miércoles, 23 de noviembre de 2016

LA COLECCIÓN

"BLOG DE RELATOS", "COLECCION DE PERSONAS", "SUSPENSE", "PSICOPATA", "COMERCIO DE PERSONAS", "COLECCIONES EXTRAÑAS", "COLECCIONES PECULIARES"




  La puerta le pareció un muro de roble tan macizo como el oro del pomo. Sacó una foto de Laura y la acarició mientras, a su lado, el mayordomo informaba de su solicitud de audiencia a través del intercomunicador.
  —Señor, el ejemplar Jaula25 pide permiso para hablar con usted —le oyó decir.

 
Un sonido agudo anunció que la petición era aceptada. El sirviente se volvió a hacia él y le indicó con el brazo que pasara al despacho.  Guardó la foto en el bolsillo, se apañó el nudo de la corbata y entró. Anduvo por alfombra que marcaba el recorrido hasta la mesa que, como el resto de la decoración, era de estilo victoriano. Tras ella, el Señor le observaba con las manos entrecruzadas.
  —¿No deberías estar ya en tu celda?
  —Sí, Señor —respondió mientras se apoyaba en el espaldar de la silla de visitas.
  —Y, sin embargo, te presentas en mi despacho a escasos diez minutos de la revista. ¿Qué deseas, Jaula25? —preguntó el Señor, haciendo especial énfasis en la denominación.
  —Mi nombre es Martín.
  —¿Cómo dices? ¿Tengo que recordarte la cláusula primera del contrato?
  —Por… por eso estoy aquí. Quiero rescindirlo.
  —¿Rescindirlo? —El Señor se quitó sus gafas de montura redondeada y comenzó a aplicar un líquido para limpiarlas—. ¿Acaso he incumplido alguna de mis obligaciones?
  —No, al contrario, tengo todo lo que nunca podría haber soñado.
  —Bien, entonces, ¿cómo se llama ella?
  Martín notó un súbito rubor. Y cierta incomodidad. Mencionarla en ese despacho le pareció sucio.
  —¿Por qué tendría que haber una mujer? —preguntó intentando apartarla de la conversación.
  —Vamos, eres un jaula y cuando te compré no tenías pareja. Solo el enamoramiento puede haceros atrevidos.
   —¿De verdad cree que el ser humano es tan previsible?
  —La individualidad humana está muy sobrevalorada. En realidad, solo existen tres patrones y apenas cien variedades. Ya casi los tengo todos.
   —¿Patrones?
   —¿Recuerdas qué pregunta tuviste que responder antes de la compraventa?
   —Sí. Me dieron una lista con tres objetos y se me pidió que eligiera el que mejor me definía.
    El Señor volvió a colocarse las gafas y accionó un botón de la consola que se encontraba en la esquina de la mesa. En ese instante, la pared situada a su espalda se deslizó lateralmente mostrando un mosaico de pantallas de televisión; cada una mostraba el interior de una celda, y, en cada una, su ocupante. Todo el conjunto constituía un muestrario de hombres y mujeres de toda índole.
    —Exacto. Debías escoger entre un teléfono, una jaula y un sombrero. —El Señor no pudo ocultar regocijo en sus palabras—.  Ser coleccionista es algo con lo que se nace, y siempre ansías la pieza única. Yo poseo la colección única. Míralos. Contempla los tres patrones en los que puede dividirse la especie humana. En la fila de arriba, los sociables, simples y extrovertidos teléfonos; en la de abajo, los pensadores y retraídos jaulas; y, por último, los que más me gustan, los más complejos: los adaptables, manipuladores e inteligentes sombreros. Siempre saben cuándo mostrarse y cuándo ocultarse.
    Al firmar el contrato, Martín pensó que le había tocado la lotería. Saldo ilimitado en su cuenta bancaria, libertad para hacer lo que quisiera y solo una obligación: regresar cada noche a esta mansión, recluirse en una celda y esperar a que el Señor pasara revista a todos los que, como él, formaban parte de su colección.
   —Es macabro —dijo mientras observaba la pantalla que mostraba su celda vacía y el rótulo sobreimpresionado que, como el panel de un zoológico, indicaba: «Espécimen: Jaula25».
    —No voy a negarte cierta lujuria en la satisfacción que me produce saberos por ahí, relacionándoos con el resto del mundo, viviendo vuestra vida... Pero míos al fin y al cabo. —El Señor miró a Martin con severidad—. ¿Piensas que por rescindir el contrato vas a ser más libre de lo que eres ahora?
     —Sí.
     —Muy bien. Recuerdas lo que eso implica, ¿verdad?
    Martín sacó la cartera y dejó la tarjeta de crédito ilimitado sobre la mesa. Después, depositó las llaves de su apartamento y las del Ferrari. Finalmente, dejó un sobre con la carta de dimisión como director de una de las empresas del Señor.
    —Eso es todo —dijo Martín mientras acariciaba la foto de Laura en el interior de su bolsillo. Todo lo perdido no era comparable con la libertad de poder iniciar una vida con ella, sin ataduras ni vasallajes.
    —¿Estás seguro?
    —Ya no me queda nada más.
    —No. Todavía tienes algo. —El Señor cogió el teléfono—. Querida, puedes pasar.
    Martín sintió morirse cuando vio a su amada Laura entrar por la puerta.
    —Te presento a mi última adquisición. Se llama Sombrero37. Ahora, márchate. Eres libre.


