martes, 7 de febrero de 2017

EL HOMBRE PRECAVIDO

"BLOGS DE RELATOS", "COMO SER FELIZ EN LA VIDA", "AUTOAYUDA", "ACCIDENTE DE AVION", "TRUCOS PARA SER FELIZ", "COMO EVITAR LA MUERTE", "SE PUEDE ADIVINAR EL FUTURO", "DAVID RUBIO"




    Lo impredecible. Ese es el monstruo que más nos aterra como seres racionales. Cuando ocurre una tragedia, y después de cierto regocijo morboso en la desgracia, viene siempre la pregunta: ¿Se podría haber evitado? Como la carcoma, la búsqueda de esa respuesta acompañará el duelo hasta que, derrotada, nuestra mente racional se consuele con esa entelequia que llamamos Destino, lo irremediable. Aunque, como el protagonista de este relato, siempre habrá quien decida plantarle cara hasta extremos sorprendentes.


    Pasen y lean…



EL HOMBRE PRECAVIDO

    Apuró el paso al escuchar las doce campanadas. El día en el que, fuera como fuera, debía permanecer encerrado en su casa comenzaba, y todavía se encontraba a tres calles, dos pasos de peatones y un semáforo. ¡Cómo pudo olvidarse del tabaco! Por lo menos las calles se veían tranquilas a esas horas de la noche; mejor, estaban desiertas.

   Llegó al último cruce. Se detuvo ante la luz roja del semáforo de peatones pese a que no transitaba ningún vehículo. Miró las balconadas que cubrían el camino hasta su portal. Afortunadamente, de ninguna colgaban macetas que pudieran precipitarse.

   Ese asesor financiero negaba el azar y los imprevistos. Para él no eran más que la consecuencia de ignorar alguna variable. Por eso, a comienzos de cada año, visitaba a una consultora de eventualidades de baja probabilidad; o, para cualquiera que no fuera él, una vidente.

   «El día doce del decimosegundo mes morirás».

   Ese fue el augurio que le vaticinó ese año. Se inquietó, por supuesto. Pero él no era hombre de lamentos y, de todas formas, para eso la consultaba: para estar preparado ante cualquier eventualidad. 

   Su primera medida fue pagar el ritual que le propuso la pitonisa. Pero eso no era suficiente.

    Le pareció obvio que el día señalado debería permanecer en casa; eso reduciría las posibilidades de accidente, aunque no las eliminase. Podría haber un escape de gas, un incendio e, incluso, el mismo bloque podría colapsarse. Inició un programa de reformas, no solo en su casa, en todo el edificio. Renovó la instalación eléctrica, la del gas y las tuberías del agua; rehabilitó la fachada y el ascensor. Más le costó convencer a los vecinos de la necesidad de apuntalar los pilares del edificio. No por el dinero, puesto que se comprometió a pagarlo todo de su bolsillo, sino por las molestias que suponía que cada mes hubieran en sus salones ingenieros y aparejadores revisando columnas, tabiques y vigas. 

   Pero con eso tampoco bastaba.

  Aún en la casa más segura podría morir por una enfermedad o por un traicionero ataque al corazón. Fue así que, empezando por la A de alergólogos, visitó a todos los especialistas de su seguro médico: cardiólogos, endocrinos, nefrólogos, oncólogos, urólogos, y hasta dermatólogos. Ninguno le detectó nada, ni leve ni grave. 

   Pero la gente no moría solo por accidente o enfermedad.

  Tampoco podía descartar el asesinato. Vivir solo le facilitaba las cosas. Aunque no podía descartar que alguien asaltara su casa. Contrató un servicio de seguridad que incluía alarma y cámaras de vigilancia e instaló tres pestillos de acero en su puerta. Aún y así, consideró oportuno aumentar la pensión que le pasaba a su exmujer, reconocer la negligencia que arruinó a aquel inversor y regalar un bono anual de «La casita del placer» al músico que vivía en el piso de abajo, en compensación por la denuncia que le interpuso por contaminación acústica.

  Con todos esos trajines pasó el año. Todo perfectamente planificado.

   Y tuvo que olvidarse de comprar el maldito tabaco. 

