miércoles, 7 de febrero de 2018

GALÁN DE NOCHE

"BLOG DE RELATOS", "BLOGS DE RELATOS", "PRINCIPE AZUL", "ESTACION ESPACIAL", "AMOR", "ROMANTICO", "YATE", "COMO CONQUISTAR A UNA MUJER"


   ¿Quién no quiere un príncipe o princesa azul? Alguien dispuesto a darnos todo el amor que podamos soñar, de colmarnos con todas las atenciones y regalos que podamos imaginar. ¿Quién no le daría el a esa persona dispuesta a coger la Luna con un lazo y ponerla a nuestros pies? Pero como se suele decir, tened cuidado con lo que deseáis.

      Porque en ese caso, tal vez os encontréis con alguien como Valentín.

      Pasen por su propia voluntad y lean...
   


GALÁN DE NOCHE

  Amaneció, pero el lunes no era lunes, sino martes. Sin duda, esta afirmación les habrá generado al menos dos preguntas. La primera, y más evidente: ¿puede un día desaparecer así como así? La respuesta es no, por supuesto. Ese lunes existió aunque yo lo pasara durmiendo. Y eso nos lleva a la siguiente cuestión: ¿qué me sucedió el domingo?

  No les voy a negar que el alcohol tuviera su parte de culpa, si bien en menor grado de lo que se imaginan. Más tuvo que ver mi romanticismo no siempre bien entendido y que quizá arruinó mi relación con María, el amor de mi vida. Ya sé que les puede resultar un tanto exagerado que califique así a esa preciosa morena de piel de seda y sonrisa arrebatadora que conocí exactamente a las 00:45 horas del domingo. Pero les aseguro que en cuestiones del amor sé de lo que hablo. Y no solo porque me llame Valentín. También sé que nuestra relación terminó en algún momento del lunes. De esto no tengo duda, porque cuando desperté no solo no era lunes, sino que ella tampoco estaba acostada a mi lado. Tal vez piensen que, a lo mejor, María tenía algún compromiso o, simplemente, se aburrió de esperar a que yo despertara. Eso sería plausible, de no ser por una circunstancia un tanto peculiar: la cama en la que desperté orbitaba majestuosamente alrededor de la Tierra, en los nuevos servicios hoteleros instalados en la Estación Espacial Internacional.

  Y créanme si les digo que nadie se marcha de allí sin avisar, a no ser que quiera que esa despedida sea definitiva.

  Como ya he dejado escrito, la conocí aquella madrugada de domingo. Fue en La Selva Virgen, una espectacular sala de fiestas, situada a orillas del mar, de la que soy propietario. Nada más verla entrar con su vestido verde esmeralda supe que era la mujer de mi vida. Volverán a pensar que exagero. Pero hay labios que no hace falta besarlos para saber que morirías en ellos. María no solo poseía esos labios; tenía curvas para enloquecer, ojos para perderte y, permítanme el exceso, pechos para emborracharte. De inmediato inicié mi plan de conquista y llamé a una floristería de guardia para encargar cien rosas. Por supuesto, eso suponía un dispendio de cierta importancia, pero lo bueno de ser rico es que no tienes por qué ponerle límites al amor. 

  María llegó a la sala acompañada. Tuve que esperar a que el pimpollo con el que entró la dejara sola en una de las mesas de cristal cuya base imitaba las raíces de una secuoya. Incido en este detalle porque tanto ese diseño, como el del resto del local, es obra mía; no creo que les haga falta mayor descripción para que imaginen la suntuosidad selvática de la sala de fiestas. 

  Jugueteaba con la sombrilla de su cóctel, un Mango Bellini barato, cuando me acerqué con dos Legado Calabrese y mi encantadora, y trabajada, sonrisa. Al verme, me mostró con picardía que en su mesa había dos copas. «Las veo. Pero también observo que en tu anular no hay ningún anillo», le dije. No piensen que soy un entrometido. Si la hubiera visto hacerle arrumacos a aquel pimpollo de gimnasio me habría tragado mis sentimientos con cualquier whisky. Pero no observé que su relación pudiera inspirar a ningún poeta. Por tanto, nada me impedía luchar por ella. Y eso convertía a ese tipo en un estorbo entre la mujer de mi vida y yo. Barajé dos opciones, pero como Joe el Matarratas cumplía condena, recurrí a Marlene para que siguiera al impertinente jovenzuelo hasta el lavabo a fin de ofrecerle cierto servicio. Regalo de la casa, por supuesto.

   Eso me dio tiempo más que suficiente para hablarle a María de las delicias del cóctel que le ofrecía, de mostrarle mis encantos y de explicarle que mi vida había sido una triste película en blanco y negro hasta que la vi. Cuando por fin accedió a darle un sorbo al Legado Calabrese, la invité a salir a la terraza VIP. «Será solo un minuto», le aseguré. Ella insistió en su acompañante. «Ni se dará cuenta de que has salido», insistí evocando la excelente profesionalidad de Marlene. 

  He de reconocer, y eso me hizo desearla aún más, que me costó convencerla para que aceptara ese minuto. 

  Al salir nos recibió una agradable brisa marina y, sobre todo, un maravilloso cielo nocturno en el que se distinguía hasta el Camino de Santiago. Acerqué dos sillas hasta el murete exterior y le hablé de las estrellas, de las constelaciones y de cómo sus luces me habían guiado hasta ella. Si me permiten un consejo, les recomiendo que estudien un poco de astronomía para conquistar a una dama. También quiromancia. Aunque sea una superchería, ¿hay mejor excusa para cogerle la mano por primera vez?

  Así pasamos cerca de una hora, justo hasta que la Luna se escondió en el horizonte marino. Noté la vibración de mi teléfono móvil en el bolsillo interior de la americana. No me hizo falta cogerlo para saber que ya estaba todo preparado para dar un paso más.

  —¿Te apetecería perseguir a la Luna en mi yate? —le propuse. 

  —Dijiste solo un minuto  —dijo con una sonrisa que dibujaba unos irresistibles hoyuelos en las mejillas—. ¿Olvidaste que vine acompañada?

