HORA DE CLASE

"BLOGS DE RELATOS", "BLOG DE RELATOS", "AULA VACÍA", "GUERRA", "ESPERANZA"


   Si existe un lugar sagrado, solo uno que defina la sociedad que somos y seremos, ese es el aula de un colegio. Ahí está nuestro presente y nuestro futuro, nuestra esperanza. No existe mayor infamia que aquella que se atreva a profanarlo. Porque un aula vacía es el principio del fin.

   Os invito a una...
HORA DE CLASE

  Doña Juana observó con desagrado el aula vacía, las filas quebradas de pupitres y la fecha escrita con tiza en la pizarra; apenas unos trazos entrecortados, pero legibles: 17 de julio de 2036.

  —¿Dónde están los niños, Sonia? —preguntó enfatizando sus palabras con un golpe de su bastón contra el suelo.

  La joven, vestida con sudadera y tejanos, guardó silencio. Miraba nerviosa a un lado y otro del pasillo.

  —Bien, parece que se han escondido —siguió diciendo—. Habrá que buscarlos en el patio.

  La anciana profesora se cogió del brazo de Sonia y juntas se dirigieron a las escaleras. En silencio, embebidas en el sonido del viento que se filtraba por los ventanales, contemplando las cartulinas que adornaban las paredes. Sonia sabía de memoria el contenido de cada una de ellas. Las del inicio de la escalera eran trabajos sobre historia, desde la invención de la escritura hasta la llegada del hombre a la Luna; las del descansillo, de ciencia, desde el Renacimiento hasta el descubrimiento del ADN; las de la planta baja contenían dibujos de los más pequeños: casas, animales o consejos para cuidar de nuestro planeta. 

  Llegaron frente a la puerta que daba acceso al patio. Sonia se soltó de doña Juana y le indicó con la mano que esperara. Con cautela, pegó su rostro al cristal a la par que agarraba el manubrio. Observó el cielo gris; el campo de fútbol sin porterías; la zona de los más pequeños cercada con vallas de color marrón, como las que se dibujaban junto al árbol, las nubes y el sol.

  Abrió la puerta. El cielo amenazaba con dejar caer su espesura grisácea. Eso no era necesariamente malo, pensó mientras se volvía hacia doña Juana y le indicaba con la mano que podían salir. Esta se pasó la mano por su abrigo para comprobar que la cremallera estuviera corrida y reanudó su torpe marcha.

  Al poner pie en el patio, la anciana escrutó el porche, reparando en las escaleras donde los niños solían sentarse para comer sus bocadillos, en las fuentes en las que bebían y que, en ocasiones, utilizaban para llenar globos e iniciar una batalla de agua. Detuvo la mirada en la zona reservada a los de infantil. Había casitas de plástico. Coloridas. También toboganes, una pila de neumáticos y hasta un pequeño columpio. Levantó su bastón y señaló hacia allí.

  —Están escondidos en las casitas.

  —¿No son demasiado estrechas? —respondió Sonia con desgana.

  —¿Dónde iban a estar si no?

  Sonia suspiró. Ofreció su brazo que la anciana rodeó con el suyo. A los pocos pasos, dio un puntapié a una pelota desinflada. Sintió que doña Juana tiritaba.

  —¿Tienes frío? —le preguntó tocándole la mejilla con la palma de la mano.

 —No. Solo estoy preocupada por los niños. Hoy tocaba clase de matemáticas —dijo sin apartar la mirada de las casitas—. Siempre les cuesta esa materia y no es bueno que se pierdan la clase.

  Al llegar a la puerta de la verja pintada de marrón, Sonia volvió a soltarse del brazo y descorrió el pasador del cerrojo. Escuchó un chirrido oxidado que le hizo rechinar los dientes. Observó el sinfín de juguetes que se esparcían por el suelo. Con dejadez, fue apartando con el pie los coches de juguete sin ruedas, los muñecos descabezados y algún que otro bolo de plástico. Cuando el paso quedó despejado indicó a doña Juana que podía entrar.

  La profesora chasqueó con gesto serio.

  —Este desorden no puede ser —dijo balanceando su bastón—. Cuando los encontremos se van a llevar una buena reprimenda.

  Sonia sonrió mientras se apoyaba en la verja. Observó la escalera por la que habían salido y consultó su reloj.Se cruzó de brazos, sentía frío.

   Doña Juana se dirigió lentamente hacia las casitas de plástico.   A poco de llegar, se detuvo y se giró sonriente hacia la joven.

  —¿Las oyes?

  —¿El qué? —Sonia metió la mano en el bolsillo delantero de la sudadera y escudriñó inquieta los huecos de las ventanas. 