   Por fin entró en el portal de su edificio. Pese a vivir en un ático, decidió subir por las escaleras. Arribó exhausto pero aliviado: su descuido no había tenido consecuencias. Cerró la puerta y echó los tres pestillos, la llave y conectó la alarma. Dejó el abrigo sobre la mesa, al lado de la gastada guía médica. Se sentó en su sofá, se descalzó, encendió un cigarrillo y exhaló una relajada bocanada de humo.

  Encendió la televisión. Apareció un presentador de informativos. Tras él, en un recuadro, se observaba un avión de cuyos motores nacía una estela de llamas y humo que destacaba con un color anaranjado sobre el cielo nocturno. El periodista explicaba que el aparato, con sus doscientos pasajeros, iba a estrellarse de manera inmediata. Dio una profunda calada y se recostó sobre el sofá. Se sintió orgulloso de su capacidad de previsión: esa que lo diferenciaba de esos pasajeros del avión. Lo que distinguía a los triunfadores de los perdedores.

    Oyó un ruido en la calle, como el que hacen los camiones de basura al vaciar los contenedores. Pese a solapar el sonido del televisor, no subió el volumen. «Pronto se irá», pensó. Pero el ruido dio paso a un insoportable estrépito. Se puso en pie y fue a ver.

    Sus ojos se desorbitaron al ver las aterradas caras de los pilotos que le miraban desde la cabina del avión, apenas a un par de metros de su ventana…

FIN

   El tipo aprendió demasiado tarde que la vida es un pack completo de suertes y desgracias; de alegrías y de penas. Intentar negarlo puede ser tan absurdo como negarse el amor por miedo a perderlo. Pero esto es otra historia... ¿Os apetece leerla?

FORRADO EN PIEL NEGRA









© David Rubio Sánchez. Texto y dibujo.



46 comentarios:

  1. Como bien dice el maestro Oogway uno encuentra su destino en el sendero que toma para evitarlo.

    Por ahí tienes un "si no" pero debería ser sino.

    Saludos

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    1. Gracias, Gildardo. Excelente frase. ¡Ah! Agradecido por tu corrección, ya está rectificado. Saludos!

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  2. Hola David.
    Dicen que hombre precavido vale por dos, en este caso parece que las fuerzas del destino estaban en su contra. En tu reflexión final me has hecho pensar en una cosa que me dijo una amiga al morir su gato. Y no es otra cosa que por el miedo al dolor del duelo, no deberíamos privarnos de volver a disfrutar de otro animal de compañía. Trasladando este pensamiento al amor entre humanos estoy contigo.
    Felicidades por tu relato y por tu imaginación en ese sorprendente final.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Miguel. Qué buena actitud para la vida la mostrada por tu amiga. En realidad, con esa reflexión he intentado hilar este relato con el otro, FORRADO EN PIEL NEGRA. Un abrazo!!!

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  3. ¡Hola David!

    me ha recordado a la película de The Ring... Que ves la película y en siete días mueres. Ha estado interesante. Bravo!

    Un abrazo! Te espero por mi blog :)

    Mia

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    1. Gracias, Mia. Bueno, un poco sí, cualquier vaticinio parece adelantar un hipotético futuro. Aunque siempre he pensado que si el una predicción puede cambiarse no es una predicción, sino una simple posibilidad. Con lo que el valor de la misma es nulo. Un abrazo!

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  4. ¡Hola! Qué maravilloso relato. Mi madre siempre me dice que cuando tiene que pasar, pasa, no importa cuánto nos esforzamos en escapar. Me ha gustado mucho tu forma de rematarlo, me has tenido en suspenso hasta el final.

    El dibujo también me gustó.

    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Roxana. Exactamente es lo que dices, lo que haya de suceder, pasará y, a lo mejor, serán nuestros actos para evitarlo lo que lo cause. Te agradezco el comentario sobre el dibujo, una de las cosas que me he planteado en el blog es acompañar los relatos con dibujos y composiciones propias. Así retomo mi abandonada afición al dibujo. Es doble trabajo pero lo hace más mío. Espero que con la práctica recupere mi habilidad con los lápices. Un abrazo!