   —En el caso de que te estuviera buscando te habría llamado al móvil, ¿no crees? —dije mientras apuntaba mentalmente que Marlene se había ganado un buen regalo.

  —¿Acaso le has matado? —preguntó entre risas

 —Lo pensé, pero Joe está en la cárcel —comenté observando el rubor de sus mejillas, el vidrioso brillo en su mirada y, por qué no, los protuberantes pezones que se marcaban en su vestido verde esmeralda. 

  La cogí de la mano, entrecruzando su dedos con los míos, y la guié por una escalinata que llevaba al embarcadero. Las luminarias de la sala de fiestas quedaron atrás. Solo la plateada luz de las estrellas alumbraba el camino. Al llegar, la sentí estremecer. A cada lado de la pasarela que llevaba al yate se intercalaban velas con las rosas que encargué. «Esto es por ti, María». No supo qué decir, claro. «No las cuentes. Hay cien, una por cada año que quiero pasar junto a ti», añadí besándola justo debajo del lóbulo de la oreja.

  Subimos al yate y zarpamos mar adentro. Tras servirnos dos margaritas, la llevé a la cabina de control. Le expliqué cómo se pilotaba y, cuando la costa no era más que una hilera de puntos luminosos, le ofrecí los mandos. María aceptó de buen gusto. Cogió el volante y yo me situé tras ella, abrazándola por la cintura. Le susurraba las indicaciones al oído y cada palabra provocaba que se le erizara la piel. Olía a frescura. Quizás no era un perfume muy adecuado para la noche, pero ya habría tiempo de hacérselo notar. La besé dulcemente en el cuello, sin que ella me lo reprochara. Seguí un lento, y húmedo, peregrinar hasta sus hombros. Dejó caer la cabeza sobre mí. Suspirando levemente. Mis manos avanzaron hacia sus pechos. Era perfecto y excitante, salvo por el tacto del vestido, el propio de una tela moaré. Acúsenme de finolis, pero estarán conmigo en que no se puede comparar con la seda. 

  Entenderán que no sería de caballeros narrar lo que ocurrió después en el camarote azul, aunque podrán suponer las excelencias de mis artes amatorias. Sin embargo, he de reconocer que hubo un detalle que me descentró. En su abdomen, justo al lado del ombligo había una verruga. Ya sé que es un detalle nimio, una mínima tara en un diamante. Pero es que además tenía vello; y hasta vida propia, puesto que cada vez que la miraba parecía crecer y crecer hasta convertirse en una especie de araña mutante.

   Cuando terminamos me serví una copa del Bourbon que siempre me acompaña en la mesita de noche. Ella permaneció en silencio durante un buen rato. Tras beberme la segunda copa, le dije:

    —¿Te ha mirado alguien esa verruga?

    —¿Verruga?...¡Ah!, esta marca —dijo mientras se la tocaba con el dedo—. Siempre estuvo ahí.

   —Conozco a un cirujano que las quita en una sola tarde y sin dejar cicatrices. Te pediré hora con él para el martes.

    —¿En serio piensas en eso ahora?

    —Es que…

   —Anda, tonto. —María se incorporó y me besó en la mejilla—. He disfrutado mucho. Eres un gran amante. ¿Sabes lo que me apetecería ahora?

    —Pide por esa boquita.

  —¡Cruasanes! ¡Un montón de cruasanes acompañados de un chocolate bien caliente! —dijo desperezándose. Entonces me miró de forma burlona—. Pero ahora no vayas a llamar a nadie para que los traiga hasta aquí, ja, ja, ja.

   —¿Traerlos hasta aquí? ¡Jamás le pediría a nadie tal cosa! Je, je, je.


  Una hora y media después, desayunábamos cruasanes en el restaurante Jules Verne de la Torre Eiffel. María pidió Le croissant Ispahan, esa maravilla de frambuesas, pétalos de rosa, almendras y lichi.

  —El secreto está en esos trocitos de frambuesas deshidratadas sobre el glaseado de rosas. Mereció la pena el viaje, ¿verdad? —dije.

  —Está rico, pero empacha un poco —respondió.

  Se preguntarán cómo llegamos hasta París. No hay ningún misterio: cuando posees un avión privado el mundo es realmente pequeño.

  El chocolate me espabiló un poco. María había dormido en el avión, pero yo permanecí despierto, planificando el resto del día y de la semana. Empecé por programar la visita con el cirujano para el martes. También envié un mail a Arnold, mi entrenador personal. No me malinterpreten, sus carnes eran muy deseables, pero noté cierta tendencia a la flaccidez y había que preparar su cuerpo para que soportara de la mejor manera posible el nacimiento de nuestros cuatro hijos.

  —¡Puff!, no puedo más —resopló María.

  —Ven, vamos al último piso de la Torre. Brindaremos con champán en el Á champagne.

  —En serio, ¡no me entra nada más!

  Le puse ojitos de amor.

  —Vale, solo un sorbo… y después me llevas a casa que yo mañana tengo que ir al trabajo.

  —Te prometo que estarás en casa para la hora de comer, pero antes pasaremos por el Louvre. ¡No podemos venir a París sin visitarlo!

  —¡Madre mía! ¿Es que no te cansas nunca?

  —Cariño, es el primer día de nuestro amor. ¿No crees que merece ser celebrado por todo lo alto?

  —Sí… supongo. —Extendió el brazo para cogerme la mano por encima de la mesa—. Pero te aseguro que no sé nada de arte.

  —Tranquila, mañana llamaré a Filipo para que te dé clases los miércoles.

  —¿Filipo? ¿Los miércoles? Espera, espera, ¿qué es eso de los miércoles?

  —No se me ocurre otro día. Los lunes toca gimnasio; los martes, actividades sociales; los jueves…

  —Perdona —me interrumpió—, pero yo tengo una vida.

  —Por supuesto mi amor. Vamos arriba a brindar por ella —dije levantándome de la mesa.

  Como les dije al principio, mi romanticismo es un tanto incomprendido, pero ¿qué harían ustedes si encontrarán al amor de su vida? ¿Acaso no querrían vivir cada minuto como si fuera el último? Comprendo que eso suponga cierto cansancio, como lo demuestra que me pasara dormido todo el lunes, pero ¡el amor, es el amor! Y en él no caben las mentiras, pero a veces son necesarias. Sé que le prometí a María que volveríamos a casa después del Louvre, pero en nuestro primer día de relación, ¡cómo no pasar unas horas en Roma!