  —Sus risitas, ¡¿qué va a ser?! Hoy estás un poco despistada. —A continuación, reanudó la marcha, golpeando con su bastón en cada una de las casitas, preguntando al aire con una cadencia musical: «¿Dónde estáis pequeños?, ¿dónde estáis?».

  Al llegar a una de techo azul y paredes amarillas se detuvo. Se volvió de nuevo hacia Sonia con una sonrisa pícara.

  —¡Shh!, creo que están aquí —dijo llevándose el dedo a los labios resecos.

  Pasó la mano por el cierre de la portezuela de plástico. «¿Estarán…? ¡Aquí!». Doña Juana acompañó las palabras con un fuerte tirón del pomo. Su sonrisa se torció al instante, al observar el revoltijo de papeles y bolsas de plástico del interior.

  —Me equivoqué —dijo decepcionada—. ¡Venga niños! ¡Ya no tiene gracia! ¡Salid de vuestro escondite!

  Se levantó una brisa otoñal. Sonia se acercó a la anciana observando de reojo el inicio del vaivén del columpio.

  —Juana, ¿qué tal si volvemos? ¿No tienes hambre?

  —¿Cómo puedes pensar en comer ahora? Es hora de clase y los niños deberían estar practicando su aritmética. 

  Comenzaba a chispear. Sonia se cubrió la cabeza con la capucha y miró impaciente su reloj. 

  —¡Ya sé! ¡Quizás se han escondido en el lavabo! —exclamó doña Juana.

  Reanudó su lento paso dirigiéndose al lavabo que se encontraba bajo el porche, a la derecha de las escaleras de acceso a las aulas. 

   Sonia la siguió resignada hasta la puerta. Se apoyó en el marco. Sacó un cigarrillo y lo encendió.

   —Ya es tarde. Seguro que mañana los encontraremos —dijo con la última calada.

  Como respuesta solo escuchó unos sollozos. Tiró la colilla al suelo y la pisó. Tomó aire. Entró.

  —Vámonos, Juana. Está empezando a llover —dijo pasando el brazo sobre el hombro desinflado de la anciana.

  —¿Por qué no están? ¿Por qué? —La anciana se limpió las lágrimas con el dorso de la mano—. Seguro que se han perdido y la tonta de su profesora no es capaz de encontrarlos.

  —A lo mejor han preferido quedarse en casa.

 —¡Eso no puede ser! ¡Es hora de clase! ¿En qué mundo los padres no llevarían a sus hijos al colegio?

  La joven suspiró, sus ojos se enrojecieron y hasta hubiera soltado una lágrima si no hubiera visto, saliendo del lavabo, a los tres hombres armados que aparecieron de repente por la entrada del patio. Agarró la empuñadura de la pistola que escondía en el bolsillo de la sudadera.

  —¡Sonia! ¡Mamá! ¡Somos nosotros! —dijo el que los encabezaba, levantando el brazo.

  —¡Joder, Adrián! ¡Qué susto me habéis dado! —gritó la joven devolviendo el saludo.

  Adrián se acercó, colgando la cinta de su fusil en su hombro. Los otros dos hombres permanecieron en la entrada.

  —¡Tenemos que irnos! Parece que los Lobos van a hacer una incursión esta tarde.

  —Hijo —dijo doña Juana—, los niños no han venido a clase.

  El soldado observó con ternura a su madre. 

  —Seguro que mañana lo harán, mamá —dijo acariciándole la mejilla.

  De vuelta a las escaleras, Sonia se acercó a Adrián.

  —No está bien —le dijo en susurros.

  —¿El qué, Sonia?

  —Animar sus fantasías.

  —¿Fantasías? Prefiero llamarlo esperanza. —Adrián cogió de la mano a su madre, que caminaba con la mirada perdida—. ¿Y quién sabe? Tal vez un día los niños estén sentados en los pupitres, esperando a su profesora.

  —¡Por Dios! ¡Estamos en guerra! Sabes que eso no va a pasar.

  —No olvides que la esperanza es más poderosa que cualquier arma —respondió Adrián dándole un beso en la frente.

  Sonia se volvió hacia el patio. La lluvia arreciaba. 

  —Adrián, no me pidas que la vuelva a acompañar —le dijo al oído.

  —Sabes que nunca lo he hecho.