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  5. Hola David,

    Yo conozco algunas personas así y es, es, es... horrible la convivencia porque el que arriesga no gana, el que no arriesga no vive! Pero, en fin, cada cual con sus manías. Aún así, es absurdo tener miedo a la muerte siendo fumador -¡que yo lo soy!- y eso sí que es jugar a la mayor ruleta de la mala suerte que te puede tocar vivir en la vida. Pero ¡claro! yo soy todo lo contrario del "hombre precavido".... o no, porque para algunas cosas también tengo mis neuras!!!!
    En fin, un relato sensacional. Un saludo

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    1. Gracias, Macarena. La vida es un pack, pero, sobre todo, accionar. Si fracasas es porque lo has intentado; si sufres desamor, es porque has amado; si estás triste, es porque antes has sido feliz... Pienso que son binomios inseparables, irrompibles que debemos aceptar. Un abrazo!

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  6. Tienes una forma de narrar que atrapa desde el comienzo lo cual hace que uno se crea todo, lo llevas a uno convencido de lo que está leyendo y, de ese modo es que sorprendes al lector con ese desenlace. Además tus historias siempre están impregnadas de reflexiones. O mejor, vamos reflexionando contigo porque vas acompañando la trama con el tema que te interesa, en este caso el Destino. En cierto modo, como el mago que va realizar el truco, lo muestras en la introducción que haces al relato. Y así vamos contigo en las peripecias de tu personaje que no cree en la fatalidad pero que por las dudas toma todas las precauciones, y vamos contigo porque queremos saber, ya nos has interesado con el planteo inicial, y como al mago, te seguimos en todos los pases, hasta que de narices nos topamos con los dos pilotos del avión. Excelente historia. La he disfrutado mucho. Mis felicitaciones David.
    Un abrazo.
    Ariel

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    1. Gracias, R. Ariel. Me dejas sin palabras... La verdad es que soy consciente de mis limitaciones e intento evitar que se noten, de ahí que intento no meterme en camisas de once varas e ir al grano, llevar la narración a dónde me siento más cómodo. Por eso me gusta leer a escritores como tú, con tu soberbio dominio del idioma y la construcción sintáctica, para aprender aquellos aspectos en los ando más justito. Un fuerte abrazo

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  7. Un relato de lo más interesante, David. Confieso que el final me ha pillado desprevenida por completo. Era de esperar que todos los preparativos de tu protagonista para esquivar la predicción fueran infructuosos, pero que fuera precisamente así, justo cuando tenía la certeza de haberlo hecho todo bien... ¡magistral!

    Un abrazo.

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    1. Gracias, Julia. El final no deja de ser un poco Deus ex machina. Dudé en hacer una referencia al avión de inicio, pero bueno, como el relato va del azar y el destino, por esta vez, pase. Un abrazo!!

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  8. Excelente relato David. ¿Dónde queda ahora esa castiza frase que dice "hombre precavido vale por dos"? Creo que una de las cosas de las que más disfruto en tus relatos es del suspense que sabes darles y que manejas muy bien, no sabes muy bien por donde va a salir el tema. Yo que soy de darle mucho al tarro, leyendo tu relato me viene esa reflexión que siempre decimos y que pocos aplican: a vivir que son dos días. Podemos planificar mucho, hacer nuestra vida lo más esquemática posible que si tiene que venir la de la guadaña, vendrá. Has sabido expresar todas estas ideas en un pocas líneas y eso tiene mucho mérito. Enhorabuena. ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Ziortza. Me encanta el suspense e intento utilizar para que el relato crezca. Tienes razón en cuanto a que la seguridad y confianza respecto a lo que prevemos es algo tan frágil que da escalofríos pensarlo. Por eso, es mejor no hacerlo y disfrutar segundo a segundo.

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  9. Me ha gustado mucho leer este relato, cuando alguien es tan precavido algo se le escapa siempre. En este caso el final es sorprendente. Estoy viendo cómo se estrelló el avión en las torres gemelas. Seria impactante ver como te enviste un avión. Un abrazo

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    1. Gracias, Carmen. Je,je,je creo que eso quedaría mejor en el cine con grandes efectos digitales. UN abrazo

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  10. Dicen que hombre precavido vale por dos, pero también es cierto que nadie puede arrebatarle un alma a la parca, ¿no? Me ha parecido un relato estupendo. En pocas líneas expresas mucho y este tipo de relatos breves me encantan. Se te dan muy bien. Eso si, me he quedado con la curiosidad de saber cuál fue el pensamiento que le vino a la cabeza al protagonista mientras moría. ¿Se arrepintió de haber estado tanto tiempo tomando medidas para no morir en lugar de vivir la vida o pensó que el destino era inevitable? Pero reconozco que el final es más impactante sin ese pensamiento, ya que la imagen del avión acercándose a toda velocidad es muy poderosa. ¡Me quito el sombrero, amigo!