  A María le sentó mal esa sorpresa y tuve que tirar de mi amplio repertorio de frases románticas, sollozos oportunos y miradas resignadas para que su enojo se diluyera. Después de comer, visitamos  el taller de confección de Giorgio, en la Via Condotti. Todavía llevaba el tacto de ese moaré en las yemas de mis dedos y no podía permitirlo. Así que encargué a Giorgio treinta vestidos de seda para toda ocasión.

  La noche del domingo nos alcanzó en la ruta de los amantes. Montados en un coche de caballos llegamos al belvedere del Zodiaco, donde nos esperaba la maravillosa vista de Roma y el Tíber.

  —¿No es hermoso, María? Ya ni recuerdo cómo era mi vida sin ti.

  —Es precioso. Pero, por favor, vámonos. Mañana tengo que ir a trabajar temprano. 

  —¡No te preocupes por eso! ¿En qué trabajas?

  —Te lo dije antes.

  —¿Qué?... ¡Ah, por supuesto!

  A veces me cuesta escuchar cuando estoy enamorado. Planificar todos y cada uno de los detalles de un día perfecto te vuelve un tanto ausente. Sé que me lo dijo y estoy seguro de que hasta le comenté algo. Creo que era abogada… no, diseñadora gráfica, ¿tal vez doctora? ¡Bah!, ¿qué más daba?

  —Si tanto te importa tu trabajo, mañana compro la empresa.

  —Haz lo que quieras, ¡estoy tan cansada!

  Noté cierto desdén en su voz.

  —Mi vida, ¿ya sabes cuánto te quiero?

  —Sí, ya me he dado cuenta. Pero no tienes por qué poner el mundo a mis pies.

  —¡Oh!, pero es que quiero y puedo hacerlo.

  No hace falta que les diga dónde fuimos después. Solo puedo confirmarles que sus ojos se desorbitaron cuando llegamos a la Base de lanzamiento del Hotel de las Estrellas. Si no han oído hablar de él no se preocupen, pronto lo harán. De momento, solo lo conocemos quienes podemos pagar por sus extraordinarios servicios. 

  Tardamos casi dos horas en alcanzar la órbita terrestre y acceder a la Estación Espacial Internacional. Al entrar en la habitación del hotel, una mampara se abrió, mostrando la vista de nuestra maravillosa Tierra. En ese instante podía verse América y parte de Oceanía. María no había articulado palabra desde que despegamos. La besé en el cuello. «Es una maravilla», dijo. «Solo comparable contigo», respondí. Le acerqué un traje que parecía un mono de astronauta duplicado y le pedí que se desnudara.

   —¿Para qué es? 

   —Póntelo.

   Dentro del traje, nuestros cuerpos estaban tan pegados que parecían fundirse en uno solo.

   —Valentín, no me encuentro bien, no me apetece demasiado…
  
  —Calla y no pienses en nada —le susurré mientras buscaba, en el panel de la pared, el botón que anulaba la gravedad. Enseguida nuestros cuerpos empezaron a flotar. Estiré de una cinta y el traje se ciñó aún más sobre nosotros. Le introduje mi masculinidad con la destreza habitual. Aumentando la fuerza de mis embestidas conforme aumentaban sus jadeos.

   Ahora sé que debí haberle hecho caso. Estoy convencido de que seguiríamos juntos si nos hubiéramos acostado tranquilamente para dormir. Pero estarán conmigo en que hubiera sido un pecado no haberlo hecho en semejantes circunstancias. Sin embargo, cuando nos encontrábamos a apenas dos sacudidas de alcanzar el clímax, ella vomitó. Trozos de fetuccini, rosas glaseadas y una mezcolanza de cócteles, margaritas, champán y lambrusco comenzaron a flotar por el habitáculo. A duras penas pude reprimir una arcada. Nunca podrán imaginar los esfuerzos que tuve que realizar para llegar al panel y activar el succionador. Afortunadamente, ese hotel lo había diseñado gente lista de verdad.

   Tras limpiar el ambiente y volver al modo gravedad, ella se acostó.

   —Prométeme que no hay más sorpresas y que mañana me llevas a casa.

   —Te lo prometo. Por cierto, ¿eres católica, judía, protestante o atea? 

   —Dios mío, ya ni lo sé. Solo quiero dormir.

  —Bueno, imagino que católica ¿Tienes mucha familia? Creo que podríamos casarnos el fin de semana que viene.

   Ella no respondió. Al poco escuché sus ronquidos. Me senté frente al ventanal. En ese instante amanecía en Asia. Encendí la tableta electrónica y continué con la planificación. Fijé la boda para el sábado y, a juzgar por sus ronquidos, concluí que era necesaria una visita con el otorrino. 

   Finalmente, me bebí una botella de Bourbon con limón antes de acostarme.

  Al despertarme, comprobé que era martes. Y ella se había ido. Me levanté de un salto. Busqué alguna nota, algún mensaje en el ipad. No había nada. Entonces, caí en la cuenta de que no tenía su teléfono; ni siquiera sabía cómo se apellidaba.

  Sé que estuvo consultando mi agenda. ¿Acaso le abrumaron mis planes de futuro? Como las demás, María no supo valorar todo el amor que le ofrecía. Me da lo mismo, seguiré buscando. La mujer de mi vida debe estar en algún lugar.

   Esperándome.

©David Rubio Sánchez. Relato y dibujo.

85 comentarios:

  1. ¡Qué bueno! Has jugado con el lector, al menos conmigo, a la hora de presentar el protagonista. Aunque a mí no me resultó atractivo en ningún momento (los príncipes azules me dan repelús), mi percepción de él fue cambiando según avanzaba el relato.
    Al principio un dandy, luego un presuntuoso, luego un psicópata tarado y, por último, un pobre infeliz. ¡Genial, David!
    Un abrazo, maestro.

