jueves, 7 de diciembre de 2017

BUCLE

"BLOGS DE RELATOS", "SUSPENSE", "CONCURSO RAPHAELISTA", "BLOG DE RELATOS", "PERSECUCION", "TRAMA CIRCULAR", "ASESINATO EN SUBTERRANEO"

   El día a día, las cadenas de la rutina que poco a poco nos van acogotando, haciendo que pisemos las mismas baldosas de la acera... ¿quién no ha deseado que el azar las rompa, aunque sea por unos instantes, en el momento más inesperado? Pero cuidado, tal vez entonces nos demos cuenta de que la rutina no es la cadena que nos ahoga, sino la cuerda que evita nuestra caída.

   Sea como sea, eviten los pasos subterráneos...



    Siempre se olvidaba del pan. Y eso que era lo último que le decía su mujer antes de salir de casa por la mañana. No un «que tengas un buen día» o un beso. «Que no se te olvide comprar el pan cuando regreses del trabajo». Pese a ello, solo se acordaba del pan cuando ya buscaba las llaves para entrar en su portería.

     Esa tarde no fue distinta.

    Aprovechó para encenderse un cigarrillo mientras recorría las dos calles que le separaban de la panadería más cercana. Conforme exhalaba las bocanadas de humo pensaba que su vida se consumía con similar rapidez, encorsetada en un bucle que se repetía día tras día, pisando una y otra vez las mismas baldosas de la acera. 

   Al llegar a la panadería chasqueó con desagrado. Un folio, enganchado con cinta aislante en la persiana metálica, informaba de que ese día habían cerrado por defunción. Miró el reloj. Eran cerca de las ocho de la tarde. ¿No querías algo que te sacara de la rutina? Ahí lo tienes, se dijo. Y sin embargo se sintió enojado. Como cuando sus hijos le pedían que jugara con ellos y él, cansado, gruñía pero al mismo tiempo se enrabietaba por no saber disfrutar de ese momento. 

    Si se daba prisa podría llegar a la panadería que quedaba cerca del metro. Encendió otro cigarrillo y reanudó la marcha con paso acelerado.

    Cuando llegó a la carretera que limitaba su barriada, el semáforo cambió a rojo antes de poner pie en la calzada. Permanecería en ese color durante casi tres minutos, así que decidió cruzarla por el paso subterráneo. 

   Unos periódicos viejos y arrugados se amontonaban en los peldaños que llevaban al túnel apenas iluminado por unos fluorescentes que titilaban. Al bajar, observó en el otro extremo a un par de hombres que forcejeaban. Se detuvo. De ninguna manera cruzaría al lado de esos borrachos que seguro le involucrarían en su chaladura. De repente, uno de ellos agarró al otro por el cuello y este perdió el equilibrio. Cayó al suelo y braceó impotente, desesperado, intentando liberarse de la presa que ejercía el que permanecía encima de él. No te metas, musitó mientras volvía la mirada hacia la escalera, esperando que alguien hubiera tenido la misma mala idea de ganar tiempo cruzando el subterráneo. Pero nadie asomó. Decidió marcharse, pero antes de pisar el primer peldaño dio un último vistazo hacia el interior del túnel. El hombre que braceaba dejó de hacerlo. Sus brazos se derrumbaron como los de un títere al que le hubieran cortado los hilos. El que estaba sentado sobre su pecho dejó de estrangularlo y levantó la vista.

   De un salto, pudo superar hasta tres peldaños. «No me ha visto, no me ha visto», se repetía mientras corría escalera arriba. Enzarzados en su disputa, no podían haberse percatado de su presencia. Que ese hombre hubiera muerto no era su problema; el tipo que lo hubiera asesinado, tampoco. Solo deseaba perderse entre la multitud, como si no hubiera visto ni oído nada. Cuando alcanzó la acera se detuvo un instante para recuperar el ritmo de su respiración. Demasiado tabaco. El ruido de los coches le pareció música celestial y la compañía de todos los extraños con los que se cruzaba cada día, un coro de ángeles. Suspiró. A la mierda el pan y la bronca que le iba a caer. Y a la mierda lo que había visto, no era asunto suyo. Otros se encargarían.

    Al reanudar el paso escuchó, procedente de la escalera del paso subterráneo, una voz nerviosa que le gritó: «¡Eh! Usted, espere». No podía ser, se dijo sin girar la cabeza. «Un momento, deje que se lo explique», insistió la voz. 

    El asesino lo había visto.

  Aceleró el paso sin mirar atrás. Esquivando y, a la vez, buscando cualquier transeúnte que le ocultara de la vista de aquel asesino. Debía escapar, ir a casa, donde recibiría el reproche de su mujer por haberse olvidado del pan y las peticiones de sus hijos para jugar con ellos a la Play cuando terminaran los deberes. Dobló la esquina. Esta vez no esperó a que el semáforo cambiara a verde para cruzar la carretera. Había sido rápido. Seguro que lo había despistado. Su portería quedaba a apenas diez metros. Le faltaba solo eso para mandar el incidente al lugar de las pesadillas. Buscó las llaves en su bolsillo sin aminorar la marcha. Entonces, un pensamiento le heló la sangre. ¿Y si seguía tras él? Aunque le diera tiempo de entrar en su portería, el asesino habría visto dónde vivía, conocería dónde dormían sus hijos y su mujer. Siempre podría llamar a la policía. ¿Pero qué iba a denunciar? ¿Que había sido testigo de cómo un hombre de unos cuarenta años con el pelo moreno había cometido ese asesinato? Era muy poca cosa para que pudieran identificarlo y, mucho menos, detenerlo. Debía volverse. Debía asegurarse de que no lo seguía. Aspiró profundamente antes de voltear la cabeza y fue entonces que sintió el peso del mismo infierno caer sobre sus espaldas. El asesino aparecía, en aquel instante, por la esquina y, al ver que lo observaba, le hacía señas con el brazo para que se detuviera. 