© David Rubio Sánchez

Comentarios

  1. Aquí estoy contentísima de ser la primera en comentar.
    Un texto futurista que se centra en un colegio, un escenario muy poco común para un relato de este género y que me ha parecido muy original.
    Además, esas aulas vacías son todo un símbolo. Cuando no hay niños, no hay alegría, no hay esperanza.
    Me ha encantado, David. Y me han entrado ganas de abrazar a doña Juana.
    Un beso muy grande.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Paloma. Pues sí, pienso que el colegio es un buen medidor de la salud de una sociedad, que no haya niños en las aulas cuando es hora de clase me parece un buen símbolo para reflejar el declive de la civilización. En realidad, de futurista solo tiene la fecha. Si la fecha fuera 1990, 1945 o 2000 el relato sería el mismo. Eso es lo terrible. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar

    2. Gracias, Paloma. Pues sí, pienso que el colegio es un buen medidor de la salud de una sociedad, que no haya niños en las aulas cuando es hora de clase me parece un buen símbolo para reflejar el declive de la civilización. En realidad, de futurista solo tiene la fecha. Si la fecha fuera 1990, 1945 o 2000 el relato sería el mismo. Eso es lo terrible. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  2. Qué relato tan inquietante, David. Te va metiendo una tensión en aumento porque vas viendo que algo se sale de lo que inicialmente se plantea: unos niños escondiéndose. Poco a poco vas viendo que aquello no es lo que parece... y claro que no lo era.
    Nada bueno sale de las guerras (bueno sí, los antibióticos, la comida enlatada y un montón de cosas más que se me olvidan), pero no compensa.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Rosa. En efecto, las guerras no solo son un horror, tampoco sirven de nada. Una época de dolor, de destrucción. Aunque la recurrencia de las mismas puede llevarnos a pensar que son inherentes al ser humano que necesita cada tanto arrasarlo todo para volver a empezar. Ojalá no tengamos que ver ninguna, nunca más, en ninguna parte de la Tierra. Un abrazo!!

      Eliminar
  3. Hola David, al leer tu relato me vino enseguida una frase de Heródoto de Halicarnaso que decía:"En la paz, los hijos entierran a los padres; la guerra altera el orden de la naturaleza y hace que los padres entierren a sus hijos". Gracias por un texto muy interesante que podría generar nuevos relatos distópicos tirando del hilo del comienzo del relato. Un gran abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Miguel. En realidad es un relato intemporal. He intentado que en su contenido no haya ningún elemento que indique una época futura... salvo la fecha. A veces podemos pensar que en nuestra sociedad las guerras son algo del pasado. Pienso que nunca debemos bajar la guardia. La guerra es una bestia que siempre está rondándonos. Un abrazo!!

      Eliminar
  4. Menudo futuro tan negro nos pintas, David, sin niños será difícil que llegue muy lejos, puesto que los más débiles son los primeros en sucumbir en tiempos de guerra. Por lo demás, me ha gustado que no montes nada excesivamente futurista, al fin y al cabo 2036 está a la vuelta de la esquina... me encantan estas historias sobre los días venideros, porque nos permiten divagar sobre lo que nos depararán (yo misma he centrado mis dos ultimas novelas de la trilogía entre 2039 y 2040). Y estoy de acuerdo con Adrián, es bueno que alimente las fantasías de su anciana madre, porque la esperanza es lo último que se pierde.
    P.S.: Lo de que se cumpla el centenario del levantamiento de Franco, imagino que no habrá sido por casualidad...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Eva. Tus novelas están a punto de caer así que no me avances nada, je, je, je... Bueno, has dado en el clavo. La fecha es un guiño al inicio de la Guerra Civil, y de hecho nada aparece en el relato que pueda indicar un tiempo futuro. Con ello he intentado mostrar que la guerra siempre está al acecho y que cuando estalla no importa la época. 1936 o 2036 las consecuencias, la barbarie siempre será la misma. Es bueno recordarlo de vez en cuando, sobre todo cuando las sociedades se radicalizan demasiado. Un abrazo!!

      Eliminar
  5. Ay, David, que se me olvidó darte la enhorabuena por tu relato, y el abrazo... ahí te va, recién hecho y calentito ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Recibido con ansia, Eva. Y devuelto con el mismo entusiasmo.

      Eliminar
  6. Qué relato más triste, David. La guerra como final de todo lo que conocemos; una pesadilla que, desgraciadamente, es realidad para muchos niños.
    Curiosamente, yo estoy trabajando en el mismo tema para el próximo relato que no sea un nuevo capítulo de Rebis. No sé si lo tendré para la próxima convocatoria del Tintero de Oro.
    Un abrazo fuerte.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Bruno. Será un placer poder leerlo. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  7. Hola David,
    Poco a poco nos vas metiendo en el meollo del asunto, la atmóstera in crescendo resulta inquietante. El tema nodular es sorpresivo, aunque dejas asomar algunas sospechas previas y progresivas acerca de cuánto la lógica parece escapar a la razón, a la realidad. Porque una guerra en el año 2036, aunque ninguna anterior en la historia haya dejado de serlo, debe experimentarse como horrorosa. Sin embargo, conduces el relato con maestría y sensibilidad centrando la atención en dos personajes vinculados a un colegio, con la figura subliminal de unos niños muy esperados pero que nunca aparecen. Finalmente, el desconcierto da paso a la tristeza y a la resignación. Sin desdeñar una futurible esperanza centrada en que esos niños vuelvan algún día a recibir clases. Una distopía interesante en un mundo interpretable por la propia imaginación del lector, porque aunque no se diga claro qué ocurre da la sensación de acontecerse una vida agobiante para los seres humanos. Los diálogos están muy cuidados y los personajes son tan creíbles que despiertan sentimientos encontrados, sobre todo, el de la anciana profesora. Me encantó.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Marisa. La verdad es que si quitamos la fecha, el relato podría suceder en cualquier época y cualquier lugar. La guerra es siempre lo mismo, lo peor es que parece que los seres humanos negamos los síntomas hasta que de repente nos vemos envueltos en esa vorágine del horror. Ojalá que sepamos distinguir entre la discrepancia y la confrontación. Nada merece una gota de sangre y menos una ideología. Solo los niños y la educación pueden mantener a raya a la Bestia. Un abrazo!!

