de taxidermista, lo reconozco. Pero resulta bastante útil como colección de efectos y me sirve de fuente de inspiración forzada, al menos para partir de algo.

  Pues bien, de ese entretenimiento nació esta particular clasificación, por supuesto nada académica, y que os invito a completar con vuestra experiencia lectora.

CLASIFICACIÓN DE FINALES

  No descubro Roma si digo que existen tantos finales como novelas, relatos, series o películas, pero quizá podríamos elaborar una lista genérica con las distintas posibilidades de cierre de una historia. La que os propongo la he confeccionado a través de lo que he leído, así que, insisto, no la consideréis como algo académico, sino como una invitación a que cada uno de vosotros se cree una lista parecida.

  • POR RESULTADO EMOCIONAL, aquí distinguimos el final según la emoción que nos deja al cerrar el libro. Según el resultado tenemos:
    • EMOCIÓN POSITIVA:
      • FINAL FELIZ, los problemas se han resuelto y los protagonistas han conseguido sus objetivos y cumplido sus deseos.
      • FINAL ESPERANZADOR, la resolución no es completa pero el autor deja suficientes indicios para pensar que el futuro será propicio para los protagonistas.
    • EMOCIÓN NEGATIVA:
      • TRISTE, el protagonista no ha conseguido superar sus problemas. Ha sido derrotado.
      • TRÁGICO, no solo no ha resuelto el conflicto, sino que además termina peor que al empezar la historia.
    • EMOCIÓN AGRIDULCE:
      • El protagonista consigue objetivos, pero a costa de un gran precio personal.
      • El protagonista no consigue sus objetivos, pero su esfuerzo ha mejorado la situación de quienes le rodean.
  • POR EL GRADO DE RESOLUCIÓN, aquí distinguimos el final según el grado de resolución de la trama. Nos encontramos con el:
    • FINAL CERRADO, aquel que resuelve todas las tramas, preguntas y conflictos. Según el grado de cierre:
      • DEFINITIVO: la historia no deja ningún cabo suelto. Todas las tramas se han cerrado y el futuro del protagonista queda totalmente determinado.
      • FLOTANTE: La historia nos deja los suficientes indicios finales como para que el lector deduzca lo que suceder. Incluiría aquí los finales a los que llamo "LA PUERTA ABRIÉNDOSE", que son aquellos que terminan justo antes de la escena final. Esta clase de final se da sobre todo en los de terror para ahorrarnos la escena gore.
    • FINAL ABIERTO, la historia termina dejándonos con más preguntas que respuestas.
      • FALSO FINAL ABIERTO: Es el típico de las sagas. La historia resuelve algunas tramas secundarias, pero la mayor queda inconclusa a la espera de que el lector vaya a por la siguiente novela de la serie.
      • CLIFFHANGER: Es el continuará de toda la vida. La trama no es que se resuelva, es que se queda en todo lo alto, con el protagonista al borde del precipicio. Típico de folletines, novelas por entregas donde este final actúa como gancho para comprar la siguiente entrega.
      • AMBIGUO: La historia termina con el protagonista enfrentado a dos opciones. El lector decidirá cual de ellas va a elegir.
  • POR SU APARICIÓN EN EL RELATO, como sabemos, la historia del relato siempre es cronológica, pero eso no quiere decir que la contemos de esa manera y somos libres de colocar el final de la historia dónde queramos:
      • LINEAL: Es el final que se coloca al final. El clásico de toda la vida. Aquel que aparece después de haber conocido a los personajes y de haberles acompañado en su aventura, en sus conflictos...
      • INVERSO: El que aparece al principio de la trama. Así, la lectura consiste en descubrir cómo se ha llegado a ese final.
      • CIRCULAR: El final cierra un círculo, regresando al punto de partida una vez se ha desarrollado la historia. Eso sí, solo de manera formal. Los hechos narrados en el relato darán una nueva dimensión al inicio.
  • POR SU LÓGICA. Aquí me refiero al nivel de predicción de un final, mide el efecto sorpresa en el lector.
      • NATURAL O LÓGICO: El final es la consecuencia previsible de lo que se nos ha contado. Ojo, eso no quiere decir que sea predecible. ¡Eso jamás! Me refiero a esas historias que nos plantean preguntas como: ¿Conseguirá escapar de la cárcel? ¿Conseguirán casarse? ¿Quién es el culpable?
      • INESPERADO: Es aquel que ofrece un cierre de la historia que, siendo probable, al lector ni se le había pasado por la cabeza tal posibilidad. Por poner un ejemplo que seguro todos conocemos, el final de la película Seven
      • SORPRESIVO: Aunque luego hablaré de este final, podríamos definirlo como aquel en el que cerca del final se produce un giro en el argumento de tal magnitud que cambia la percepción que el lector tenía hasta ese momento sobre la historia. El ejemplo ya típico: Al final descubrimos que el protagonista es un fantasma.
   ¿Nos puede servir esta clasificación para algo más que pasar el rato? Bueno, utilizando estas categorías confeccioné esta tabla que suelo utilizar cuando tengo una imagen o situación inicial, pero el desarrollo no se me presenta demasiado claro. Lo comparto por si le sirve a alguien más:



  Escribo la imagen o situación inicial y trazo entonces una línea que cruce sobre uno solo de los apartados de cada columna y comienzo a darle vueltas.