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    1. Gracias, Paloma. Me alegra que hayas percibido esa evolución del personaje. Un tipo que sin duda es todo un psicópata del amor. Y es que hay gente que más que confunde el romanticismo con estar enamorado del Amor, no de la persona. Me alegra que te haya gustado este relato tan exagerado. Un abrazo!!

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  2. Pobre mujer de su vida, con un individuo tan controlador y posesivo no tendrá tiempo ni para pensar una mínima frase en soledad. Pobre esa mujer y todas las mujeres de su vida que encuentre.
    Un relato muy entretenido, bien escrito y divertido. Me gustó mucho.
    Un saludo.

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    1. Gracias, Ángeles. Desde luego que la peculiar concepción de este personaje sobre la relación de pareja es cuando menos claustrofóbica. Me alegra que te haya resultado una lectura amena que es lo único que pretendía. Un abrazo!!

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  3. "A veces me cuesta escuchar cuando estoy enamorado". Bueno... es un detalle, jaja. Genial y entretenido. ¿Cuento de terror? jaja Lo he disfrutado en grande. De la ironía también se aprende. Un fuerte abrazo David

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    1. Gracias, Vivian. Pues ahora que lo dices quizá podría entrar en un género de terror romántico, je, je, je... Me alegra mucho haberte sacado esa sonrisa. Te aseguro que es el máximo elogio que puede recibir un relato como este. Un abrazo!!

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  4. Un aplauso maestro, has logrado la genialidad con este Galán de noche que es de premio de concurso literario. Un relato arrebatadoramente irónico, lúcido y en esa primera persona que tanta cercanía aporta al lector. Casualidades de la vida, te diré que también conocí a una chica un domingo aproximadamente a las 0'30, es decir un lunes ya, y con un nombre muy parecido al de tu protagonista. Eso si, no la pude llevar al Hotel de las Estrellas, ja,ja,ja. Vaya personaje, y vaya trama has tejido. No me extraña que María saliera huyendo, incluso sin traje de astronauta. Felicidades David, un fuerte abrazo.

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    1. Gracias, Miguel. Seguro que tu compañía, aun sin Hotel de las Estrellas, sería mucho más agradable que la ofrecida por este Valentín. La primera persona la suelo utilizar a cuenta gotas, pero creo que en este caso no podía coger otro narrador. Me alegra que lo hayas disfrutado. Un abrazo!!

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  5. Qué agobio de hombre, claro que ha salido huyendo y menos mal que no tiene su teléfono, esos amores tan obsesivos que se olvidan del otro para moldearlo según sus gustos y disgustos me aterran.
    Me he reído con esa verruga que tenía vida propia aunque me ha llegado a dar repelús jajaja
    Muy interesante como has ido desarrollando al personaje y nos has ido introduciendo en sus manías hasta hacernos ver qué tipo de relaciones enfermizas establecía, muy logrado y todo teñido de ese humor tan peculiar.
    Un abrazo

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    1. Gracias, Conxita. Un relato así solo puede ser narrado y leído desde el humor, o al menos desde la ironía. Este Valentín no deja de ser una caricatura de ese romanticismo mal entendido que parece amar más al Amor que a la persona. Y desde luego que el frío espacio es una compañía más agradable que este galán de noche. Un abrazo!!!

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  6. Un relato genial, David, con un protagonista fuera de todo molde jajajaja. Me ha encantado cómo ha ido evolucionando de galán adorable a controlador insufrible. Ni todos los lujos del mundo pueden pagar el tener que soportar a un plasta semejante al lado. Confieso que sus planes me estaban irritando tanto como a María, pero tampoco podía dejar de sonreir :))

    Muy bueno, un cócktel perfecto de humor, ironía, sorpresa y amor. ¿Qué más se puede pedir?.

    ¡Un abrazo enorme!

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    1. Gracias, Julia. Desde luego el tipo se iba viniendo arriba conforme avanzaba su relación. Me parece que la pobre María tendrá pesadillas con el Amor durante bastante tiempo, je, je, je. Un fuerte abrazo!!

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  7. Jajaja, David, lo que me he reído... tu Valentín me recuerda vagamente a Pepe Le Pew, ¿será por París? Jajaja. Aunque lo que de verdad creo es que está enamorado de sí mismo, el muy cretino... porque puede permitírselo, por supuesto, pese a que todo su dinero no es suficiente para tener uno de sus amores de la vida a su lado, a menos que la retenga contra su voluntad. En fin, que te has burlado bien del romanticismo y su enésima celebración ;) Estupendo relato :) Abrazo enorme.

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    1. Gracias, Eva. Pues fíjate que cuando lo estaba revisando me acordé de ti. No por María. Ni por Valentín, claro. Más que nada por la forma de estar narrado, en esa primera persona y con ese punto socarrón y de humor negro tan característico de tus relatos. Un fuerte abrazo!!

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    2. Caramba, David, pues muchas gracias por la parte que me toca :) ¡Abrazo!

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  8. Jajajaja madre mía, Valentín es un tarado!! Además, inconformista porque en poquito tiempo empieza a ver defectos por todas partes. Creo que lo peor es que no se da cuenta de que su actitud no es sana, y como para él hace las cosas bien, no entiende por qué las mujeres huyen.
    Yo creo que habría salido corriendo mucho antes jajajaj así que la protagonista tuvo paciencia de santa!!
    Me ha encantado, es irónico y tiene humor inteligente!! Felicidades :)) un besoteeee

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    1. Gracias, María... ¡María! Ay, ay, ay como te vea el bueno de Valentín... Tranquila que yo me encargo de mantenerlo a raya, je, je, je... Amar es aceptar y querer las imperfecciones, al menos tanto como las perfecciones de la persona amada. Este tipo buscaba un Amor tan perfecto como insano. Un fuerte abrazo!

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  9. Mientras bajaba hacia el espacio en blanco con la palabra "agobio" en el pensamiento, he visto que Conxita se me había adelantado. Desde luego, hay amores que matan.
    Muy bien escrito, como siempre.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Macondo. Desde luego que sí, aunque literalmente maten de hastío y agobio como dices. Un abrazo!!