      Eliminar
  8. Qué bueno y qué original, me gustan mucho los relatos futurista que en realidad dan un poco de sensación de pasado, no sé si me estoy explicando. Por momentos me ha recordado cosas que pasaron en la Guerra Civil.
    Me ha gustado mucho.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Gema. No andas desencaminada. De hecho, he intentado ambientar el relato con elementos que estuvieran presentes tanto en 1936 como en el 2036. La guerra no conoce de épocas, solo sufrimiento. Todas empiezan y acaban igual, sin importar el año en el que se inicien. Por eso no debemos bajar nunca la guardia. Un abrazo!

      Eliminar
  9. Un relato lleno de sentimientos y sorpresas, David. Por supuesto, magistral, como siempre.
    Según iba leyendo, es cierto que pensé que algo había pasado; aunque me desconcertó la entrada de los tres hombres armados -¡Con tanta noticia de tiroteos en Institutos de Estados Unidos!-. Y, al final, la guerra... Me ha invadido un sentimiento de pena por las connotaciones que en la infancia conllevan las confrontaciones bélicas. Y también, el personaje de la profesora, me ha inspirado ternura.
    ¡Cuántos sentimientos pueden provocar unas líneas de un buen escritor! ¿Verdad?
    Me ha encantado tu historia, David.
    Un abrazo!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Macarena. La guerra es barbarie, saca lo peor de nosotros mismos, atenta contra toda lógica. Solo provoca dolor, destrucción, muerte. Y todos somos responsables de evitar que el veneno se expanda en nuestra sociedad en forma de intolerancia, dogmas y profetas. Ninguna idea merece una sola gota de sangre. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  10. Buena tarde, David, !Qué agradable rato me has proporcionado con este relato¡ El ambiente de suspenso creado desde el instante en que una profesora de tantos años, espera a sus estudiantes en ese salón vacío. Esas visitas al colegio que quizá hacía desde hace tiempos puesto y la hija que le proporcionaba algo de esperanza en los últimos días de vida. La explicación final sobre la guerra completa el marco. Feliz noche de miércoles.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, MariaÉ. Cuando ya no nos queda nada, nos queda la esperanza. Y siempre he pensado que sueños, ilusiones, esperanza y fantasía son términos semejantes. El primer paso para que la realidad cambie es soñar con el cambio. Así que, ojalá esa profesora siga regresando al colegio esperando encontrar a los niños. Ese es el primer paso. Un abrazo!!

      Eliminar
  11. ¡Hola! Sin duda alguna, el relato te mantiene tenso hasta que vas descubriendo la razón de esas aulas vacías ¡Triste y desolador! Muy bien llevado, por sobre todo, que no me esperaba que fuera por la guerra.

    ¡Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Roxana. Como diría doña Juana: ¿En qué mundo los padres no llevarían a sus hijos al colegio? La guerra es la mayor infamia que podemos cometer como civilización, y su primera víctima es el conocimiento; la segunda, los niños. Ojalá ninguna clase quede vacía nunca más. Un abrazo!!

      Eliminar
  12. La fecha es solo una constatación de que no tenemos remedio, porque el relato podía tener cualquier otra pasada o presente. Muy bueno.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Macondo. Cuánta razón tienes. El único elemento "futurista" es esa fecha que no deja de ser una referencia al inicio de la Guerra Civil española tal día como el 17 de julio de 1936. Ojalá esa fecha no sea premonitoria. Un fuerte abrazo!!!