  Y eso es lo que voy a hacer ahora mismo, aprovechando que hay un adorable niño en la calle chutando una pelota contra la pared, con el delicioso y rítmico ruido que eso provoca...

 Creando una historia a partir de la tabla de finales


  ¡No os esperéis nada del otro mundo! La escribo sobre la marcha solo para mostraros cómo lo hago yo. Así que cojo la tabla y trazo la línea para definir cómo será ese final a una historia que comienza con un niño jugando con una pelota en la calle.



   Vale, ¡ya está! El final de esa historia cumplirá estas características: TRISTE, CERRADO, LINEAL y SORPRESIVO. Ahora toca pensar.

   Si el final es triste, el planteamiento debería mostrar un conflicto potente. Un problema gordo, de verdad. De esta forma descarto que el drama del pequeño sea que sus padres no le compran un juguete superchulo. El niño puede tener problemas con sus padres, tal vez viva una situación de maltrato; o quizá sufra acoso escolar. Vale, me decido por esto último. La historia del niño que juega con la pelota girará entorno al acoso escolar. Seguimos.

   Si el final es lineal, la historia deberá seguir el clásico inicio, nudo y desenlace. Por tanto, el niño que juega a la pelota acaba o está a punto de sufrir un episodio de acoso escolar. Como el relato es cortito me decido por que lo haya sufrido antes del inicio.

   Si es cerrado, el problema o la situación debe ser solucionable por el niño. Es decir, el problema planteado no puede ser algo que se escape del campo de actuación del pequeño. Así que el niño se ha decidido por ajustar cuentas con su agresor. 

   Por último, será un final sorpresivo. Como os he comentado, más adelante os hablaré de lo que entiendo que es un final de estas características, pero de momento vamos a quedarnos con que al final se desvelará una realidad oculta del protagonista. Ello me obliga a que el narrador sea en tercera persona.

   La historia ya ha tomado forma. ¡Ahora a escribir!
   La pared devuelve la pelota que el pequeño chuta contra ella. Está oscuro, pero no parece que ello le importe demasiado. Viéndolo allí, es como si el mundo lo hubiera dejado de lado. De eso sabía mucho. ¿Cómo si no se explicaba que sus padres nunca le hubieran preguntado por sus magulladuras, por su mirada triste cuando regresaba del colegio?
  Los botes de la pelota resuenan con eco, pero nadie se asoma por las ventanas del edificio para reprocharle por su molesto juego. El niño chuta y chuta. Y también sonríe.
  Ese día había sido valiente, como le aconsejaba su profesor cuando le pedía ayuda porque la banda del pelirrojo se metía con él. Es un problema que solo tú puedes resolver, esa era la frase con la que su maestro le despedía.
  Por eso está allí, dando patadas a su pelota.
  Unas luces tintan la oscuridad de azul. Es un coche de policía que acaba de llegar. Se detiene en doble fila. De él baja un agente que abre la puerta trasera y de ella sale un adulto. Y después un niño.
  Él. El pelirrojo.
  El niño coge su pelota con las manos. La observa. Está desinflada. Con un corte en el cuero, parecido al que el pelirrojo que se ha bajado del coche le hizo en el cuello cuando le quiso quitar esa pelota y él fue valiente.
  El pelirrojo llora mientras su padre tira de él hasta el portal. El niño, con su pelota desinflada, los sigue.
  La puerta se cierra justo antes de que el niño pueda entrar.
  Pero eso no le impide atravesarla.


  Bueno, sed generosos, como os he dicho he querido escribirlo sobre la marcha para mostraros cómo utilizar esa tabla de finales partiendo de cero.


¡LA SORPRESA FINAL!


   Me gustaría detenerme un poquito en este tipo de final. ¿Cuántas veces habéis leído un relato en el que al final se produce un giro que pone todo patas arriba? Cuando se hace bien, al lector se le dibuja una enorme O en la boca; cuando no, se le dibuja una mueca rara o exclama un ¡anda ya!

  Pero, ¿qué es un final sorpresa?

  En mi opinión, un final sorpresa es aquel en el que se produce un giro de tal envergadura que provoca una reinterpretación del relato. Al terminar la lectura, la percepción que el lector tenía de la historia ha saltado por los aires, hasta el punto de hacerle ver con otros ojos la realidad de lo narrado, y eso es lo que diferencia este final de otros finales como, por ejemplo, el final inesperado. En este no se produce esa reinterpretación de lo leído. Por ejemplo, en un relato romántico lo inesperado es que los protagonistas no terminen juntos; lo sorpresivo sería que uno de ellos resultara ser un fantasma.En un relato de detectives, lo inesperado sería que al final no se descubriera al asesino; lo sorpresivo, que al final se descubriera que el asesino es el detective.

  El final sorpresa, para serlo, debe sacar a la luz la realidad oculta de elementos verdaderamente clave del relato que podríamos resumirlos en dos clases:
  • Los que desvelan la realidad oculta del protagonista, ¿recordáis El sexto sentido?
  • Los que desvelan la realidad oculta del entorno del protagonista (ayudantes del protagonista o su propio mundo), ¿recordáis El planeta de los simios? Otro ejemplo sería un relato clásico como es aquel en el que una mujer violada reconoce a su violador en la calle y su marido va tras él para vengarse. Después de matarlo, ella vuelve a reconocer como su agresor a otra persona, y después a otra...