   Guardó las llaves. Pasó por delante de su portal con indiferencia. ¿Qué daría ahora por entrar en él? El vestíbulo se encontraba iluminado. Pensó en que la anciana entrometida del quinto debía de haber entrado tras sacar de paseo a su perro. Suspiró. Miró hacia adelante. Tal vez podría dirigirse a la rambla. A esas horas los comercios se encontraban cerrados, pero las terrazas de los bares solían estar repletas. Quizá allí podría darle esquinazo. Solo bastaría un parpadeo para que lo perdiera de vista. Solo eso. 

   Siguió caminando. Sin girar la cabeza.

  Las mesas de los bares poblaban la superficie de la rambla, pero no en el número que hubiera deseado. Sentía flato. Había andado muy deprisa. A lo mejor, el asesino se había cansado de seguirlo. Observó un grupo de personas arremolinadas en una parada de autobús. Se unió a ellas y, discretamente, se giró. El asesino cruzaba en ese momento el parque de los columpios, con la vista puesta en él. Decidido a cogerlo. ¿Acaso ese hombre no se daba cuenta de que lo único que quería era olvidarse del asunto? ¿No entendía que jamás llamaría a la policía? ¿Que lo único que quería era volver a casa y ducharse con ese jabón espantoso que compraba su mujer? 

   Se sintió cansado. Sudoroso. Podría entrar en alguno de los bares. Quizá fuera suficiente. Podría coincidir con ese segundo en el que el asesino estornudara, tosiera o pestañeara. Y, si no, al menos tendría unos instantes de calma. Allí no podría hacerle daño. En el peor de los casos, si llegaba a entrar en el local y se sentaba en la barra, a su lado, podría llamar a la policía. Tal vez bastara con mostrarle el móvil; tal vez así se marcharía para no verlo nunca más. 

    Eligió el local donde quedaba con sus amigos para tomar unas patatas bravas con cerveza cuando era adolescente. Al entrar sintió el frescor del aire acondicionado sobre su piel pegajosa. Eso lo reconfortó. Se sentó a la barra, a continuación de un anciano que leía un periódico deportivo y un par de veinteañeros que tomaban un tubo de cerveza. Sus cuerpos le ocultarían de la vista del asesino pero él podría controlar la entrada. Pidió un café y resopló. En la televisión daban un partido de fútbol. 

   El camarero le sirvió el café y dejó el platillo con la nota a su lado. Cogió el sobre de azúcar y lo movió para que su contenido se depositara en el extremo opuesto al que iba a rasgar. Con disimulo, se echó sobre la barra. El asesino se encontraba detenido en mitad de la rambla, mirando a un lado y otro. ¡Lo había despistado! Ya estaba a salvo. Se tomaría el café con calma. Le daría a ese hombre el tiempo necesario para rendirse. Y entonces podría regresar con su familia. Su mujer le preguntaría por el pan, y hasta le interrogaría buscando la confesión de algún desliz de cuarentón aburrido. Lo soportaría. Incluso, hasta le haría el amor esa misma noche, aunque no fuera sábado. Escudriñó de nuevo la calle. El asesino ya no se encontraba allí. Apuró el café y dejo la moneda de euro y la de los diez céntimos sobre el platillo. Bajó del taburete y se remetió la camisa en los pantalones.

   Había anochecido. Sintió la humedad de julio al salir de nuevo a la calle. Y agujetas en las piernas. Pero también una calma desconocida en los últimos años. Sacó un cigarrillo. Uno de esos que se fumaba cuando todo había salido bien. Esos que disfrutaba calada a calada. Cruzó el parque de juegos infantiles donde unos niños árabes se balanceaban en el columpio. Consultó su reloj, hacía más de una hora que debía estar en casa. Su mujer le iba a matar. Sonrió.

  Nadie transitaba por la calle. Sus pisadas resonaban como si llevara zapatos de claqué. Y fue entonces que, sin poder ubicar de dónde, lo volvió a escuchar:

   «¡Eh, usted! Deje que se lo explique, será solo un momento. No quiero hacerle daño».

   Comenzó a correr por puro instinto, sin saber si lo hacía en dirección al asesino o alejándose de él. ¿Cómo lo había seguido? ¿Desde dónde lo había estado vigilando? Se dirigió hacia la parte vieja de la barriada, repleta de solares y casas ruinosas. Se sentía cansado. Muy cansado. Se giró. A unos veinte metros, el asesino braceaba. La poca iluminación de la calle no le impidió ver su mirada desesperada, su infatigable obstinación por darle caza: por terminar con el testigo de su crimen. Comprendió que jamás abandonaría la persecución. 

   Tenía que armarse de valor. Debía enfrentarse a él. En ningún momento lo había visto armado. Mató a aquel hombre con sus propias manos. Y no era ni más alto ni más fornido que él. Cuando menos estaban empatados físicamente. Observó un solar que lindaba con una casa tapiada con tablones en puertas y ventanas. A buen seguro, allí habría piedras voluminosas con las que defenderse.

    Al adentrarse en el solar se hirió en la pierna con unos alambres. Pero no sintió dolor. Recogió un ladrillo roto y se apoyó contra la pared de la vivienda abandonada. Escuchó los pasos acelerados del asesino. Fijó su mirada sobre las baldosas de la acera, esperando la sombra que anunciara el momento justo para abordarlo y golpearlo en la cabeza. Una gota de sudor le entró en el ojo. Sintió un escozor insoportable.

   Pero aguantó.

   Y esperó.