      Eliminar
  13. ¡Hola David!
    Vengo justo de comentar un trabajo del compañero Don Kendall sobre otra escuela del pasado, y me encuentro con esta no-escuela del futuro.
    Sin niños no hay futuro, y nos hablas de un futuro mediato e inquietante.
    Has resuelto el relato a golpe de diálogos (naturales )y de gestos (vívidos), y nos haces la lectura fácil y visual, algo de agradecer.
    Yo tampoco habría desengañado a doña Juana, lo único que le queda es el recuerdo y la esperanza.
    Pues nada David... a cuidar donde vivimos, para nosotros y los que vienen detrás, a ver si dura.
    Un abrazo compañero, de los grandes grandes.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Isabel. Pues sí, la ambientación es parecida aunque desde luego la profesora no, je, je, je... Bueno, en realidad en este relato no hay nada de futurista, salvo la fecha que es una referencia al inicio de la Guerra Civil. La guerra es una Bestia que siempre nos acecha, da igual la época. Otro grande, grande abrazo!!

      Eliminar
  14. Hola David
    Magnífico relato,en clave de CiFi, pero como siempre decimos en estos casos, auténtica proyección de nuestra actualidad. En muchos de nuestros países en guerra podríamos encontrar esas aulas abandonadas. Me gusta sobre todo como has ido, con estudiada parsimonia, recorriendo el camino de la anciana profesora en busca de sus alumnos, a través del colegio desierto. La sensación se acrecienta con el efecto del viento, de cielo gris. Ambientación cuidada, rica en detalles (tanto que parece que te ha inspirado el recuerdo de un colegio real, ja ja). Y por supuesto el final, con ese "sabes que nunca lo he hecho", que nos devuelve la imagen de una Sonia quizá no del todo consciente de su implicación.
    Un fuerte abrazo, compañero

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Isidoro. Bueno, la verdad es que mentalmente he recorrido mi propio colegio... ¡bien visto! Como he comentado en realidad no es futurista nada más que por la fecha, la ambientación podría ser de cualquier época de nuestra historia reciente. A veces pensamos que la guerra es cosa del pasado y no es así. Siempre está ahí, al acecho. Solo cuidando nuestros colegios y a nuestros niños podremos espantarla para siempre. Un abrazo!!

      Eliminar
  15. Sin niños no hay esperanza y en tu relato futurista me ha quedado una sensación de tristeza y ternura por esa anciana maestra, que no la desengañen, que la dejen seguir soñando.
    En tu relato la tensión va en aumento y vas sintiendo una desazón, una angustia que no te deja en toda la historia, los diálogos muy creíbles y lo dicho esa maestra me ha parecido entrañable.
    Espero que en el futuro las cosas no sean tan negras.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Conxita. Ojalá, la historia nunca se repita. Nuestro pasado se ha escrito con demasiada sangre. Solo evitando que las aulas se queden vacías podremos evitar que nuevas guerras puedan arruinar nuestra civilización. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  16. Según iba leyendo parecía que la historia se centraba en la demencia de una anciana que añoraba sus días de profesora. Hacia el final das un giro radical que nos coge desprevenidos y la perspectiva del relato cambia. La escena podría aplicarse a los muchos países que sufren hoy en día esa lacra, y sin embargo la sitúas en un futuro cercano donde los protagonistas tienen nombres claramente españoles, y como bien ha hecho notar Eva en una fecha con una coincidencia estremecedora. Crucemos los dedos y que esa premonición no se haga realidad, aunque bien es cierto que sólo le vemos las orejas al lobo cuando nos pilla cerca. Otros por desgracia están sufriendo eso mismo hoy en día.
    Me llama la atención lo bien que has sabido perfilar las dos voces principales del relato, Sonia y Juana, sobre todo esos diálogos de Juana, dispersos y a medio camino entre la lucidez y la demencia, fiel retrato de esa enfermedad.
    Gran relato David, con un inquietante mensaje que no deja a nadie indiferente. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Jorge. La verdad es que la fecha no ha sido una coincidencia. Creo que hoy día tenemos una sensación de que la guerra es cosa del pasado. Creo que es un error. Siempre debemos estar en guardia. Eso es lo que he intentado con el relato, si esa fecha fuera el 19 de julio de 1936, creo que la ambientación sería la misma.
      Doña Juana puede estar enferma o bien puede haber decidido que sea otra su realidad ¿quién los sabe? Un fuerte abrazo!!!