 La sorpresa siempre es agradable, descubrir que la idea que nos habíamos hecho de la historia resultaba equivocada es como cuando asistes a un espectáculo de magia. Sabes que te han engañado, pero ¡cómo se disfruta! Pero cuidado, como todo en la vida tiene sus pros y sus contras.


¡Qué anciana tan adorable!

Pros y contras del final sorpresa

   Reconozco que siento debilidad por estos finales. Imagino que mis gustos por el género con elementos fantásticos hace que desee terminar una historia con ese impacto final. Ahora bien, el recurso a este tipo de finales no es tampoco una panacea y no está exento de riesgos.

Los pros
  • Un excelente ejercicio para el aprendiz de escritor. Conseguir finales sorprendentes es una etapa por la que creo hemos pasado, o estamos pasando, todos. Y me parece algo muy bueno. Idear ese final nos obliga a dos cosas:
    • Pensar en nuestra historia antes de comenzar a escribir.
    • No conformarnos con escribir lo fácil. Acostumbrarnos a intentar buscar los tres pies al gato.
  • La sorpresa siempre deja un buen sabor de boca al lector. Y más hoy día en los que el consumidor de ocio busca, sobre todo, sensaciones nuevas, algo que le llame la atención.


Los contras
  • El final sorpresa puede no serlo tanto. Podemos caer en clichés o tópicos, de hecho ¿cuántas menciones a que el protagonista sea un fantasma he realizado en la entrada?
  • El relato debe ser coherente con ese final, debe soportar una segunda lectura bajo la realidad que el final nos ha desvelado. De lo contrario, el final no es sorpresivo, es tramposo. En el ejemplo del final en el que el detective resulta ser el asesino, debemos evitar entrar en su cabeza durante el relato. ¿Os imagináis que de inicio nos muestre sus pensamientos preguntándose acerca de cómo entró el asesino en la casa para descubrir al final que es el asesino?Para que sea bueno ese final, debemos repasar mil veces nuestro relato para evitar que haya detalles que lo contradigan.
  • Nos pueden etiquetar. Si nuestros lectores se acostumbran a que nuestros finales sean sorpresivos, puede provocar un efecto nocivo. Estarán más pendientes de "descubrir" nuestro juego que de la lectura, lo que anula, evidentemente, el efecto sorpresa.
PARA LEER MÁS:


   Antes cerrar, os invito a leer algunos de mis relatos con finales sorpresa y que, en algún caso, contienen algún error de los que he comentado, os animo a descubrilo:


  Y, si os gustan, podéis haceros con un ejemplar de LOS DEMONIOS EXTERIORES, donde podréis leer un repertorio de finales inesperados, circulares o sopresivos. Está disponible en Amazon por 1,99 euros en formato eBook, en papel o gratis si estáis suscritos a Kindle Unlimited.


  Recordad que los textos en azul son enlaces. ¿Y vosotros? ¿Cómo escribís vosotros el final? ¿Qué finales os han impactado? ¿En cuáles os habéis sentido estafados? Comentad, comentad... 


46 comentarios:

  1. Muy bueno tu análisis de los distintos finales. Y esa tabla de clasificación es genial.
    Me parece interesante lo de tener el final en mente y hacer que todo lo escrito se dirija hacia ese final decidido de antemano. Desde luego es una forma de conjurar el vacío del escritor o el pánico a la hoja en blanco.
    Ese relato que has montado sobre la marcha es genial y el final, buenísimo. Te pone todo tan patas arriba que te obliga a empezar de nuevo haciendo encajar todo en ese final... y encaja perfectamente.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Rosa. La verdad es que cuando la primera idea que me viene a la cabeza es el final, el relato casi se escribe solo. Te da el tono, te ayuda a manejar la información para conseguir el suspense... Como he comentado es quizá el único consejo narrativo que sigo con fe ciega. La tabla es solo una manera de mostrar que dedicar un tiempo a pensar en el final nos va a ahorrar mucho tiempo de escritura que después vaya a la papelera. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  2. Muy bueno David, he disfrutado mucho de esta lección que tú y el profesor Enrique Paéz nos habéis dado, el vídeo muy claro y bueno y la lectura de lo que tú has expuesto también.
    Creo que esta planificación que nos dices es necesaria siempre pero especialmente cuando hablamos de relatos más largos, en los que como bien has comentado uno puede empezar hablando de amor y acabar en un relato de terror.
    Cuando escribo un relato intento hacerlo, tengo claro qué me gustaría contar y el final aunque eso no siempre significa qué sepa exactamente qué pasará porque a veces los mismos protagonistas tengo la sensación que evolucionan y se pueden cambiar esos finales que no aquello que querías contar. No sé, ¿qué opinas?
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Conxita. En Narrativa no hay leyes inmutables y cada autor tiene sus métodos. Tienes toda la razón que, en ocasiones, los personajes o la propia historia marca su destino. Y así debe ser, pero como dices, siempre se empieza con un destino más o menos definido. Si luego aparece una idea potente y sólida por supuesto hay que seguirla. Eso sí revisando lo escrito hasta ese momento para ceñirnos al nuevo plan. De hecho ese es uno de los consejos un escritor tan de brújula como King. Cuando termina el borrador, revisa a fondo el inicio, esa parte en la que la historia todavía se mostraba dubitativa. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  3. ¡Madre mía David!
    Me impresionan tus exposiciones porque las haces amenas, lógicas y estructuradas. Creo que los ejemplos son muy clarificadores de la teoría expuesta. Gracias a Dios mis textos son descriptivos, pues creo que nunca conseguiría, como bien he leído tantísimas veces en los tuyos, logar un final sorprendente para el lector.
    No obstante, hay cosas de tu explicación que creo que puedo, y debo, aplicar a mis textos.
    Muchas gracias por esta clase tan genial.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Macarena. Como advierto en el mismo, este texto es puramente personal. No tengo la preparación académica para dar lecciones, sino mi manera de ver según qué aspectos de la narrativa. Cada uno tiene el suyo y es igualmente válido.
      Respecto a lo que comentas de aplicarlo a tus crónicas, siempre he pensado que los mejores artículos periodísticos son los que se exponen en modo historia. Y lo bueno de ellos, es que nunca tienen un punto final. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  4. Qué buena entrada. Soy fan de los finales sorpresa, estoy pasando por esa etapa (o ya pasé, creo, ahora estoy en una etapa en que debo darle a todo un doble sentido a través de la historia). Me voy a llevar tu tabla de finales, así la utilizo para mis futuros proyectos.
    Igual, las películas que más me han marcado cuando era chica son las que mencionaste: Sexto sentido, El planeta de los simios y Psicosis. Las tres tienen finales sorpresivos y algún elemento fuera de lo común, tirando a lo sobrenatural. Ahora entiendo la temática de mis cuentos.
    Seguí con estas publicaciones. Tengo en mi kindle Los demonios exteriores, debo ponerme al día con mi lista de lecturas.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Cyn. Tenemos estilos parecidos, recuerdo cuando "me atrapaste" con un relato que transcurría en un supermercado nocturno, no sé si lo recuerdas. Los finales sorpresa me encantan, aunque reconozco que tienen sus riesgos. Por ejemplo, cuando fui a ver El sexto sentido ya conocía, aunque no sabía cómo, que el final era de órdago. Así que durante el primer cuarto de hora estuve más pendiente de intuirlo que de dejarme llevar. A los veinte minutos de confirmar que Willis no hablaba con nadie ya lo descubrí... y me perdí la gozada de ese impacto final. Un abrazo!!

      Eliminar
  5. Hola David, me ha encantado tu artículo pero estoy en desacuerdo,... jajaja, o al menos a mi no me ha funcionado. Me explico, tengo dos novelas escritas. La primera la escribí, o mejor dicho, la comencé a escribir en unas vacaciones de navidad tan lluviosas que no me permitian salir; la escribí a golpes de bajo vientre (como yo digo) incorporando los personajes según los necesitaba,... fue como tú dices una tortura,... la acabé año y medio después, tras tener que desandar el camino andado varias veces. Con la segunda realicé una sinopsis, tenía claro el final, hice fichas de personajes,... desde la página número dos comencé a saltarme el guión previsto,... cuando rematé (también sobre año y medio después) nada se parecía al diseño original,... en fin, imagino que es así como dices tú, ... pero a un servidor El Señor le castigó duramente en su capacidad para escribir. Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Norte. Los caminos de una historia son inescrutables, je, je, je... Como he comentado en el artículo, cada uno tiene sus métodos y lo que le funciona y lo que no. Y nadie tiene el derecho de decir que esto es mejor que lo otro. Cada sistema tiene sus pros y sus contras. Reconozco, por ejemplo, que yo soy incapaz de escribir según una plantilla, no sé imaginarme antes de comenzar la escritura unas escenas en abstracto. En cuanto al final es distinto, eso si que lo necesito. Por ejemplo, en un relato que he publicado en el blog, Bucle, no sabía nada del mismo antes de escribirlo. Pero sí sabía que el final sería uno en el que el perseguido se convirtiera en el perseguidor. Solo eso, pero suficiente.
      Me encanta cómo vais aportando vuestras experiencias. Un fuerte abrazo!