  Lo alcanzó de lleno en la frente. El asesino se tambaleó hasta caer sobre la acera. Lo arrastró al interior del solar mientras se retorcía de dolor. ¿Qué debía hacer? Jamás podría estar seguro mientras ese hombre siguiera vivo. Ni él ni su familia. Echó un nuevo vistazo a la calle y, tras comprobar que permanecía desierta, se giró hacia aquel asesino que intentaba incorporarse mientras un rio de sangre manaba de su frente. Cogió el ladrillo con fuerza y le golpeó de nuevo. Cayó de costado. Con premura, se sentó sobre él y machacó su cráneo, un golpe tras otro, hasta que el ladrillo se rompió y los trozos se clavaron en el rostro de aquel monstruo. Había muerto. Y él podía regresar a casa. Echó la cabeza hacia atrás. Sintió una acogedora brisa que le refrescó la piel.

   Un ruido a sus espaldas lo sobresaltó. Se giró con rapidez. Alguien corría calle arriba. ¿De dónde había salido ese hombre? Seguro que lo había visto. Seguro que pensaría que era un asesino y llamaría a la policía. ¡Lo acusarían de asesinato! Pero él no había hecho nada malo. Solo se estaba protegiendo, a él y a su familia. Tenía que hacérselo entender. Debía explicarle que él era bueno, que solo deseaba seguir con su vida maravillosamente rutinaria, que era un malentendido, que el malo era el que estaba muerto. 

   Corrió tras él. Con suerte podría alcanzarlo antes de que llegara a la rambla. Estaría asustado, pero cuando escuchara su historia lo comprendería. 

   El hombre se detuvo junto a una farola y se giró hacia él. Era su oportunidad. Levantó un brazo para indicarle que se quedara allí, que esperara.

   «¡Eh! Usted, espere. Se lo puedo explicar». 

   El tipo reanudó su huida. Estaba agotado pero no podía dejar que aquel hombre se marchará, que lo denunciara a la policía. ¡Debía hablar con él!

   «Un momento, deje que se lo explique», gritó otra vez mientras cruzaba una esquina.

   «¡Deténgase, por favor!».

   «Por favor».



©David Rubio Sánchez. Texto y dibujo.

95 comentarios:

  1. Contigo las palabras y calificativos sobran o son redundantes. Pero, aun así, te diré que tienes la gran habilidad de contar una historia de tal modo que haces vivir al lector cada una de sus secuencias. Con una aparente naturalidad pero con un ritmo trepidante, me has tenido en ascuas de principio a fin. Una historia que se repite y que puede repetirse hasta el infinito. Un temor y una angustia que va pasando de un protagonista a otro.
    Si puedo, suelo evitar los pasos subterráneos (demasiadas películas he visto en las que ese es el reducto preferido para los malhechores) pero de ahora en adelante no se me ocurrirá utilizarlos aunque, para ello, tenga que dar un rodeo kilométrico.
    ¡Genial!
    Un abrazo, David.

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    1. Gracias, Josep. La verdad es que con el tiempo cada vez me centro más en relatos con historias desarrolladas en una secuencia con un espacio y tiempo limitado en la historia. Creo que eso da más intensidad al relato, lo hace visual. Te agradezco mucho tus palabras y pido disculpas por el retraso en contestar. A veces los períodos festivos te dan menos tiempo que los laborales. Un abrazo!

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  2. Me ha encantado. Buenísimo.
    Un abrazo.

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  3. ¡Hola, David!
    Ya nunca más me quejaré de la rutina, ni del poco tiempo que tengo a veces, vamos nunca de los nunca volveré a quejarme de nada, jajaja
    Qué buen relato. No sé la razón pero las persecuciones me ponen nerviosa y voy a su tiempo, leyendo rápido porque necesito saber que sucede y básicamente huir. (¡Qué rarita soy!) :)
    Hasta que he comprendido que todos los personajes se reanudan en un bucle infinito de circunstancias similares, y parece que ninguno está dispuesto a salir de ese círculo.
    Me ha encantado.
    Un beso.

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    1. Gracias, Irene. Es lo que sucede cuando nos adentramos en estos círculos viciosos de los que nos resulta tan difícil escapar, o incluso no seamos capaces de darnos cuenta de que estamos en uno. Me pasa lo mismo que a ti respecto a las escenas de acción. En narrativa suelen provocar la lectura vertical, leer más rápido de lo normal. Aunque también se trata de eso cuando estamos escapando de alguien, je,je,je Un abrazo!

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  4. David me ha encantado, precisamente para el día 13 tengo que escribir un relato de persecución y este que has escrito es muy bueno. Yo ando con una persecución que me pasó a mi y todavia lo tengo en pañales. A ver si leyendo el tuyo las hadas me ayudan a hacer e l mío. Yo a veces paso por un paso subterráneo para pasar una carretera y ya ves creo que si paso por allí me acordaré de este asesinato. Un abrazo

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    1. Gracias, Carmen. ¡Adelante con ese relato! Seguro que te saldrá genial. Un abrazo!!

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  5. Madre mía!! que buen relato. Un saludo y gracias.

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  6. Hola David!
    Has estado a punto de ser responsable de mi asfixia. ¡Dios mio! cuanto he corrido y jadeado. Por fín, he comprendido que se trataba de una repetición o para decirlo tan bien como Irene que los personajes se reanudaban en un bucle. Jeje
    Si tu objetivo era crear taquicardias,lo has conseguido ¡te felicito!
    Un fuerte abrazo

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    1. Gracias, Ana. ¡Pues no creo que fuera tan malvado para querer provocarlas! ¿O sí? Te agradezco tus palabras y comentario, Ana. ¡Un abrazo!

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  7. Buenísimo, David. Termina donde empezó y se puede llamar el cazador cazado o la víctima convertida en verdugo. Es como el día de la marmota. Y además, tan bien escrito que te engancha y no te suelta.
    Un beso.

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    1. Gracias, Rosa. Estuve con la idea de este relato durante meses. La idea de que un perseguido se convirtiera en perseguidor en el mismo relato me encantaba. Durante mucho tiempo pensé en los motivos para que ello fuera así... hasta que me di cuenta de que no era importante por qué el primer asesino mató al otro hombre. Es lo bueno de los relatos: no tienes por qué explicarlo todo. Un abrazo!!