      Eliminar
  17. ¡Hola David! Un relato apocalíptico, más por lo que insinúa y sugiere: un futuro sin niños, escalofriante. No es necesario que se explique lo que ha pasado, ya que lo importante es en que podemos llegar a convertir nuestra convivencia y el planeta si no nos replanteamos ciertas cosas. Aún así dejas abierta la puerta a la esperanza personificada en esa maestra que no podría vivir sin ella.
    Me ha encantado, enhorabuena David.
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Ziortza. La esperanza es el último aliento de la vida. Y creo que está muy relacionada con la ilusión, los sueños y la fantasía. Desgraciadamente, no sé si es apocalíptico o un aviso de que la guerra siempre es una bestia que nos ronda y que no vemos hasta que nos asalta. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  18. Al principio me ha ocurrido como a Jorge Valín, que creía que se trataba de una anciana con Alzheimer que no se percataba de que sus días de maestra quedaban ya muy lejos, pero a medida que avanzaba en la lectura ha ido creciendo la intriga y mi interés por conocer la verdad. Si no fuera por la fecha escrita en la pizarra, diría que esa situación ejemplariza lo que les ocurre a muchos niños en países que actualmente viven el terror de la devastación bélica. Niños no solo despojados de sus escuelas, sino de sus casas e incluso de sus familiares.
    Tienes ese don imprescindible en los buenos escritores: por largo que sea el texto, te mantienen en vilo y pegado a la narración sin apenas pestañear y deseando seguir disfrutando de la lectura. El tema de fondo es muy importante, evidentemente, pero el estilo narrativo lo es casi todo.
    No hace falta decir que el relato me ha encantado, pero lo digo, jeje.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Josep. A eso me refiero, la guerra no es una cuestión de época ni lugar. Está permanentemente alerta esperando nuestra torpeza. La fecha es lo de menos, creo que la ambientación del relato puede situarlo en el futuro, en el pasado, en esos países tan lejanos... o en el nuestro. Un abrazo!!!

      Eliminar
  19. Las guerras son siempre crueles, especialmente para los niños, a quienes les roba un presente feliz y les empaña el futuro. Pobre doña Juana, generosa hasta el fin queriendo "borrar" esa terrible tragedia y empeñándose en restaurar la normalidad para ellos...

    Tu relato perfectamente podría estar ambientado en el presente, y ya sería triste, pero el hecho de que sea futurista lo hace especialmente inquietante, no sé por qué. Muy bueno, David.

    ¡Un abrazo enorme!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Julia. La intención era esa. La fecha es solo una anécdota, un guiño al inicio de la Guerra Civil española, una advertencia de que las guerras no son cosa del pasado, sino que son una amenaza latente. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  20. Un relatazo, David. La atmósfera está muy bien creada; me ha recordado uno de esos inquietantes cuentos de Stephen King, cuando narras la búsqueda de los niños a través del colegio vacío. Me gusta que hayas dejado para el final lo de los guerrilleros (la verdad es que no das ninguna pista). Lo cierto es que la entrada de los hombres armados le otorga sentido al texto y el cierre, que nos devuelve otra vez a la historia de la anciana me parece genial.

    Enhorabuena.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Manoli. Con más tiempo seguramente retocaré algunas cosas de este relato. Intentaré que dependiendo del punto de vista de una y otra, la descripción sea distinta. Que una vea la fecha de la pizarra y la otra, por ejemplo, los desconchones.
      La búsqueda de esos niños era el único gancho para una historia como esta, siempre tiene que haber una pregunta por responder. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  21. Buenas, David

    Este relato es una denuncia de lo que pasaría si las escuelas no tuvieran niños. Sólas, tristes, abandonadas a su suerte con diferentes motivos, se intuye una guerra, una tierra en conflicto, hasta se podría suponer una guerra nuclear.

    Es un relato futurista, si, pero no estamos muy lejos de todo ello. Mi más sincera enhorabuena.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Lola. La única lucha que tenemos que librar como civilización es que jamás haya un aula vacía. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  22. Buen relato, David. Si damos una vuelta por muchos lugares del mundo veremos que no hace falta irse a 2036. Los primeros párrafos me han evocado una fotografía de una escuela en Siria, vacía y con trazas de metralla y agujeros de bala en la pizarra1. En Europa vivimos una anomalía que va para tres generaciones (con la excepción de los Balcanes), la de un gran territorio sin guerra y deberíamos estar orgullosos. Espero que movimientos de intolerancia como el Brexit o la ultraderecha polaca nos hagan volver a las andadas.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No nos hagan volver a las andadas, quería decir. Maldita prisa!!

      Eliminar
    2. Gracias, Gerardo. Has pillado la idea. El relato no tiene nada de futurista, más que esa fecha. He intentado contraponerla a la ambientación totalmente actual del relato para hacernos ver que la guerra puede llegar en cualquier época y lugar. ¿Quién pensaría el 16 de julio de 1936 lo que iba a venir después? Mejor que no bajemos nunca la guardia. Un abrazo!!