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  10. ¡Ay David! ¡Qué agobio!
    Supongo que para un escritor será todo un logro poder transmitir sentimiento a los lectores a través de sus letras; pero... entre los pelos de la verruga, la descripción del vómito y lo pesado que es Valentín, me has tenido pegando respingos en la silla todo el rato al leerte.
    En lo que sí estoy de acuerdo con Valentín es que a la persona de tu vida se la conoce nada más verla. Yo, sin embargo, tuve suerte y viví primero el lunes, luego un martes, el miércoles también, y el jueves,...
    Un abrazo

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    1. Gracias, Macarena. La verdad es que escribir te da el privilegio de abandonarte y meterte en la piel de personajes tan distintos a uno como este Valentín. Eso es lo más grande, una satisfacción difícil de explicar. Menos mal que dejé de ser Valentín cuando puse el punto y final.
      P.D. ¡Qué comentario tan bonito para Yayo! Un fuerte abrazo!!

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  11. Jajaja, que agobio de Valentín. Tenía poder, dominio, avión privado. Me he reido, me he agobiado, y me ha parecido que el punto gracioso era la verruga que tenía vida propia. Eres un gran escritor que nos hacer disfrutar de la lectura sin parar. Un abrazo

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    1. Gracias, Carmen. Hay que gente que a fuerza de buscar la perfección consigue destruir lo que se le ponga por delante. Creo recordar un cuento en el que un sabio alquimista conoció a una hermosa mujer. Su belleza apenas presentaba una mínima cicatriz en la oreja, imperceptibles para todo el mundo menos para él. Al preparar un brebaje para quitársela la mató. El detalle de esa verruga lo tomé de esa historia que leí hace años. Un fuerte abrazo!!

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  12. Hola, David. Este personaje de Valentín es del todo subrealista: muy pagado de sí mismo, egocéntrico, presuntuoso, ¿el amor está en venta? Eso cree él, que sus millones, sus buenas maneras, viajar en Concorde, y todos los lujos inimaginables podrá conquistar el corazón de una mujer, en éste caso, de María. ¡Pobrecilla ella con toda su vida planificada!

    David, desde luego has rizado el rizo, y te ha salido la antítesis de relato de amor, bueno, viniendo de ti cualquier relato se sale de lo establecido. Siempre tienes el poder de conquistar a los lectores con un final sorprendente. Y es que en literatura, siempre, siempre hay que sorprender al lector.

    No he comprobado si los príncipes azules existen: lo que sé es que el amor incondicional, sin barreras, lo hay: está en la habitación de al lado ;)

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    1. Gracias, Lola. Por lo que estoy comprobando, el relato está sirviendo para unos comentarios muy bonitos dedicados a vuestros maridos o parejas... Así que el relato, después de todo, bien cumple su cometido amoroso. Este es uno de los pocos relatos que comencé a escribirlo sin tener ni idea de la historia. Por eso aún presenta esa introducción un tanto larga. Me dejé llevar y al final salió esta historia. Quizá eso explica que sea tan estrambótica. Un fuerte abrazo, Lola!!!

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  13. Tremendo David. Comencé a leerlo ayer pensando en un relato breve y... Me enganchaste un buen rato. Pero no pude dejarlo, te lo aseguro. Me encantó. Cómo vas dando forma poco a poco a ese personaje pagado de si mismo, es todo un alarde de técnica narrativa. Un compendio de técnicas de ligue que me ha hecho reírme a carcajada, me ha recordado tiempos pasados, ja ja (lo de la astronomía y la quiromancia no tiene precio) Detalles impresionantes que nos meten de lleno en la mente del "monologuista", como el de la tela moaré. El final en el Hotel de las estrellas, apoteósico. Sabes, no sé por qué, me estaba imaginando a Robert Downey Jr. en el papel de millonario excéntrico. Una cosa: el croissant Ispahan, ¿te lo has inventado, no? Porque tiene toda la pinta, ja ja.
    Puedes estar orgulloso de este trabajo, David, has hablado desde el personaje, me lo he creído. Eso es escribir.
    Solo hay una cosa que no me ha gustado... ¡El bourbon con limón! Donde se ponga un buen escocés en las rocas, ja jaaaa
    Un fuerte abrazo amigo

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    1. Gracias, Isidoro. Desde luego, Robert Downey, Jr. daría muy mucho la cara de este personaje... aunque para un friki como yo siempre será Tony Stark, como Christopher Reeve es Superman... Y tengo una gran noticia para ti. ¡Ese cruasán existe! Búscalo en google y verás recetas, fotos, etc. En realidad todos los detalles snobs son post sriptum me pasé unos buenos ratos buceando cócteles, lugares y delicatessen con las que adornar el relato. Lamentablemente no tengo tanto mundo como Valentín. Un fuerte abrazo!!

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  14. Con este Valentín se me han quitado las ganas de celebrar San Valentín, ja, ja. Qué empacho de romanticismo, no me extraña que María saliera corriendo. Pero en el fondo me da pena el pobre hombre y espero que encuentre al "amor de su vida".
    Te felicito, David. Eres buenísimo con los relatos de humor. Un beso

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    1. Gracias, Ana. Te agradezco mucho tu comentario, el humor es algo que me cuesta mucho. Soy más de ironía y un punto de mala leche. Humm, no puedo imaginar qué clase de mujer podría soportar semejante dosis de amor, je, je, je... pero sin duda siempre hay un roto para un descosido. Un abrazo!!

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  15. Felicidades David, magnifico relato. Ha sido muy entretenido pero la verdad es quegalanes de noche como este no quiero para mí. Un saludete!!

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    1. Gracias, Vicenta. Desde luego no es el tipo con el que uno podría pasar una vida de color de rosas. Un abrazo!!

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  16. Una más de tus genialidades, David. Yo, de ella, hubiera huido hasta Alfa Centauro y más allá, jejeje.
    Un finolis perfeccionista y controlador como él poco tiene de romántico.
    Todas y cada una de las "secuencias" me han resultado impagables, sacándole todo su jugo a la situación.
    Hay que reconocer que el tipo era un gran conocedor de cómo debe comportarse un amante, aunque su puesta en práctica no fue la más adecuada. Lo del conocimiento de astronomía para mostrar las estrellas por su nombre y darle así un mayor toque romántico a un encuentro en plan ligue, suena muy bien pero a mí, de jovenzuelo, no me funcionó, jajaja.
    Sigo, sin embargo, preguntándome dónde fue a parar la chica, jeje.
    Un relato estupendo.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Josep. La verdad es que yo lo utilizaba mucho aunque jamás me resultó tampoco, je, je, je... Desde luego el tipo es tan experto en las artes amatorias que me parece que alcanza la psicopatología, je, je, je... Me alegra que te haya gustado. Este relato es el único que recuerdo haberlo empezado sin tener la menor idea de la historia, de esos que comienzas a escribir y las teclas te van llevando a algún sitio. Un abrazo!!