      Eliminar
  6. ¡El final! Qué tema tan peliagudo... Yo reconozco que también soy un poco de ir escribiendo por donde la historia me lleve y a veces no tengo el final claro, otras veces sin embargo tengo la idea más desarrollada; supongo que será dependiendo del tipo de historia, lo que quieras contar o como tu cabeza se organiza mejor.
    Me ha encantado tu texto David, creo que no has dejado ningún "tipo" de final en el tintero, ya puestos ha hablar, soy mucho de finales abiertos o ambiguos. Y totalmente de acuerdo contigo con los finales sorpresa: has citado dos maravillosos el de El sexto sentido, que luego ha sido tan copiado y manido... y el del inolvidable e impactante de El planeta de los simios (uno de mis preferidos en el cine). Y hay que tener mucho cuidado con este tipo de finales, pueden quedar ridículos o, como bien dices, tramposillos.
    ¡Un fuerte abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Ziortza. Con esos finales reconozco mi debilidad. Me encanta el género Pulp, las Historias de la Cripta, aquel Alfred Hichtcock presenta..., la dimensión desconocida. Y ese final sorpresa aparecía en todos ellos. Pero aun disfrutándolo, reconozco que dejar todo el interés del relato a ese final, es como componer una canción y solo preocuparnos por el estribillo. De todas formas, creo que para los que empezamos es un muy buen ejercicio para aprender a contar una historia. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  7. Hola David, el final en mi opinión es la parte más importante de un relato, de una película y si me apuras de una relación sentimental. Es cierto, como muy acertadamente citas a través de Horacio Quiroga, que una presentación es también fundamental. Si en la vida diaria la primera impresión es muy importante a la hora de conocer a una persona, en la literatura, cine o teatro no lo puede ser menos. Pero volviendo al principio de mi comentario, toda narrativa debe pasar por un final concluyente y exitoso que de alguna manera de un sentido y eleve todo lo anteriormente expuesto. El final de una historia, por lo tanto es el todo de la misma. Para mí sin duda, es la clave y la parte más complicada de realizar para un autor ya que cientos de finales se han cargado obras muy prometedoras y a la inversa, un buen final han salvado obras mediocres hasta ese momento. Por otra parte, he leído o escuchado a varios escritores hablar sobre si ir con un plan trazado de antemano con un mapa a la hora de escribir un libro o sobre si improvisar sobre la marcha en su redacción. Yo creo que al final es cuestión de talento y si este elemento está presente, con cualquiera de los dos métodos se pueden lograr obras o relatos geniales.
    En lo personal no me disgustan los finales abiertos y me encantan dos tipos de finales, uno cuando tres tramas paralelas o más acaban con el encuentro de todos los personajes y otro es cuando de una manera virtuosa el final y de una manera circular acaba por donde comenzó la obra expuesta.
    Un gran abrazo y enhorabuena por tan riguroso análisis que nos presentas hoy.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Miguel. Desde luego, el final es lo que nos llevamos cuando cerramos un libro o salimos de una sala de cine. Y te aseguro que todo es mucho más fácil cuando ese final, aunque sea solo el efecto que se pretende provocar, lo tenemos antes de empezar a escribir. Por supuesto, se puede comenzar sin un destino claro, pero el problema, al menos cuando somos aprendices, es que cuando se nos ocurre sobre la marcha nos cuesta horrores revisar lo escrito hasta ese momento y luego, al leerlo, se nota mucho cuando el autor descubrió cómo terminar y cuando no. Coincido contigo con esos finales que culminan distintas historias... ¡Ay, cómo nos marcó Pulp Fiction! Un fuerte abrazo!

      Eliminar
  8. Pues no puede estar más de acuerdo con tu exposición David, porque esa es precisamente mi forma de escribir. Para escribir un cuento siempre necesito tener un principio y un buen final para ese principio, teniendo eso el resto es cuestión de planificación, pero siempre sale. Que a uno se le ocurran buenos principios para una historia es sencillo, encontrar un buen final para ellos es lo verdaderamente complicado y en mi caso, como tú dices, limita también mi producción literaria pues no siempre se tiene o éste surge mucho después de haber tenido la idea inicial.
    Alguna vez me he puesto a escribir sin saber a dónde iba la historia, no he terminado ninguna de las que he empezado así. Es cierto que a veces se han quedado inacabadas historias donde el final estaba planificado, pero son las menos. También es verdad que por lo general, por muy definido que esté el final, en mi caso aunque tiendo a ser fiel a él casi nunca es exactamente igual a como lo había concebido, la propia vida de la trama te lleva a introducir modificaciones que no tenías pensado.
    Respecto a los finales sorpresivos, me parecen un elemento fundamental de toda historia, adivinar el final a mitad de lectura da al traste con cualquier buen argumento. Eso sí, como bien indicas el final ha de ser consecuente con lo contado anteriormente, un final sacado de la manga es peor que un final previsible. De ahí la importancia de conocer el final de antemano, porque toda la historia se vuelca en hacer sostenible ese final y en dejar pequeñas pistas consistentes con él.
    En definitiva, que me siento muy identificado con lo expuesto en tu entrada, al menos en mi caso es mi forma de escribir y de concebir las historias.
    Muchas gracias David por esta entrada tan didáctica, un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Jorge. Poco te puedo añadir. Coincido punto por punto con lo que comentas. Sin un final previsto es imposible crear suspense. Si, por ejemplo, se tiene claro quién es el asesino el escritor puede jugar al despiste con conocimiento de causa, ve lo que ese personaje puede y no puede hacer desde el principio. La dosificación de la información se puede hacer con sentido porque en todo momento sabes lo cerca o lejos que estás del final. Un abrazo!