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    1. Gracias, Noemí. No sé si alguien que observa a un avión a punto de estrellarse contra su ventana pensará algo más que taparse instintivamente con los brazos, je, je,je Un fuerte abrazo!

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  11. Pobre hombre. Lo había planificado todo al milímetro pero olvidó que el destino es un dios de lo más bromista.
    Me ha encantado este relato, amigo David; siempre es agradable toparse con genialidades como ésta.
    Un abrazo fuerte.

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    1. Gracias, Bruno. El destino es un dios bromista y, añadiría, un poco cabroncete. Un fuerte abrazo!

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  12. Jajaja. Muy bueno, David. Ciertamente no podemos escapar al destino, si es que existe, o a las premoniciones de una vidente, que en este caso resultó ser muy competente.
    La última escena del avión estrellándose sobre el domicilio de Don Precavido, me ha recordado la primera historia breve de la película "Relatos salvajes", que, si no has visto, te la recomiendo efusivamente.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Josep. Este mes parece que nos hemos puesto de acuerdo con las videntes, je,je,je. No la he visto, con dos pequeños, mis salidas al cine no incluyen ese tipo de películas. Espero que la echen pronto por la tele. Un fuerte abrazo!

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  13. Por un momento he recordado un personaje de la saga del "mundodisco" que sabía que la Muerte iba a ir a buscarle, y se obsesionó tanto con encerrarse en su habitación que tapó todas las rendijas por donde entraba el aire, y murió asfixiado jeje. Como han dicho por aquí, el suspense está bien gestionado, y sólo me quede decir que la pitonisa debería haberse callado jaja, si predice una muerte que cuente más detalles o omita la información jajaja.

    ¡Un saludo!

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    1. Gracias, José Carlos. Pues sí la vidente se calló los detalles, o a lo mejor, los detalles son lo que pueden cambiar pero no el resultado final. Un fuerte abrazo!

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  14. En destino es el destino, no importa los obstáculos que le puedas poner, siempre te alcanza.Muy curiosa la forma en la que tu meticuloso protagonista piensa en todos los detalles que pueden acercarlo un poco a la muerte, pero en cambio, una vez vé la verdadera señal esta le pase tan desapercibida.
    Muy buen relato que nos recuerda que la muerte es la realidad má auténtica del mundo, ¡aunque no es muy apto para hipocondríacos!
    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Ana. Era un economista. Y todos sabemos que son expertos en predecir lo que va a pasar y en explicar porqué no ha sucedido lo que tenían previsto. Deformación profesional, je,je,je. Un abrazo!

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  15. Me ha encantado tu relato David! Y aunque me ha dado pena el final, la última escena ha logrado que en mi cara se dibujara una sonrisa traviesa, jajaja. Por mucho que se deseen controlar los riesgos y las variables, hay un factor comúnmente desdeñado que juega en nuestra favor o en nuestra contra, como es el caso del Mr. Precavido: La suerte. Un abrazo! ; )

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    1. Gracias, Ramón. En realidad, somos pequeños veleros a la deriva en un océano de azar. Podemos tener organizado nuestro pequeño barco, pero el mismo es indefenso ante lo imprevisible. Un abrazo!!

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  16. Si pretendes atar, todos los cabos que puedas dejar sueltos en tu vida, dejarás descuidado el telar.
    Gran relato!!!

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    1. Gracias, Humoreo. ¡Qué gran frase! Me ha encantado. Saludos!