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  17. Otra risa y sonrisa que consigues provocar en tus lectores, David.
    Bueno, he de decir que desde fuera uno le encuentra la gracia, pero de ser la amada de este psicópata obsesivo del amor, me daría de todo menos la risa. Yo no sé otras mujeres, pero casi que prefiero un hombre más sencillito, a uno que me lleve al espacio y que haga que se me revuelva el estómago de tanto enamoramiento enfermo jaja.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias, Sofía. La verdad es que no soy muy dado al humor en los relatos, pero cuando el tema gira en torno al amor, la verdad es que parece que la ironía se acaba imponiendo... si es que quien no es romántico... Un fuerte abrazo, espero que no aparezca un Valentín así cerca de ti, je, je, je.

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  18. ¡¡Cómo me he divertido, por Dios!! Me encanta que escribas historias de este tipo (una, que es romántica ;-)
    Partiendo del título (que también tiene su miga), me ha parecido fantástica la historia que cuentas, dadas las fechas que se avecinan, comenzando por el final para volver a él después de toda la "odisea", terrible para ella y fabulosa para el galán (en parte solamente; digo en parte porque: que si el pimpollo, que si la verruga, que si el moaré...)
    Era todo un entendido. ¡Si hasta sabía que un perfume fresco no era para la noche! Jajaja

    Absoluta tu genialidad, David. Con la sonrisa me quedo.

    ¡Besos!

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    1. Gracias, Chelo. La verdad es que esta es la magia de contar historias, te permite meterte en la piel de personajes que son las antípodas de uno. Valentín era un tipo más enamorado del Amor glamuroso que del Amor real, ese que hace que la vida en pareja sea una suma que enriquezca a ambos miembros. Y me encanta esa sonrisa. Un abrazo!!

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  19. Un galán al que no le falta de nada... materialmente hablando, claro, porque lo que es en personalidad... en fin, está claro que no se puede tener todo, jaja. Humorístico e irónico relato, David. Besos.

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    1. Gracias, Manoli. Desde luego que para un príncipe azul que os traigo... je, je, je. En el fondo es la vida, desear lo que no se tiene; despreciar lo que sí está en nuestra mano. Un abrazo!!

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  20. ¡Ay pobre María! todo lo que tuvo que aguantar. Qué pesado este Valentín, con tantas "atenciones", al final era un cansino, eso es lo que era..y encima rico. Un cuento muy divertido y entretenido.¡Qué imaginación! Un abrazo David.

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    1. Gracias, Mirta. Si es que ya no se puede ser galante, y mira que lo ha intentado el hombre, je, je, je. Me alegra que te haya divertido. Un abrazo!

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  21. Hola David. Valiente pesado y cansino el tal Valentín, ¿no? Me recuerda a Artie Ziff, el ricachón de los Simpsons que persigue a Marge.
    Un relato muy divertido y bien escrito, como de costumbre. Por cierto ¿a que participaste con él en el Relato del mes, de Jorge Moreno? He reconocido ese inicio; yo lo hice con un relato llamado "Punto de inflexión... ¡Exterminio!"
    Un abrazo compañero.

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    1. Gracias, Bruno. ¡Pues sí! Voy recopilando relatos que he ido publicando y varias redes y aprovecho para darles un lavado de cara. Este fue el último relato que escribí en aquella web y el único que he escrito sin tener la menor idea de cómo sería la historia. Me puse en modo primera persona y fue saliendo. Seguro que leí ese relato para las votaciones... y desde luego el título ya indica un relato 100%Bruno Aguilar. Un fuerte abrazo!!

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  22. En situaciones así, leyendo tu texto, es que agradezco no ser mujer para tener que aguantar a galanes de esta índole. Los hombres somos muy bestias a veces. Por suerte el humor que utilizaste le quitó algo de gravedad al asunto jaja ¡Muy bueno!

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    1. Gracias, Julio David. El humor que nace de llevar al extremo ciertas actitudes creo que siempre es la mejor manera de transmitir la crítica o denuncia. En este caso el machismo, aunque vestido de seda. Un abrazo!!

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  23. Un maltratador psicológico en toda regla. Con lo poco que me gustan a mí ciertas sorpresas... Me queda la intriga de cómo saldría la pobre del Hotel de las Estrellas y de la Estación Espacial, pero saber que ha podido escapar sin dejar rastro, me compensa la curiosidad insatisfecha.
    Realmente genial.
    Un beso.

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    1. Gracias, Rosa. Creo que con el sujeto que tenía al lado, seguro que María se las arregló fantásticamente bien para escapar. No hay prisiones, cuando existe la motivación adecuada, je, je, je... Me gusta que hayas visto que el relato es, sobre todo, una parodia del machismo, de esos hombres que consideran a la mujer un mero objeto al que hay que llevar, traer, controlar o anular.
      Como se dice el galanteo no deja de ser la versión amable del machismo. Un fuerte abrazo!!

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  24. ¡Qué asquito de hombre!¡Tal cual!... no me extraña que la chica vomitara, ...pero que agobio por favor!!!!!!!!!!!!!!
    Es un relato más que conseguido, has conseguido que, especialmente las mujeres, sintamos tirria por el tal Valentín, no compensa aguantarlo por muchas pelas que tenga. El ritmo es trepidante, al principio solo me pareció un hombre caprichoso, cursi y predecible (las cien rosas, las frases hechas...) y fue creciendo su patología hasta límites de suicidio, seguro que la chica se lanzó al espacio, fijo.
    David, entre relato de terror y humor ácido ;)
    Muy bueno compañero.
    Un abrazo de lo fuertes.