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  8. Buenísimo. Ciertamente los personajes están atrapados en un bucle del que no están conscientes. Leyendo tu relato se me imagina que este solo un ejemplo, una pincelada, una historia en particular, de todas las que componen esta repetición que se antoja infinita y abre la mente del lector a límites insospechados.

    Saludos salados, David.

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    1. Gracias, Julio David. El título me causó dudas, pensé que resultaría demasiado revelador. Me alegra que no haya dado pistas del final. Un abrazo!!

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  9. Pero qué bueno tu relato, amigo David, he ido visualizando las escenas, y me has acelerado los latidos, madre mía qué bien narrada la historia, si es que consigues mantenerme en tensión hasta el final.

    Te felicito por tan logrado relato.

    Un aplauso con mi admiración.

    Besos enormes y feliz tarde.

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    1. Gracias, María. Te aseguro que la admiración es mutua, cada uno con su estilo, sus historias o sus demonios. Me alegra que hayas visualizado el relato, mi primer objetivo siempre es que se vea la historia, si además entretiene es la leche y si atrapa la repera. Un abrazo!!

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  10. Y por culpa del bucle, me quedo con ganas de saber más. Jajajaja

    Tan excelente como siempre, querido amigo. Desde luego, tú si que sabes darle a la tecla. ^_^

    Un abrazo!

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    1. Gracias, Mia. De momento me apaño a lo que soy capaz de escribir. Hay muchas historias o escenas en mi cabeza que esperan su momento a que sea capaz de plasmarlas en el papel. Un abrazo!!

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  11. Entre la presentación que recuerda al maestro del suspense y el contenido que podría firmarlo el propio Hitchcock en un capítulo de aquella serie extraordinaria o quizás aquí mismo, Narciso Ibáñez Serrador en Historias para no dormir, usando el rostro de su propio padre, poco queda por decir, solo: es magistral
    Un abrazo

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    1. Gracias, Doctor. Me encanta el símil que has apuntado porque es justo la narrativa que a mí me gusta. Esas entradillas están inspiradas en las presentaciones del maestro en aquella serie que me fascinaba y las historias de suspense tanto en esa serie, como en la de Chicho o en general las de la narrativa pulp son las que de verdad disfruto. Entiendo la narrativa como una forma de entretenimiento, de evasión y eso es lo que intento conseguir. Un fuerte abrazo!!

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  12. ¡Genial David! Me ha encantado el bucle que has creado y la manera de mantener el suspense hasta el final. Además es muy visual: la rambla, el café... y con todas las pinceladas que das de la vida del protagonista nos hacemos una idea de que como es en su vida diaria. Resumiendo, me ha encantado!! Un besote :)

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    1. Gracias, María. Pues los lugares que apunto están en San Adrián, así que mejor no te pases por algún subterráneo, je, je, je... Un fuerte abrazo, María!

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  13. Perfecto título para un relato que de haber continuado podría haberse convertido en un bucle infinito de sangre, sudor y lágrimas. Muy ingenioso David. Y bendita rutina entonces, al menos para tu personaje protagonista. Y es que a veces podemos tener la sensación de no valorar las cosas más pequeñas o las más grandes de la vida, hasta que las perdemos. Como siempre al alza y con una narrativa precisa y muy visual. Una vez más felicidades por la creación de esta historia. Un gran abrazo.

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    1. Gracias, Miguel. La semilla del relato era una imagen de un tipo que estuviera huyendo pero que al final se convirtiera en perseguidor. Luego vino el título. El tema de la rutina nació para despistar, para que el lector relacionara ese Bucle con los actos repetitivos de la vida diaria. Y una cosa lleva a la otra... Un fuerte abrazo, querido Miguel!

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  14. Enhorabuena, David, logrado relato. Enhorabuena, David, logrado relato. Enhorabuena, David, logrado relato. Y así en bucle hasta que te canses, jajaja. Bromas aparte, me quedo con tu advertencia, nunca me meteré en un paso subterráneo ;) Un abrazo enorme :)

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    1. Gracias, Eva. Ja, ja, ja... Tampoco te olvides de comprar el pan por si acaso. Un fuerte abrazo!

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    2. Jajaja, tampoco, tampoco, del pan jamás volveré a olvidarme... Mira lo que consigues con tus relatos, meternos el miedo en el cuerpo a todos ;) ¡Enhorabuena!

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  15. ¡Qué buen tema David! La rutina y lo que nos puede hacer escapar de ella.
    Leyéndote, me has recordado mucho a la genial obra de Patrick Süskind, al que venero, "La Paloma", pues no deja de ser un Tratado sobre la Rutina y las consecuencias de la ruptura con ella. Por lo que veo, bastante peligrosa para muchos.
    A mí, la verdad, es que la rutina, en cierta medida, me da tranquilidad y, en cierta forma, me agobia. Supongo que como a todos. Pero nunca nunca me gustaría pasar por lo que ha pasado el protagonista de tu Historia, cuyo final nunca hubiera adivinado.
    Como siempre, me ha gustado mucho leerte. Aunque leerte me gusta siempre porque le haces dar vueltas a esta cabecita inquieta.
    Un besazo David.

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    1. Gracias, Paloma. Me apunto esa lectura. De Süskind solo he leído el perfume. Como he comentado a Miguel el tema de la rutina ha sido una manera de despistar. Al titularse Bucle pensé que incidir en este tema guardaría la sorpresa final. Aunque es verdad que cuando nos pasa algo malo, los lugares habituales como el vestíbulo de nuestra vivienda se muestran de repente lejanos y desconocidos. Un fuerte abrazo y muchísimas gracias por tus siempre motivadores comentarios.

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  16. Qué angustiosa persecución, David. Desde luego, bendita rutina. Destaco el final, porque me ha sorprendido: todo formaba parte de un bucle infernal. O eso parece. Muy, muy conseguido.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Gerardo. A veces unos bucles, sustituyen a otros. De repente algo se sale de la rutina y todo lo que hasta ese momento era cotidiano se vuelve misterioso y lejano. Me alegra haberte sorprendido. Un abrazo!