David Rubio Sánchez

26 comentarios:

  1. Jajaja, que bueno, me ha encantado David. Ese señor que colecciona personas me hace pensar en nuestra sociedad actual, y el final es buenísimo, sin saberlo Martín ha renunciado al amor, un dato que se regodea por sí solo al ver cual es la calificación de Laura. Todo el relato encaja hasta el final y transmite muchas sensaciones, lo he disfrutado hasta el último punto. Un abrazo! ; )

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    1. Gracias, Ramón. Este relato nació de un reto en el que había que incluir las palabras Jaula, sombrero y teléfono. Un fuerte abrazo!

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  2. De alguna manera, podría ser un reflejo de la sociedad actual. Estupenda historia David!

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    1. Gracias por y comentar, Norte. Sí, quizás la libertad más plena solo se puede conseguir sin ningún tipo de ataduras. Cuando posees algo, siempre tienes miedo a perderlo, para conservarlo debes renunciar a partes de esa libertad. Saludos!

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  3. Vaya relato tan original! Por una parte, un coleccionista de seres humanos pertenecientes a distintos patrones. Como un Eneagrama. Por otra parte, la renuncia a la libertad a cambio de riquezas. Afortunadamente, la situación era reversible. El fallo de Martín, sin embargo, no fue enamorarse sino no haberle contado a Laura toda la verdad. Quizá, de este modo, ella se habría resistido a la tentación de la oferta del Señor y hubiera preferido vivir junto a su enamorado. Pero, claro, él era un Jaula y ella un Sombrero. Quizá eran incompatibles.
    Un abrazo.

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    1. Jo, me encanta cuando compruebo que la trama se ha entendido completamente. Te agradezco mucho este comentario, Josep. Un abrazo.

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  4. Interesante relato David, las miserias humanas no tienen límites, el poder del dinero hace estragos menos mal que el protagonista supo poner delante el amor en lugar del dinero, pero claro lo que no sabía era que no todos actuamos igual y su amada no lo amaba tanto como él a ella y se echó en brazos del dinero.
    Un relato futurista, pero quien sabe si posible en algún momento más o menos lejano.
    Un abrazo David.
    Puri

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    1. Gracias, Puri. ¿Quién sabe? Tal y como están las cabezas no me extrañaría que algún multimillonario esté haciendo ya una práctica similar. Un abrazo!

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  5. Un relato entre la fantasía y la ciencia-ficción, con una trama bien construida que mantiene la intriga hasta el final. También este final es otro buen logro que enriquece la historia, pues lleva consigo el factor sorpresa y un claro mensaje similar a los juegos de ordenador, donde aparece ese famoso letrero: GAME OVER.
    Me parece un estupendo guión para un cortometraje o un juego de ordenador al que habría que haberle añadido más acción y personajes.

    Mi crítica es muy positiva, compañero y amigo David.

    Un abrazo.

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    1. Gracias, querida Estrella. Me anima mucho tu comentario. Este relato nació de un reto de Literautas: una historia de 750 palabras que incluyera las palabras teléfono, sombrero y jaula. Pero tienes razón, podría dar para una novela corta y de hecho lo tengo anotado en posibles proyectos. Un abrazo!

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  6. Un coleccionista excéntrico y algo cruel que clasifica a las personas en solo tres grupos. Me pregunto a qué grupo consideraba que pretenecía él mismo...

    Un relato interesante y ameno, David. El argumento te mantiene en vilo hasta el final, solo para descubrir que "la casa gana" de nuevo :)) ¡Muy bueno!

    Un abrazo y feliz jueves.