      Eliminar
  23. Un relato cargado de tristeza, en una guerra los niños no tienen escuelas ni quien les enseñe, y así no lo muestras con tus palabras, y una ciudad sin niños es algo doloroso solo de pensarlo.
    La escena está muy bien plasmada y los protagonistas del principio al final del texto son creíbles por lo bien que están introducidos en todo el ambiente.
    Muy bueno , te felicito.
    Un abrazo David.
    Puri

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Puri. He intentado a través del diálogo y la actitud de ambas caracterizarlas. Yo no soy mucho de explayarme en las descripciones. Por lo general me aburre leerlas, así que imagínate escribirlas. Prefiero un par de detalles y que el lector rellene la escena. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  24. Que sobrecogedor, David. Un relato futurista pero que seguramente en algún lugar ahora mismo puede estar ocurriendo. Cuando no hay niños no hay futuro. La pobre profesora vive aferrada a una esperanza, pero ya se sabe que es lo último que se pierde. En este caso, es cuando las mentiras piadosas están completamente justificadas.
    Magnifico relato, me ha gustado mucho!! Un besito!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, María. Nunca olvidemos el peligro de la guerra, no conoce época ni lugar. Siempre está ahí acechando, incluso en nuestro propio país. Dicen que el hombre sin esperanza es el más peligroso, el que no tiene nada que perder. Prefiero pensar lo que comentas que nunca desaparezca. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  25. Triste relato, pero podría tener lugar en cualquier pueblo de Latinoamérica, con el narcotráfico como nuestra guerra, en África o en Asia. Es horrible lo que nos hacemos los seres humanos a nuestro propio futuro.
    Ha sido muy tierno, también. Siempre habrá gente dispuesta a guardar una esperanza.
    Hacía mucho que no me pasaba por la blogósfera. Extrañaba venir a leer estas historias.
    ¡Besos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Cyn. ¡Y la blogosfera echa en falta tus historias! Pienso que la guerra puede estallar en cualquier época y lugar. Nunca debemos bajar la guardia y tener muy presentes las líneas rojas que no debemos traspasar. Las discrepancias nunca deben llevar a la confrontación. La verdad absoluta no existe. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  26. Hola, David
    Dejame decirte que, me ha fascinado lo melodramático de tus personajes.
    Un relato atrapador, y muy triste. Cuando aparecieron esos hombres armados pensé que las iban a secuestrar. Me parece también que no tiene nada de malo alimentar esas fantasías. Creo que es lo único ya que le queda en su memoria.
    Un abrazo y buenas noches.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Yessy. Las fantasías nacen de los sueños; y los sueños de la esperanza. Prefiero mil locos fantaseando por un mundo mejor que a un cuerdo regocijándose en la realidad. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  27. Muy buen relato, David. Ya conociendo un poco más tus escritos me he imaginado nada más a leer me he ido pensaron, incluso imaginando, con que nos sorprenderías al final y, como siempre, me has sorprendido. Esa actitud casi pasota y cansado de Sonia tenía una razón, has conseguido muy bien que no pase desapercibida.
    Me ha parecido un relato original en el sentido de que, aunque sea un escenario desolador en tiempos de guerra, no he tenido la posibilidad de leer muchos relatos de este estilo.
    Un abrazo!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Ana. Siempre pienso que un relato debe plantear una pregunta sencilla que el lector quiera ver respondida. En este caso es ¿dónde están los niños? Con ella creo que se mantiene el interés en un relato que tiene poca acción y trama. Me alegra que te haya gustado. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  28. ¿2036? Me da la impresión de que el futuro es ahora. Creo que en México ya hay colegios donde los alumnos no asisten por miedo a la guerra cruzada entre narcos y policías. No es que este texto trate sobre eso, pero en el fondo es lo mismo: la enemistad entre personas es bestial sea por el motivo que sea.

    Buen relato, me hizo pensar.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Julio David. Exacto, ¿2036? La guerra puede estallar en cualquier época y lugar. A veces pensamos en ella como algo de otro tiempo, de otro lugar. Al menos en Occidente. Pero nunca estaremos a salvo de la barbarie. Es una bestia que siempre acecha esperando que alcancemos un nivel de estupidez, de intolerancia y de orgullo para darnos el zarpazo. Un abrazo!!

      Eliminar
  29. Y tanto que la esperanza es un arma poderosísima, y para muestra la que tiene Dña Juana en tu relato. No quiero pararme a pensar en los años que tendré cuando llegue a esa fecha (yo que trabajo en un insti), ni mucho menos en las terribles guerras que sí ponen realmente fin a la esperanza.

    Un precioso relato, David.

    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Chelo. Cuando llegue esa fecha lo comentamos, je, je, je... Pues sí, la esperanza es el mejor antídoto contra la resignación. Ojalá nunca una clase se quede vacía. Un abrazo!!