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  17. Qué bueno David!, te felicito has introducido al personaje en un bucle maldito del que ya no saldrá. Como siempre tensión y suspense a raudales que hacen de leer tus relatos toda una experiencia y, creo también, que la frecuencia de transeuntes en algunos pasos subterráneos descenderá por unos días,... por lo menos durante las noches. Feliz puente!

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    1. Gracias, Norte. Al menos en mi localidad desaparecieron hace años. Pero es verdad que la imagen de esos túneles para pasar la carretera me resultaban muy inquietantes cuando era niño. Fíjate, nunca se sabe por dónde pueden salir esos recuerdos lejano. Te agradezco tus palabras. Un fuerte abrazo!

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  18. Tienes el arte de escribir de forma que me hayas tenido intrigada de principio a fin, que buen texto, jo me ha gustado muchísimo, eso si, ahora a ve rquien es la guapa que pasa por un paso subterráneo jeje, me lo pensaré porque después de esto no es para menos jeje, aún así me ha gustado mucho. un abrazo.

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    1. Gracias, Teresa. A veces es buena idea esperar unos segundos a que cambie el semáforo, je, je, je... Pero quién sabe si entonces algún coche se despista. La vida es un riesgo sin fin, pero qué narices ¡a disfrutarla! Un fuerte abrazo!!

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  19. Pero qué bueno, David. Una historia que se puede repetir hasta el infinito. Me encanta cómo manejas la intriga, un género tan dificil. Haces que viva la angustia del protagonista. Eres muy bueno. Te felicito. Un abrazo

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    1. Gracias, Ana. El suspense depende mucho, en mi caso todo, de tener claro el final. Hay relatos en los que lo primero que llega es esa imagen, ese efecto final que atrapa. El problema es con aquellos que comienzas sin tener claro hacia dónde. En estos casos el suspense es complicado dado que no sabes qué información dosificar. Un fuerte abrazo!!

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  20. ¡Hola, David! Me ha encantado. Eso sí que es caer en un un bucle y lo demás es tontería... No me esperaba ese final en absoluto. Esperaba que lo matara, pero nada más. Me has sorprendido del todo, ja, ja, ja.
    ¡Un abrazote!

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    1. Gracias, Noemí. Este es de esos relatos que al tener claro el final puedes disfrutar de la escritura, revisar, dosificar información... Me alegra haberte sorprendido. Un fuerte abrazo!!

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  21. !Dios mio, este relato es asombroso! Dejame decirte que ya había leído relatos sobre distintos pliegues y bucles temporales, pero no tan magnifico como el tuyo. Y pensar que solo buscaba una panadería. Vaya manera tan desquiciante de entrar y quedar atrapado en este vórtice.
    Un abrazo!

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    1. Gracias, Yessy. En este caso no hay bucle temporal, ni razón... simplemente sucede, quién sabe hasta cuando. Te agradezco muchísimo tu comentario tan motivante, cuando se escribe hay veces que la cosa sale más redonda que otras. Un abrazo!

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  22. ¡Bendita rutina si "la novedad" es tan angustiosa y desesperante como la de tu prota! Un relato genial, David, y no solo porque resulte interesante o no puedas dejar de leerlo, sino porque nos enseña importantes lecciones que tu pobre personaje ha aprendido por las malas: que nunca nos ponemos suficientemente en el lugar de los otros, que no escuchamos, que nos dejamos guiar por las apariencias, que dejamos que el miedo nos convierta en seres irracionales, que la vida entera se nos puede volver del revés en un minuto, que no apreciamos lo que tenemos siempre soñando con lo que podría ser...

    Un bucle terrible que no podré olvidar a partir de ahora siempre que baje a por el pan. ¡Enhorabuena! :))

    Un abrazo y feliz noche de viernes.

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    1. Gracias, Julia. Así, entre nosotros, de las cosas que comentas unas las tenía pensadas... pero otras no. De hecho, te cuento. Este relato ganó un concurso organizado por la Asociación de amigos de Raphael. Cuando fui a recoger el premio escuché la valoración del jurado presidido por Diana P. Morales. Hablaban precisamente de la incomunicación y las apariencias... Algo en lo que yo no había pensado en absoluto. Como se suele decir el relato cobra vida en el momento que es leído y poco importa lo que el autor pensara contar. Así que demuestras muy buen ojo, Julia. Un fuerte abrazo!

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  23. Impresionante David, qué angustia y qué desesperación encontrarse en ese bucle y ser capaz de cualquier cosa. Desde luego es mucho mejor no quejarse ni de la rutina ni de ir a por el pan y de pasar por callejones nada de nada.

    Muy logrado el relato, mis felicitaciones porque corres con el protagonista y acabas atrapado en ese ¿error? y es que a veces las cosas no son como se ven y otras sí.
    Besos

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    1. Gracias, Conxita. ¿Quién sabe los motivos del primer asesinato? Pero es verdad que muchas veces pensamos que somos víctimas, cuando a lo mejor somos verdugos; que es demasiado fácil pasar de una categoría a la otra. Un fuerte abrazo!!

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  24. David ¡buenísimo!, y no solo el ingenioso bucle que has bordado, sino la angustia que has generado a lo largo de todo el recorrido. Has estado acertado en elegir como sujeto de la historia, un hombre anodino, del montón, hasta le imagino su cara de aburrimiento y de hastío cuando su mujer le recuerda que tiene que comprar el pan, y por eso precisamente, la sorpresa inicial, la angustia, el miedo...queda doblemente reflejado.
    Me fijo además en todos los verbos de acción y en las palabras que denotan violencia y temor, (los dos componentes básicos de tu relato), y son más o menos, incluso repetidas o similares, pues con la repetición se graba mejor las escenas:
    Caminar-andar-recorrer –correr-resoplar - forcejear-bracear-estrangular - cansancio-sudor– persecución- impotencia-desesperación-golpear -estrangular-matar-asesino.
    Y con todos estos ladrillos (las palabras) y tu tremenda imaginación, has conseguido conformar el estupendo relato que nos has brindado.
    Un abrazo de los fuertes fuertes David, que me ha gustado mucho.