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    1. Gracias, Isabel. Pues mira que pensaba que Valentín era un buen partido, je, je, je. ¿Quién sabe si nos la encontramos en Luna? La verdad es que el relato no deja de ser una parodia del machismo, en este caso de ese machismo vestido de seda pero que parte de considerar a la mujer como un mero objeto al que manejar. Desde luego, Valentín era un psicópata del amor. Y es verdad que cuando trato el amor siempre me acaba saliendo la vena de humor ácido. Un fuerte abrazo!!!

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  25. Estupendo relato, David, en el que he acabado agotada como la protagonista. Los amores obsesivos son terribles. Está muy bien ver cómo evoluciona ese personaje hasta la chaladura total. Nos haces llegar a ese punto de sonrisa y de complicidad, porque sin ir al extremo todos conocemos a algunas personas que abordan el cortejo como unos auténticos pelmas. He pasado un buen rato. Un abrazo.

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    1. Gracias, Lana. Creo que todos los hombres hemos caído en alguno de los truquitos de Valentín, aunque encontrar alguno que lleve el galanteo a estos niveles espero que sea difícil. Me alegra que te haya hecho pasar un buen rato. Un abrazo!!

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  26. ¡¡¡¡Hola!!!!
    Qué bueno, me has atrapado. Me gusta mucho como evoluciona el prota, bueno, me gusta como lo has hecho no el prota, jejeje, que es tela marinera.
    Enhorabuena, un relato de diez, de verdad.

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    1. Gracias, Gema. Me alegra que hayas disfrutado de las andanzas de este galán de noche más enamorado del Amor que de la persona. Un abrazo!!

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  27. ¡Hola! ¡Qué relato más entretenido! Me ha encantado Valentín, me ha hecho mucha gracia con sus ideas ¡pero qué hombre asfixiante! Ovarios los que tuvo María para aguantarlo tanto sin salir corriendo antes. Me gustó mucho.

    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Roxana. A juzgar por los comentarios me parece que Valentín va a tardar mucho tiempo en encontrar pareja, je, je, je... Desde luego que ante un tipo así salir al espacio sin traje presurizado tampoco es tan mala idea. Un abrazo!!

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  28. Muy entretenido y divertido jajaja XD ¿quien se imaginaria algo como eso al final? :v

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    1. Gracias, Anónimo. Te agradezco el comentario. Saludos!!

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  29. La verdad es que estoy tratando de imaginarme al personaje en mujer y sólo de pensarlo me dan ganas de salir corriendo. No está nada mal eso de viajar de un lado a otro, pero esa obsesión por dirigir la vida del otro no parece muy sana. Has creado un personaje que parodia el amor romántico llevándolo al absurdo, en la persona de alguien que está convencido que puede comprar todo lo que desee, incluso el amor. Por cierto, se podría hacer una segunda parte con el destino de la chica ¿dónde se habrá escondido en el hotel espacial y como piensa regresar? claro que a estas alturas igual está flotando por el espacio. Buen relato David, un abrazo.

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    1. Gracias, Jorge. Pues fíjate que podríamos crear un subgénero llamado "Terror romántico". ¿Quién sabe? En el fondo es una parodia del machismo que ve a la mujer como un mero objeto. Y me alegra mucho esa vuelta de tuerca que propones, ¿te apetece escribirla? Me encantaría leer por la versión mujer, esa Valentina que te has imaginado. ¡A ver qué te sale! Un abrazo!!

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  30. Qué cansinos son los Pigmaliones con sus manías desorbitadas, sus obsesiones, sus locuras aunque dan juego para hermosas historias tipo My Fair Lady como no, Psicosis o ésta tuya propia, por ejemplo.
    Felicidades, todos estamos con la chica y aborrecemos al plasta.
    Un abrazo

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    1. Gracias, doctor. Pues fíjate que pensaba que le encontraría pareja, pero veo que el pobre Valentín va a tener que seguir buscando eternamente, je, je, je. Un abrazo!!

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  31. Bravo, me ha encantado, es un relato genial, ahor ate digo como mujer que yo también hubiera optado por irme, jeje ,no podría aguantar, al principio vale, pero según le va proponiendo cosas, que agobio por favor.
    Un abrazo y por cierto el nombre ni que pintado llega el 14 de febrero.

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    1. Gracias, Teresa. Veo que la palabra agobio está siendo muy utilizada, sobre todo en el caso de las compañeras. Me parece que a este paso no le voy a encontrar pareja a Valentín. Un abrazo!!

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  32. jajaja, qué bueno David, para echar a correr y no mirar atrás. Me estaba poniendo mala sólo de imaginarlo, que tío más cargante el Valentín. Estupendo relato, he disfrutado mucho leyéndolo, me dejas con una sonrisa que espero me dure todo el día.

    Abrazos.

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    1. Gracias, Mer Mer. Esa sonrisa es desde luego el mejor regalo que este relato puede recibir. Entonces no te paso su teléfono, ¿verdad? Un abrazo!!

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  33. Hola, David
    No tienes idea de la entretenida que he dado leyendo tu estupendo relato. Tu protagonista le dio tanto trabajo, palabrería y vueltas a la chica que me transportaste de un jalon a su mundo. Que me has vivir la angustia de esa mujer! Magnifico, David. Me encanta como escribes.
    Un abrazo!

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    1. Gracias, Yessy. Celebro que te lo hayas pasado bien leyéndolo. Para mi la Literatura es, sobre todo, entretenimiento. Por supuesto es un arte y como tal debe transmitir cosas, pero nunca debe olvidarse de que el lector siempre busca evasión. Me encanta haberlo conseguido... aunque no le encuentre pareja a Valentín. Un abrazo!

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  34. Genial y divertidísimo. Ironico y muy ácido.

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    1. Gracias, Marta. Me alegra que te lo hayas pasado bien con el bueno de Valentín. Un abrazo!