      Eliminar
  30. Esa mezcla de imágenes que pueden ser del pasado con imágenes del presente en una época futura le da el relato cierto matiz intemporal. Luego hay algo en esos diálogos, en esa búsqueda infructuosa de alguien que quizás ya ni exista le da cierta extrañeza al texto que lo hace más atractivo.
    Felicidades, David. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, doctor. Como has observado el relato podría desarrollarse en el 2036 o en el 1945. La guerra siempre llega por las mismas razones, o sinrazones. Y no será porque estamos avisados. Pero como dijo Einstein la estupidez humana es infinita. Un abrazo!!

      Eliminar
  31. Muy buen relato David y estoy de acuerdo con Adrián, la esperanza es más poderosa que cualquier arma. No la perdamso nunca. Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Vicenta. La verdad es que sí. Un fuerte abrazo!

      Eliminar
  32. Creo haberte dicho en otra ocasión lo bien que le resultan las pequeñas intros a tus relatos, David. Lo cierto es que se te da muy bien la tematica futurista. El relato me ha retrotaído a mi clase de sexto de primaria. En ese curso se organizó un concurso en mi municipio:"cómo viviremos en.el.año 2000", así se llamaba. Pues llegó el año 2000, si señor, pero no vi por lado alguno las naves espaciales a pie de calle que yo había plasmado en mi dibujo. Tú has elegido reflejar en tu relato lo emocional de la guerra y esa beta, ese filón de esperanza que es sin duda, el sentimiento mas poderoso que puede albergar el hombre ante las catástrofes que podrían exterminar la especie. Yo también pienso como Eva, desde el punto de vista de la credibilidad, toda historia debe ser creíble de principio a fin aunque el argumento se base en mundos increíbles y ciertamente el 2036 no nos pilla tan lejos como para que las naves espaciales de mi dibujo orbiten en derredor.

    ¿Qué aporta en estos casos ambientados en la era futura la credibilidad que el lector necesita para confiar en esos mundos?

    Dialogo, señores.

    La naturalidad de los personajes al moverse (accion/reacción) es algo que a ti se te da bastante bien. Y es una de las cosas que mas profesionalidad da a la hora de valorar a un autor por parte de posibles editoriales.

    Bueno, ya iré pasando. Que aunque uno esté inactivo en la escritura bloggera no lo está para leer a los amigos.

    Un abrazo y que no pare la tinta.

    Namasté.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, John. Te agradezco muchísimo que te pases por aquí, aunque eso no quite para desear que pronto nos sigas regalando tus textos en tu blog. Con este relato, así en confianza, he visto algo curioso. La fecha del 2036 la incluí a posteriori, cuando el relato ya estaba escrito. Lo hice como guiño al inicio de la Guerra Civil española. De hecho, si la fecha fuera 1936, creo que el lector hubiera imaginado el escenario en esa época. En el relato no existe ninguna descripción o ambientación que pueda encuadrarlo en alguna época concreta. Eso sí ha sido intencionado, un poco para remarcar que el peligro de la guerra no es algo del pasado, creencia muy extendida en nuestra sociedad occidental. La guerra está ahí, esperando a que cometamos las suficientes estupideces. Y es algo atemporal. Un fuerte abrazo, querido amigo de las letras y, sobre todo, gran escritor.

      Eliminar
  33. Magnífico relato. Me ha gustado mucho.
    Un saludo!

    ResponderEliminar
  34. Como siempre, un placer leer tus relatos, aunque sean tan desoladores como este...
    Besicos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Mary. Siempre nos queda el arma más poderosa: la esperanza. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  35. Bonito y duro. Me encantó leerte, como siempre. Por cierto, "empuñadora" es correcto o se te fue el dedo?

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, David. Ja, ja, ja... Te agradezco mucho que me hayas hecho ver ese error, evidentemente se me fue el dedo y no precisamente al gatillo. Ya lo he corregido. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  36. "Aulas vacías", una estupenda metáfora, aunque igual tiene más de real que de metafórico. Me ha encantado. Enhorabuena.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Consuelo. La verdad es que un aula vacía bien podría ser la imagen del principio del Fin. Esperemos que nunca lleguemos a verlas, salvo en vacaciones claro. Te agradezco tu visita y comentario. Saludos!

      Eliminar
  37. La tensión en el tempo correcto,... has logrado imprimir al texto esa incertidumbre del "¿qué pasará?",... además en una escuela parece que el terror se amplifica. El instante de la aparición de los tres hombres armados es para mi el punto de inflexión. Magnífico relato David!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Norte. Este es un relato con poquita acción y encontré en esa duda de los niños la única manera de generar ese punto de suspense imprescindible, al menos para mí, para que el lector decida leer la siguiente frase. Un abrazo!!

      Eliminar

Publicar un comentario

Deja tu huella en el blog con un comentario. Y si te ha gustado puedes compartirlo en tu espacio social utilizando los botones sociales (las esferas enlazadas) que aparecen al inicio y al final. ¡Gracias!