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    1. Gracias, Isabel. Sí, he tenido en cuenta todo eso y más... je, je, je. La verdad es que cuando escribo lo primero que intento es que la historia tenga su inicio, nudo y desenlace; y luego que se entienda, que no haya frases huecas o sin sentido. Imagino que lo que comentas pasa como con la ortografía. Cuando uno escribe no está pendiente de si la palabra es llana o aguda, si acaba en vocal para el acento o si es con hache o sin ella. Seria imposible escribir así. Sale solo. Intento ver la historia como una película y plasmarla tal cual la veo. Un fuerte abrazo, querida amiga!!

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  25. Te felicito, David, por el logro de esta genial historia de suspense, ya que has logrado desde el primer momento, que el lector se identifique con el protagonista y perciba esa asfixiante atmósfera que lo va envolviendo de manera exponencial, dentro de ese "Bucle" infernal.
    Cuando lo iba leyendo me han venido imágenes en blanco y negro, recreando un fantástico thriller psicológico, al más puro estilo del genio del suspense cinematográfico, es decir Alfred Hitchcock. Se puede incluso escuchar la voz en off del narrador, que al más puro estilo británico de humor negro, nos presenta esta historia, dejándonos con un extraño temor a romper la rutina, igual que las baldosas de la acera y que nos pueda pasar algo terrible.

    Un abrazo fuerte.

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    1. Gracias, Estrella. La rutina nos agobia pero nos da seguridad, por eso cuesta tanto romperla o cuando algo se sale de ella nos resulta molesto. En ese momento todo lo que nos es cotidiano y familiar se torna lejano, inquietante. Y el ser humano es un animal de costumbres. Un fuerte abrazo y agradecido de tu excelente comentario!

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  26. Mi más sincera enhorabuena por este relato que me ha tenido en tensión de principio a fin. El género policiaco ó de suspense la verdad lo dominas a la perfección. Este "bucle" repetitivo, es de lo más original que he leído en el tiempo.

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    1. Gracias, Lola. Caramba, te agradezco muchísimo este comentario y me da seguridad para mi seguir con mi novela negra que eso si es una historia de suspense y terror. En lo de escribirla se refiere, claro. Un fuerte abrazo, querida amiga.

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  27. ¡Hola! ¡Qué situación tan desesperante! Que no me esperaba ese final ¡y todo por olvidarse de comprar el pan! Magnífico relato, David.

    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Roxana. A veces los cambios más importantes se producen por circunstancias tan nimias como esa. Un fuerte abrazo!

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  28. Coincido contigo en que "la rutina no es la cadena que nos ahoga, sino la cuerda que evite nuestra caída". Desde el horrible jabón que compraba la esposa hasta la entrometida vecina pueden resultar gloria bendita cuando uno se ve envuelto en esas. Pero me sorprende esa sangre fría de una persona que se supone "buena" al dar ladrillazos al supuesto "asesino" hasta matarlo, por miedo a no ser creído.
    En cualquier caso, no sabemos de qué somos capaces hasta que nos vemos en la situación.
    ¡Absolutamente genial, David!
    Un beso.

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    1. Gracias, Chelo. El miedo es libre y osado. El instinto de supervivencia nos puede llevar a hacer cosas que nos parecerían impensables apenas unos instantes antes. Creo que todos somos capaces de cualquier cosa, basta con que nos toquen la tecla adecuada. Un fuerte abrazo!

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  29. Magnífico relato. Un gran acierto ese narrador con una omnisciencia limitada y de gran generosidad para compartir toda su sapiencia con el lector. Eso sí, sin pasarse ni un pelo ni marear con falsas pistas. Es un verdadero manual de instrucciones para el manejo de recursos de un buen escritor. Gracias David

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    1. Gracias, Don. La verdad es que este relato es de los pocos que no incluye diálogos, no podría haberlos o se cae la historia. Al escribirlo dudé en utilizar la primera persona pero al escribir una parte así me resultaba demasiado, no sé, pesada. Al narrar en tercera, pegando al narrador al protagonista conseguía cierta libertad, la necesaria para aligerar la narración... Jo, a veces es más complicado explicar estas cosas que escribir la historia. Un abrazo!!

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  30. Hola David
    Ya tenía yo ganas de venir a comentar por aquí un poquito, ja ja
    Sabes, aunque no comente todas las entradas, leo muchas veces tu blog. Y creo que haces un trabajo increíble, compañero. No desfallezcas. Eres un referente para todos.
    En cuanto al relato, de primeras, me gustó esa reflexión sobre que la rutina, más que ahogarnos, nos ayuda a sobrevivir. Muchas veces he pensado eso mismo. Porque nuestra mente necesita un patrón, como los barcos, ja jaaaa
    La verdad, compañero: anunciar el misterio en el mismo título, tener al lector enganchado desde el primer párrafo sin capacidad para dejar de leer, despistar como nadie y ocultar el desenlace de manera tan brillante, solo se me ocurra que pueda hacerlo alguien muy bien dotado para esto. Una excelente historia negra, sin duda. Porque has conseguido, con elementos de lo más cotidiano, enlazar en un perfecto bucle, una trama que bien podría haber sido del maestro Hitchcock. Por cierto, me encantaron esos pequeños detalles como lo del sobre de azúcar, lo de remeter la camisa y muchos otros. Son todas esas pequeñas cosas las que nos acercan y nos involucran en la historia, como si la viésemos desde dentro, como si nos estuviese pasando a nosotros mismos. De esa forma, nos resulta muy fácil sentir la angustia que tan magistralmente has descrito y... por supuesto, la necesidad de volver a esa rutina protectora.
    Gran trabajo, David, como todo lo que haces. Un fuerte abrazo

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    1. Gracias, Isidoro. Te agradezco mucho tu comentario inicial. Me encanta compartir, leer a compañeros, preparar entradas en el blog... pero es cierto que en ocasiones llega a desbordar y producir cierto agobio. Así que te agradezco la vitamina de tus palabras, de verdad.
      Esos detalles que comentas para mi son básicos. Que el relato se vea me parece fundamental y solo se consigue describiendo esos pequeños detalles como los que comentas. Si se consigue esa visualización la lectura se hace fácil y de esa forma es posible que hasta entretenida. Pero todo partiendo de esa muestra de la historia. Un abrazo!!