      Eliminar
  9. Mi sueño es encontrar un final sorpresivo que deje a todos con la boca abierta pero me temo que soy muy poco imaginativa. Es cierto lo que dices: si no se cuenta con un final antes de empezar a escribir, es muy fácil perderse o, como digo yo, que se enrede la madeja y la hebra se llene de nudos. A mí me ha pasado enamorarme de un principio y empezar a escribir con la esperanza de encontrar un camino que me lleve a algún sitio pero debo confesar que casi siempre acabo estrellándome. Muy buena tu entrada, como siempre.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Ana. La verdad es que no hace falta tenerlo demasiado definido. Basta con que vislumbres un efecto, como en el ejemplo del niño con la pelota. Al decidir que ese final iba a ser sorpresivo las neuronas comienzan a funcionar sobre dónde estará la sorpresa, que normalmente es acerca de la realidad oculta del personaje o de su entorno. Te sugiero que pienses en un final normal y lo retuerzas. Te aseguro que tarde o temprano sale algo.
      Llevar en una libreta una colección de finales que hayas leído también ayuda, no para plagiar, por supuesto, sino para imaginar variantes. Un abrazo!!

      Eliminar
  10. Uy, David, quedé tan impactada por todo lo que escribiste que no pude terminar de leerlo.
    Te tomaste un trabajo impresionante y, mirando los títulos, exhaustivo.
    Por mi parte no tengo esa racionalidad y lo mío se rige por la intuición. Pocas veces parto de un final, generalmente escribo y escribo para ver hacia dónde me conducen las palabras, la trama, porque tengo el convencimiento de que el final está implícito en la idea primaria... solo que no siempre lo descubrimos.
    Reconozco que conocer la parte teórica nos ayuda a ser más directos y seguros a la hora de escribir.
    Te felicito por el artículo y trataré de leerlo completo.
    Un gran abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Mirella. Después de leer ayer tu magnífico relato y ese final antológico me parece que poco puedes sacar de este artículo que no sepas ya. Un fuerte abrazo!

      Eliminar
  11. Hola David!! Una entrada completa y detallada, como siempre. Estoy de acuerdo en que el final es sumamente importante, y también creo que es un claro reflejo de lo que se pretende transmitir. Al menos yo cuando escribo siempre sé por dónde va a tirar mi historia, quizás no el desarrollo en sí del final pero sí hacia donde se dirige, siempre antes de escribir hago una estructura y un resumen de lo que voy a explicar,y con esto ya te imaginas bastante el final. Entiendo perfectamente lo de las sorpresas sin sentido al final de la historia, que parecen hechas para salir del paso. El caso es que no creo que el final de El planeta de los simios haya sido repentino, lo que quiero decir, no me imagino a los guionistas diciendo: ¿y ahora cómo acabamos esto? Yo creo que estos "bombazos de finales" ya vienen planeados con lo que se pretende transmitir de la historia.Lo mismo con el sexto sentido, y podría decir en cualquier película de Shyamalan, ¿has visto El bosque? Con este final sí que sentí que me marcaban un golazo.
    Por otro lado, a mí me gustan mucho los finales abiertos, Murakami es experto en ellos, y desde luego, en estos casos, hay cuidarlos de todas maneras.
    Muy buena entrada, David, siempre compartiendo tus conocimientos!!
    Un besito :))

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, María. Precisamente, cuando hablaba del riesgo de ser encasillado como un autor de finales sorpresa estaba pensando en el Shyamalan. Después de El sexto sentido, siempre que veo una de sus películas siempre intento adivinar el final antes. Y eso mengua el efecto.
      El del planeta de los simios es fantástico, desde luego sabían, y más en aquella época de la guerra fría, que esa imagen impactaría y era coherente con la historia. De hecho, lo sorprendente es que los espectadores no pensaran que era la Tierra, cuando el paisaje era el mismo y los monos hablaban en inglés. ¿Cómo podrían hablarlo en otro planeta que no fuera la Tierra?
      Un fuerte abrazo!

      Eliminar
  12. Sé que hay escritores que se ponen delante de la pantalla y se dejan llevar. Yo no, para empezar no me considero escritora, pero en mis intentos en esto de relatar yo he de tener primero la historia en mi cabeza, más o menos, y solo entonces me pongo a escribir, a plasmar en palabras lo que se me ha ocurrido previamente.
    Lo que sí me pasa, a veces, es que según escribo la historia toma otra deriva, algo diferente a lo que yo había previamente pensado, no sé si eso es improvisar o perfilar mejor una historia.
    Bueno, no me enrollo más. Esta publicación va a la carpeta de favoritos para consultarla de vez en cuando, que te lo curras muchos y a mí me viene fenomenal.
    Gracias, David, por tu esfuerzo y tu generosidad compartiendo tu conocimiento del tema.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Paloma. Y luego la historia se escribe sola, ¿verdad? En mi caso, hago lo mismo. Mientras voy en el metro, voy garabateando nombres, o simples X. X llega a un subterráneo, ve algo, escapa. Al final se convierte en el perseguidor. Con anotaciones así va creciendo la historia. Y cuando te pones a plasmarla en la pantalla casi se escribe sola. Es por eso que nunca he sido partidario de, por obligación, escribir un número determinado de palabras al día. Muy bien, ¿pero para escribir qué?
      Un fuerte abrazo!

      Eliminar
  13. Muy interesante...
    Felicitaciones
    Un brindis por vos y lo que aprendí

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Recomenzar, me alegra que te gustara. Un fuerte abrazo!

      Eliminar
  14. Hola, David. Bueno, lo primero de todo es felicitarte por este artículo que nos has regalado. Me ha parecido muy bueno.