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  17. ¡Hola David! Tenerlo todo medido y calculado, para convertirnos en seres intocables. Personalmente, creo cada vez menos en las casualidades, sino en las 'causalidades'. Llamamos casualidad a todo aquello que damos no podemos dar por hecho o buscar una lógica aplastante...cosa que fastidia a todo ser humano racional: el no poder controlar o evitar todo mal.
    Todo cuadriculado, o blanco o negro...cuando existe todo un abanico de colores, que como no son lo lógico o más ortodoxo...se le resta importancia, cuando en realidad se crea una barrera de miedo ante lo desconocido, ante la incertidumbre de manera irónica.
    Guste o no guste, somos imanes de todo aquello que nos aterra de manera inconsciente o inclusa ahuyentamos esas metas cuando nos obsesionan.
    Estamos conectados :)
    ¡Un abrazo!
    P.D: Un señor tan meticuloso...¿y no puede vivir sin tabaco? ¿curioso, no?
    Voy a ver si leo tu anterior post David, al final me animé 6 presentarme al reto de Literautas..jjj

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    1. Gracias, Gema. Je,je,je... Siempre queda un cabo suelto, aunque quién sabe si seguiría con vida de haber estado cerrado el local donde compró el tabaco y hubiera tenido que ir más lejos, el tiempo suficiente para que el avión se hubiera estrellado en su casa antes de que él llegara. Es el grandioso ¿Y si...? Que siempre nos preguntamos a toro pasado para intentar dar sentido a lo que nos ha pasado.
      P.D. ¡Me alegro de que hayas participado! Verás que buenos consejos recibes, si no lo subes al blog me pasaré por allí cuando los publiquen a partir del 17 de febrero. El reto de este mes era complicado con tantas palabras exigidas. Un abrazo!!

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  18. Yo tengo claro que no podemos escapar al destino de cada uno y después de leer tu relato me reitero aún más.En tus relatos al final siempre hay una sorpresa lo que hace que el lector se quede con cara de eso " sorpresa" que es la misma con la que se quedaron todos en esta historia.
    Excelente texto David.
    Un abrazo
    Puri

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    1. Gracias, Puri. Quizá es el único relato en el que me he permitido terminar con un monumental Deus ex machina. Pero creo que era adecuado. La vida es un gran Deus ex machina que somos incapaces de evitar. Un abrazo!

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  19. jajajajaja.... bien dicen que del rayo pasas pero no de la raya.... muy de humor negro.
    Abrazos David!!!

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    1. Gracias, Diana. Estupenda frase, la verdad es que los comentarios están aportando un montón de sentencias fantásticas. Un abrazo!!

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  20. Buenísimo. Al final, lo que tenga que ocurrir, ocurrirá. Dicen que nadie muere en la víspera. Creo que lo que más me gustó fue verme reflejada en el personaje, creo que soy un poco obsesiva también xD Si vivía con intensidad ese último año la hubiese pasado mejor.
    Buen relato.
    ¡Saludos!

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    1. Gracias, Cyn. Pienso que los cambios en la vida de cada uno, me refiero a los verdaderamente importantes, se producen como consecuencia de sucesos inesperados. El azar es un gran aliado para escapar de muchos demonios. Un abrazo!

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  21. Recuerdo haber leído este relato en Literautas, en su momento. Es tan precavido que, como él, creemos que tiene todo cubierto, hasta el final, en el que interviene la Fortuna, esa dama caprichosa. Ya lo dijo Murphy: si algo puede fallar, fallará XD

    En cuanto al avión, no es deus ex machina si lo mencionaste antes. Es lo que yo creo, al menos ;)

    ¡Saludos!

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    1. Gracias, Denise. ¡Buena memoria! De hecho, este fue el primer relato con el que participé. El reto consistía en iniciar el relato con la frase "Apurar el paso con las doce campanadas".
      Digamos que es un Deus ex machina coherente con la historia, je,je,je.. Un fuerte abrazo!

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  22. El destino es el único que puede cometer un homicidio perfecto. No lo ves venir, no sabes de dónde, cómo ni por qué... Un dios bromista decían por ahí. De lo más macabro a veces. Me ha encantado tu relato.
    Un abrazo

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    1. Gracias, Mirna. Pues ahora que lo dices es verdad, es el crimen perfecto. Un fuerte abrazo!

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  23. David, tienes el don de producir sorpresa final en todos tus relatos, pero no algo previsible, no. Algo que es excepcional, porque "tienes madera" y eso se nota cada vez que se lee algo tuyo. Mi admiración.

    Lola O. Rubio

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    1. Gracias, Lola. Te agradezco muchísimo tu comentario ahora que ando con mi primera novela un tanto estancado. Un fortísimo abrazo

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