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  31. y nos quedamos sin saber por qué el primer asesino hizo lo que hizo, aunque podamos llegar a imaginarlo. Ese es parte del encanto del relato. Con varias pinceladas de cotidiana rutina nos narras la peripecia de este pobre hombre que se ve sacado de su monotonía diaria. Acción, velocidad e intriga a partes iguales que le dan un ritmo trepidante que nos arrastra ya sin remedio hasta ese eterno bucle final. A partir de ahora tendremos que pensarnoslo dos veces antes de cruzar por un paso subterráneo, no se que tendrán estos lugares que siempre dan un poco de miedo. Un saludo David.

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    1. Gracias, Jorge. Pues fíjate que ese motivo inicial, o no encontrar uno bastante bueno, fue lo que retrasó la escritura de este relato durante meses. Parece una tontería, pero si se explica el motivo del primer asesinato se debería explicar su relación con el protagonista y la historia hubiera tomado derroteros distintos. Fue hasta que entendí que no era importante ese primer motivo que el relato no comenzó a escribirse. Un abrazo!!

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  32. Buenísimo tu relato, David. Has plasmado a la perfección la desesperación del protagonista, sorprendiéndome con ese giro de tuerca en el que pasa de víctima a verdugo, comenzando la persecución de una nueva víctima. ¿También se habría olvidado de comprar el pan? Lo que es seguro es que nunca me quedaré de la rutina de la vida doméstica.
    Un abrazo, amigo.

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    1. Gracias, Bruno. Como tú ya sabes los relatos en los que lo primero que te viene a la cabeza es el final son los más agradecidos de escribir. Saber a dónde quieres ir te permite jugar con el efecto deseado. En este caso, esa giro de tuerca fue lo primero que me vino a la cabeza. Un abrazo!

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  33. Una excelente matriosca la que nos traes esta vez, David.

    Es lo que hay, rutina diaria tanto para los que la aceptan como para los que no. Yo intento hacer siempre cosas, no diferentes,porque no siempre se consigue saltar esa barrera de lo cotidiano pero si compensatorias para mi espíritu. Y dentro de eso está por supuesto escribir. Es una de las maneras para romper el hilo del día a día. La otra es la lectura. Es por eso que de vez en cuando uno se pasa por tu casa, para vivir algo diferente de la mano de tus personajes.


    Me encanta visitarte, David.

    Abrazo.

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    1. Gracias, John. Te aseguro que yo disfruto aun más pasando por tu casa. Sobre todo porque admiro tu manera de escribir, a la que yo no seré capaz de llegar nunca.
      A veces, lo reconozco intento cambiar de acera cuando salgo del metro o rodear la manzana en sentido contrario al habitual o pararme en alguna tienda distinta cada vez, frente al escaparate... lo de pisar siempre las mismas baldosas si que es algo que he pensado más de una vez en mi vida real. Un fuerte abrazo y te agradezco mucho tus palabras, John!

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  34. ¡Qué bueno, David! Este relato que nos sumerge en un bucle sin fin demuestra una imaginación estupenda, cómo te envidio.
    Además, yo le he encontrado una moraleja, no sé si esa era tu intención. Pero para mí lleva implícito el mensaje de que si nos paráramos más a escuchar no daríamos por sentado algunas cosas y podríamos evitar problemas mayores.
    Es cierto que determinadas situaciones hablan por sí mismas, pero quizás todo tenga una explicación como parece que era el caso del primer perseguidor. Nunca lo sabremos.
    Me ha encantado, y la forma tan buena de contarlo también.
    Un aplauso desde mi teclado: plas, plas, plas.

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    1. Gracias, Paloma! La verdad es que si te digo que tuve en cuenta esa moraleja estaría mintiendo como un bellaco. Te cuento una cosilla. Este relato ganó el concurso en el que me entregó el premio el cantante Raphael hace un par de meses. Cuando fui a recogerlo, escuché la valoración del jurado que fue la página de Diana P. Morales, el Portal del escritor. Su comentario casi fue un calco del tuyo. Y yo, que lo escribí, ni lo había visto de esa forma. Este relato comenzó con la imagen de alguien que era perseguido pero que al final se convierte en perseguidor. Buscar un motivo para el primer asesinato me trajo de cabeza hasta que pensé en si era realmente importante. Si lo explicaba debería relacionarlo con el protagonista y eso lo complicaba todo innecesariamente. Luego, pensé en el título y, para despistar, planteé esa reflexión sobre la rutina.
      Desde luego este es un ejemplo de eso que se dice de que la historia toma vida propia cuando se publica. En ese momento importa poco la intención del autor. Un fuerte abrazo!

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  35. Qué bueno. Y el título no podía ser más acertado. Lo he leído en un suspiro y sin respirar, me has enganchado.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Gema! Esa era la idea, acompañar la carrera del protagonista. Un abrazo!!

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  36. Hola David. He quedado fatigada, agotada, sin fuerzas, agobiada por esa pesadilla en que en cualquier momento nos podemos ver involucrados. EXCELENTE y pese a todas esas sensaciones, queda la satisfacción de leer un texto para aprender un ritmo y un arte, que se te hace fácil a tí. Un beso.