    Tengo que confesar que la mayor parte de mis relatos los he escrito sin conocer el final, hasta el punto (aunque suene raro) de llegar yo misma a sorprenderme en ocasiones de como terminan. Mientras escribo se me van revelando por así decirlo "caminos literario" que escojo según el personaje que voy definiendo. Concuerdo pues con S. King, en que la gran mayor parte de las historias tienen en sí ese final y no otro y en parte ellas solas lo piden. Almudena Grandes solía decir que ella era la primera intrigada en saber adónde iba su historia. Ahora bien, aunque a mí me va genial en hábito de prácticar la escritura en plan intuitivo, si reconozco que este método (o más bien "no metodo") funciona mejor en cuento corto o micro y, con mucha frecuencia, al intentar escribir algo más largo me he quedado atascada al no contar con un plan o destino. De hecho es ahora que estoy comenzando a planificar, a pensar en la estructura y los finales, porque después de varios intentos de abordar una novela y atascarme, entiendo que es necesario tener, al menos, un objetivo consecuente con la idea de la que partes.

    Dicho lo cual, esa tabla que propones me llega en el momento justo.

    Supongo que esto de la escritura es como la vida, a veces vas a salto de mata, y otras tienes que planificar y ambas opciones pueden enseñarnos.

    Enhorabuena de nuevo, y un gran abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Manoli. En Narrativa vale todo aquello que nos lleve a terminar un relato. Todos los caminos llevan a Roma y cada uno tomamos aquel con el que nos encontramos más a gusto. Conocer el final, o al menos tener la idea sobre el efecto que queremos provocar es algo que sirve como faro para cuando nos enredamos. Pero por supuesto debemos ser flexibles, y perfectamente puede pasar que teniendo uno en mente la historia reclame otro. Si esa realidad se impone por supuesto debemos seguirla porque será un final sólido.
      En cuanto a novela, te lo diré cuando termine alguna, je, je, je... En este momento tengo dos en marcha. En una sé cómo terminará casi palabra por palabra; en la otra, solo sé el efecto general. Espero llegar a él algún día. Un abrazo y ánimo con ese proyecto!

      Eliminar
  15. Una entrada muy educativa e ilustrativa. Aunque muchas de las recomendaciones pueden parecer lógicas, muchas veces nos olvidamos (al menos yo) de ellas. Por lo tanto es elogiable que se nos refresque la memoria de vez en cuando, jeje.
    En mi caso, debo reconocer que soy un escritor pésimo por cuanto he faltado con frecuencia al hecho fundamental de tener claro el final al escribir el primer párrafo. Muchas veces, sobre todo últimamente, no sé si será por falta de inspiración, me dejo llevar por la improvisación y es la propia historia la que me guía y me indica cómo puede finalizar. En otras ocasiones (algo que me parece más lícito o razonable) he cambiado totalmente el desenlace apareciéndose, de pronto, otra alternativa mejor, o más sorpresiva. Aun así siempre he creído que no hay que empezar a escribir una historia sin saber su final. Por eso siempre me ha desconcertado esa imagen que todos hemos visto en el cine del escritor sentado ante la pantalla en blanco de su ordenador, mirando fijamente el cursor parpadeante, sin saber por dónde empezar, hasta que la inspiración le indica que tiene que empezar escribiendo... ¡el título! Y luego va desfilando lo demás. Ignoro si es pura invención o hay escritores tan improvisadores como nos muestran bastante películas.
    Me parecen muy acertadas tus recomendaciones y las del vídeo. Intentaré, a partir de ahora, aplicarme el cuento, aunque ello represente escribir menos, o dicho e otro modo, no escribir hasta tener una idea completa de la trama.
    Agradezco, una vez más, tu brillante labor asesora.
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Josep. Tampoco te tomes el artículo demasiado en serio. No deja de ser algo muy personal, pero de ninguna manera una verdad absoluta. Cada uno tiene su manera de imaginar y de afrontar la página en blanco.
      Te prometo que a mi también me asombra esa imagen. El escritor, la máquina de escribir, un paquete de folios y tacatá tacatá... Aunque normalmente, también se acompaña de una papelera llena de bolas de papel, je, je, je... Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  16. Hola David,
    Fantástico artículo, lo que todavía nos queda por aprender, bueno por lo menos la parte que me toca. Confieso que cuando escribo lo hago a partir de alguna idea que me viene y se queda durante días, así que lo apunto en la libreta que siempre me acompaña, hago un primer borrador y luego ya progresivamente voy hilando la historia. Pero no soy muy disciplinada en ese aspecto, y sí que debería modificar algunos, qué digo; muchos puntos.
    Gracias por los buenos consejos que nos cedes.
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Irene. Como he comentado el artículo no deja de ser una opinión personal o la manera que yo escribo, pero por supuesto no es la única, ni mucho menos la mejor. Cada uno tiene su propia fórmula tan válida como cualquier otra. Un fuerte abrazo!