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  35. Qué horror, ¿y como se llama este tipo? por si me lo encuentro, eso de que alguien te regalará la luna me lo voy a tomar muy en serio. A este señor las órbitas le sientan bastante mal. Planificar la vida como si fuera la última vez, puaf, prefiero tomarme un vino en la mesa camilla y arrumacos de amor. Ha sido genial, qué impactante debe ser conocer alguien así y vivir tan intensamente; no me extraña que la chica del vestido verde haya vomitado jeje. Genial David, gracias. Un beso

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    1. Gracias, Eme. Entonces, ¿no te interesa el bueno de Valentín? Mira que el hombre se toma muy en serio las cosas del amor. Y desde luego a romántico no le gana nadie... Je, je, je. Bueno, no deja de ser una parodia del machismo y su concepción de la mujer como objeto al que traer, llevar, vestir o pulir. Un abrazo!!

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  36. Me ha encantado tu relato de terror David! ;)
    Buen fin de semana!

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    1. Gracias, Norte. Pues sí, podría ser Terror romántico. Un abrazo!

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  37. Un rapto en toda regla, con la billetera por delante. Después de la machada de Elon Musk estas escapadas a la exosfera seguro que serán más plausibles. ¿Y al final, ella cómo escapa? ¿O es todo creación desquiciada de ese millonario harto de todo? Me ha gustado la mezcla de géneros y ambientes, la vorágine a la que conduce a veces no saber decir que no.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Gerardo. Más pronto que tarde me imagino que ese hotel será una realidad, seguro. Bueno, creo que la pobre María no podía imaginarse cuánto amor era capaz de dar Valentín. Un abrazo!

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  38. ¡¡¡ Que agobio de hombre !!! que horror, amores así mejor no ... por mucho dinero que tenga ese Valentín al final creo que no va a encontrar quien comparta su vida.
    En cuanto al relato es fantástico,de lectura que atrapa, y con un final inesperado.
    Un abrazo David.
    Puri

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    1. Gracias, Puri. Desde luego "agobio" es la palabra más utilizada en los comentarios, je, je, je... Si es que a veces no se sabe poner límites al amor y pasa lo que pasa. Me alegra que te haya entretenido y atrapado, Puri. Un fuerte abrazo!!!

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  39. ¡Por Dios!! Qué peligro tiene ese tal Valentín!!
    Me ha encantado el relato David, me he imaginado cada escena y me he reído un montón, bueno siendo sincera me he agobiado y me han entrado ganas de mandarlo a....
    Cada escena que narraban iba subiendo el tono hasta hacerlo realmente claustrofóbico, el Espacio era lo que faltaba jajaja
    Enhorabuena David, siempre consigues relatos que enganchan.
    Un abrazo muy grande.

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    1. Gracias, Xus. Desde luego, Valentín tenía un retorcido sentido de lo que es amar a alguien. Me alegra que hayas sentido ese agobio que sin duda sintió María. Un fuerte abrazo!!

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  40. Vaya pedazo de relato te has sacado de la manga, David! Me ha parecido simplemente magistral, enhorabuena. Vaya personaje el Valentín, jajaja, iba imaginando como la chica se iba agobiando poco a poco, tanto, que ni siquiera su inconmensurable fortuna valía la pena si tenía que seguir soportándolo.
    Desde luego, el hombre tendría que invertir tiempo en un psiquiatra, porque es un psicópata en potencia. Un fuerte abrazo! ; )

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    1. Gracias, Ramón. Pues sí que podría ser un psicópata del Amor, je, je, je... Bueno, el relato exagerado no deja de ser una crítica a ese postureo romántico que ama más al Amor que a la persona amada. Un abrazo!!

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  41. Hola, David!
    He disfrutado un montón con tu relato! Estupendo, como todo lo que haces!
    Pero, uffff, me he agobiado al ponerme en la piel de esa chica. Conocer a alguien como Valentín tiene que ser más como un castigo que una suerte, eso de que te controlen incluso más citas del médico sin ni siquiera consultarle debe de molestar, y asustar... Por ese control me ha recordado a amante más controlador sobre los que he podido leer, Christian Grey, también poseedor de un egoísmo que el mismo desconoce, como le pasa a Valentín. Estaría genial seguir conociendo historias suyas, y que al final se topará con alguien como el, te imaginas? Seguro que, en ese caso, él sería el primero en salir escopetado!
    También te quería decir que tú forma de escribir este relato ha logrado inspirarme. La manera en la que has empezado a introducirnos en la historia ha hecho que me imaginaba una historia completamente diferente a la que he acabado leyendo, enganchada total.
    Un abrazo, amigo!

    PSDT (para Valentín):Valentín!s alguna vez quiera la luna ya me la bajo yo solita!!

    (Tenía que decirlo...)

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    1. Gracias, Ana. Ja, ja, ja... Genial cierre de comentario. Bueno, es un relato exagerado, pero que ha intentado una parodia de esa forma de amar absurda en la que se pretende la perfección del otro y de la propia relación. Esa figura del príncipe azul siempre me ha parecido una forma bella para referirnos a una relación enferma, aquella en la amar significa depender del otro. Un abrazo!!

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  42. ¡Genial relato, David! Aunque, si yo hubiera sido María, creo que no hubiera reprimido las ganas de darle una merecida hostia a Valentín. O quizá más de una. Desde luego, la primera se la llevaría con el comentario de la verruga, ja, ja, ja. Aunque, en el fondo, lo de la verruga más o menos lo entiendo porque tuve un novio que tenía el cuerpo lleno de verrugas y lo cierto es que da un poco de grima porque llega un momento en el que ya no sabes dónde vas a ponerle las manos. Pero claro, María sólo tenía una, ja, ja, ja.
    El segundo guantazo no sé dónde se lo daría, pero desde luego, no me subiría ni en el yate (es demasiado fácil tirar un cadáver al mar) ni tampoco en un avión privado. ¡Cuánto majadero hay suelto!
    Eso sí, a Valentín lo vamos conociendo gradualmente: primero un chulito, luego un majareta y, por último un pobre patético.
    ¡Muy bueno el relato, felicitaciones, maestro!

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    1. Gracias, Noemí. ¡Madre mía, con ese novio! He comenzado a imaginarlo... Bueno, veo que nuestro Valentín va a tardar en encontrar la mujer de su vida, je, je, je... Me alegra que te haya divertido esta parodia de eso que se llama el "Príncipe azul" o la eterna espera del Amor perfecto. Un abrazo!!

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