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    1. Gracias, Vivian. Te agradezco tus palabras. Aunque uno siempre intenta hacerlo lo mejor que puede hay relatos más acertados que otros. Un abrazo!!

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  37. David, cómo nos sumerges de lleno en tus historias. No tengo más que estar agradecida por haberte encontrado.
    Un abrazo!

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    1. Gracias, Éowyn. Es al contrario, soy yo quien no tiene palabras para agradecer la atención de compañeros como tú. Un fuerte abrazo!

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  38. He pasado por 10 blogs antes de llegar al tuyo
    jajaja !
    Bueno he quedado jadeando.... y tu texto.....
    Yendo al grano....
    Maravilloso.
    Nos llevas de la mano por los infortunios de los momentos
    Un placer es leerte
    me enriqueces con tus letras
    Vos sos un escritor
    Yo soy un blogger
    Abrazo
    Ojala pudiera escribir asi de largo....

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    1. Gracias, Recomenzar. Seguro que puedes escribir cualquier cosa que te propongas a la vista de los textos que te he leído. Te agradezco tu amable comentario, aunque de momento me considero solo escribiente. Escritor es una palabra a la que tengo demasiado respeto y que pienso que todavía no me he ganado. Un abrazo!

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  39. Me ha gustado mucho, un relato muy bien llevado. De lo que somos capaces de hacer, ¿verdad?, ¿quién le iba a decir a este hombre que la búsqueda de una barra de pan acabaría así?...

    Un abrazo.

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    1. Gracias, Mer Mer. A veces los grandes acontecimientos comienzan a fraguarse en detalles nímios. Un abrazo!

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  40. Un buen relato David y con un titulo muy acertado.Un saludo

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  41. Buenísimo. Me imaginé en el lugar de ese pobre hombre y creo que hubiese hecho lo mismo. Escalofriante el final. Siempre es inspirador pasar por acá.
    ¡Besos!

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    1. Gracias, Cyn. Inspirador es contar con vuestra compañía. Un abrazo!

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  42. Un relato genial David! Me ha encantado y lo he devorado de principio a fin. Vaya bucle mas jodido para encontrarte con él, madre mía. Nunca me han gustado esos pasos y cuando tengo que transitar por alguno siempre voy ojo avizor, aunque admito que a partir de ahora siempre intentaré evitarlos a toda costa, jaja. Me encanta el ritmo narrativo que has conseguido, como va aumentando la tensión hasta un final en el que lo comprendes todo. Un fuerte abrazo! ; )

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    1. Gracias, Ramón. La verdad es que de niño tenía uno cerca de casa y me daba bastante cosilla cruzar por ahí. ¿Quién iba a decirme entonces en qué cristalizaría esa sensación? Un fuerte abrazo!

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  43. Hola, David. Sólo puedo decir: "cuidado con lo que deseas" jajaja. Evidentemente ese deseo de salir de la rutina introdujo al protagonista en un bucle infernal. Será así hasta el infinito? Qué tremendo si es así... O tal vez pueda salir de él. Todos participamos del tiempo lineal y el tiempo circular, y entre los dos se hacen los bucles que van avanzando retornando en algun punto, pero dejándonos en una posición un poquito distinta a la incial. Si predomina el tiempo circular nos sentimos mortalmente quietos y eso nos agobia. Pero algunas rutinas debemos guardar para saber dónde estamos parados. Interesante reflexión surge de tu historia.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Mirna. ¿Quién sabe hasta dónde seguirá ese bucle? De momento se queda aquí, je, je, je... Te agradezco tu comentario y valoración. Un fuerte abrazo y FELIZ NAVIDAD!!!

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  44. Una vez más, magnífico. Gracias por estos regalos que nos haces.
    Desde luego, se puede decir que el buen hombre consiguió salir de su rutina...
    Un saludo.

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    1. Gracias, Mary. Te agradezco mucho tus palabras y consideración. Un fuerte abrazo y FELIZ NAVIDAD!!

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  45. Como sueles hacer siempre que leo tus relatos, nuevamente has vuelto a sorprenderme David.
    Un gran y entretenido relato amigo. Las rutinas no son buenas pero a veces, salir de ellas cuesta.
    Un saludo David...

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    1. Gracias, Humoreo. Agradecido de tu amable comentario y sobre todo de que te haya resultado entretenido. Un fuerte abrazo!

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  46. Uy David!! Gran ritmo de la acción en la que nos atrapas, casi pude ver que él mismo mataba a "asesino" en el mismo paso a desnivel... !qué terror de bucle!
    Abrazos!!

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    1. Gracias, Diana. Me alegra haberte "atrapado" en él. Un abrazo

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  47. Hola David!
    Una maravilla de relato, no me sorprende que haya sido premiado. Hacemos, desde mi humilde opinión, relatos que gustan más y otros que gustan menos. Este es un relato que por aquí diríamos redondo, no por el bucle sino porque es de los que son originales y la impresión es que uno lo lee de principio a final sin bajar la intensidad. Además de lo que han dicho ya, todos los compañeros, yo agregaría que me ha parecido que tiene la fuerza de los sueños. El personaje se acerca a estar en un trance de lo que los psicólogos llaman trastorno obsesivo compulsivo. Su realidad va más allá de la de la media normal y se acomoda en la obsesión de la persecución sin análisis previo. Un relato para sentirse orgulloso. Mis felicitaciones David!!
    Ariel

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    1. Gracias, Raúl. La verdad es que es uno de los pocos que escribí de manera enfermiza y de los que recuerdo el momento en el que nacía. La idea de alguien que pasaba de perseguido a perseguidor la arrastraba desde hace tiempo, pero no encontraba la razón de que fuera perseguido. Hasta que me di cuenta de que ello a lo mejor no era importante y me salió de una sentada. Lo del premio, desde luego tienes capacidad de retención porque creo que no lo he mencionado en el relato, fue algo más para tomarle cariño a esta historia. Un abrazo!!!

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