      Eliminar
  17. Magistral tu clase David. La verdad es que el final es muy importante en una historia, si es buen oel relato pero no se acierta con el final... Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Vicenta. Bueno, no deja de ser solo mi manera de escribir, pero ni mucho menos es la única posible. Cada uno tiene su modo de narrar. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  18. También creo en eso de empezar a escribir algo teniendo como punto de partida el final. Por ejemplo, se me ocurre la idea de escribir sobre la historia de una mujer que pierde la cabeza. ¿Pero cómo la pierde? ¿Metafórica o literalmente? ¿Por amor o en un accidente? Y como también tengo presente eso de los finales sorpresa, le doy una vuelta de tuerca al relato. En mi último microrrelato, tenía la idea sobre un tipo que iba por la vida diciéndole a todo mundo que lo quería. Esa era mi meta. Mi punto de llegada. ¿Pero por qué lo hacía? Entonces pensé que lo hacía porque, ya que no se lo podía confesar a su amada, entonces repartía esos "te quiero" por el mundo.

    Es verdad, existen los vicios al momento de escribir. Sobre todo en las historias de terror. Al final el autor recurre a lo fácil, a lo de manual, a darnos a entender que quien creíamos vivos finalmente estaba muerto y era un fantasma. Yo mismo he caído en ese vicio, así que mejor me callo jaja Por último si vas a caer en ese cliché, presenta una historia novedosa aunque tu desenlace se adivine a kilómetros de distancia.
    Te dejo un abrazo, David.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Julio David. Me temo que todos tenemos un "fantasma" escondido en el armario, ja, ja, ja... Es un recurso que empieza a estar tan manido que creo que ya no sorprende demasiado. Coincido contigo en cuanto al final sorpresa, fiar todo el relato a eso es como componer una canción y solo prestar atención al estribillo. Eso nos da una canción pegadiza, pero poco más. Un abrazo!

      Eliminar
  19. Mil gracias por este post, es de lo que releeré con calma porque merece mucho la pena.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Gemma. Aquí se queda mientras exista internet. Un abrazo!

      Eliminar
  20. Hola David, he tardado en contestar porque me he empapado bien de todo lo que nos has contado. Tus entradas en este sentido suelen ser tan prácticas que suelo guardarlas y recurrir a ellas cuando las necesito.
    Sobre los finales, sí que son importantísimos, el relato o la novela, puede girar en torno al final, aunque suelo cambiar algún matiz a medida que avanzo en el relato.
    Darte las gracias es poco por todo lo que nos aportas David.
    Un fortísimo abrazo compañero.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Isabel. La verdad es que la intención de esta entrada era invitar a que cada uno comentara sus propia manera de contar una historia. Reconozco que soy muy cotilla en este sentido y me encanta como cuece cada uno sus relatos. Un fuerte abrazo!

      Eliminar
  21. Está bien lo que has escrito, muy interesante, el final es la clave de cualquier historia pero fundamentalmente de las historias cortas donde levantas un trampantojo, a modo de falla de feria, con pocas líneas y luego tienes que justificar ese esfuerzo inmediato y trascendente.
    Cuando construyes un artefacto pesado y compacto, una obra larga, puedes jugar con los diferentes aspectos e ir fabricando un final menos explosivo pero más conprensivo, más acorde con el artefacto visto como una totalidad.
    Mi experiencia literaria solo funciona a impulsos, en base a ideas vagas que intento resolver en los pocos minutos en que le dedico tiempo a la escritura. Si a una historia le dedico más de una hora es que no tengo las ideas claras.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, doctor. Jo, la verdad es que tu comentario es para enmarcarlo a modo de cita. En mi caso, suelo dedicar un poco más a las mías, puedo pasarme semanas imaginando la historia en mi cabeza, viéndola, metiéndome en la escena. En ese tiempo apenas garabateo cuatro rayas, para no olvidar algún detalle, así hasta que siento que todo cuadra y comienzo a escribir. Un poco como cuando dibujo. Un fuerte abrazo!

      Eliminar
  22. Madre mía que charla completa de buenas formas en la produción literaria. Me ha encantado

    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Albada Dos. En realidad es solo una opinión personal y una invitación para que cada uno comente su manera de cocinar historias. Saludos!

      Eliminar
  23. Creo que conseguir que un final sea sorprendente es una de las cosas más satisfactorias tanto para el que escribe como para el que lee... Bueno, igual si te los cargas a todos como Mister Martin, igual no tanto jajaja.
    En cualquier caso, estoy de acuerdo en que el desenlace es una parte esencial de la historia, y que no siempre es fácil hacerlo combinar con el resto de la narración.
    No soporto los finales precipitados o terriblemente inverosímiles, así que estoy de acuerdo especialmente con la idea de que hay que ser honestos y considerados con el lector en este sentido.
    Muy instructiva la entrada, como es costumbre, David.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Sofía. Precisamente, por lo que comentas, me parece una buena idea comenzar por el final. Sobre todo en relatos cortos. Si desde el principio sabes el giro que tomaran los acontecimientos, la manera de narrar será más segura, sabrás jugar con el suspense y cómo dosificar la información. También te indicará el tono del relato... Desde luego, el señor Poe nos dio un buen consejo. Un fuerte abrazo!

      Eliminar

Deja tu huella en el blog con un comentario. Y si te ha gustado puedes compartirlo en tu espacio social utilizando los botones sociales que aparecen a tu derecha. ¡Gracias!

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...