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    1. Muy buena observación, Julia. Puede que sombrero. Gracias por tu comentario. Un fuerte abrazo

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  7. Un relato un tanto siniestro, ¿no? Supongo que hay mucha gente capaz de venderse y que siempre ganan los mismos, venga todo por donde venga.
    Me ha gustado mucho. La única pega que te pongo, si es que se puede considerar que haya alguna: me habría gustado saber más del coleccionista. Tarea para otro relato, ¿quizá?
    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Noemí. Como he comentado, este es uno de esos relatos que están apartados para un posible desarrollo en forma de novela corta. ¡Un fuerte abrazo!

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  8. Muy bueno el relato David, saber que siempre gana quien es dueño. El renuncia el dinero por amor y ella a la vez prefiere el dinero. Un abrazo

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    1. Gracias, Carmen. Así es nunca podemos llegar a conocer del todo a quienes nos rodean. Un fuerte abrazo!

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  9. Me ha encantado! Todo un reto y más con esas palabras que se escogieron para el reto del relato!
    Sin duda, es un fiel reflejo de nuestra sociedad! En el que much@s pueden verse reflejados, por su realismo!!
    Un abrazo!

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    1. Hola Gema. La idea del relato es que la libertad solo la tiene quien nada posee. Cualquier posesión, material o afectiva, coarta de alguna manera esa Libertad con mayúsculas... Otra cosa es que ese deseo de libertad nos haga ser más felices. Un fuerte abrazo!

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  10. Que batacazo, por Dios Santísimo, el que se lleva el prota cuando ve a la chica desfilar por la sala. Hoy has estado de lujo, David. Y no refiero nada técnico porque para empezar no es mi terreno y además, para eso no se leen las historias, se lee para disfrutarla a tope.

    Nosotros también somos pertenecía de alguien, en cierto modo entregamos con carácter obligatorio nuestra libertad a esa cruel coleccionista: la sociedad consumista a la que pertenecemos. Nadie nace para trabajar, pero hay que hacerlo porque es así como está diseñada nuestra jaula, socialmente hay que entrar dentro del patrón: pagar techo, pagar, comida, pagar confort, cada uno hasta donde su razón y bolsillo se le permitan, la bola pica y se extiende en este tipo de análisis, a veces hay suerte y se pueden desarrollar profesiones u oficios relacionadas con nuestra vocación y por ende se disfruta, o sea en ese caso, te toca entregar tu libertad en otra historia, porque a la jaulita tienes que ir seguro, jajajaja, el mundo no es completo y siempre toca pringar, si no es por "H" es por "B". De eso no nos escapamos ninguno.

    Un abrazo. Me gustó mucho


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    1. Gracias, John. Tu reflexión es la idea del relato, la Libertad, con mayúscula, solo puede alcanzarse en soledad, aislado de cualquier otra relación... Otra cosa es la posición que ese ideal pueda tener en nuestra escala de valores. Un fuerte abrazo.

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  11. Magnífico y cruel relato David.
    No se aleja mucho a la realidad que vivimos, en muchos casos trabajamos en sectores o realizando tareas que no nos terminan de complacer pero su fin es el dinero. No a la escala del protagonista, pero sí que nos encontramos envueltos en la vorágine económica.

    Me gusta como has diferenciado a estos tres grupos de personas, así una vez leído logras comprender los actos finales de cada uno. Dejas una puerta abierta a si sombrero (ella) manipuló a jaula (él) por complacer al Señor (por cierto un personaje muy espelúznate).
    ¡Felicidades!

    Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias, Irene. Te agradezco tu comentario. Como dices ese coleccionista es un personaje espeluznante, quizá por ello en un tiempo lo recupere para una historia con más cuajo.
      Un fuerte abrazo y muchísimas gracias por tu compañía en este blog.

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  12. Como dicen en los casinos "la casa gana". Así que ese coleccionista, que sin su fortuna imagino que habría tenido que optar por métodos menos monetarios, gana aunque pierda a un "jaula". Como ya han mencionado por aquí, el protagonista debería haberle contado la verdad a esa mujer, puede que así hubiera cambiado el curso de las cosas. ¿O no? Quién sabe. Un interesante texto con mucha psicología a potenciar y expandir.

    P.D: Acabo de ver que no me respondiste el comentario de "La danza del chamán" jaja. ¡Un saludo!

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    1. Gracias, José Carlos. Te agradezco tu visita y tus palabras... Voy a ese relato, intento responder a todos los comentarios, ahora me paso puede que no le diera a publicar. En todo caso, siempre agradezco todos los comentarios que es el premio de cada publicación.
      Un fuerte abrazo

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  13. David, me cayó un balde de agua fría. Ya estaba paladeando la libertad cuando la historia da un vuelco tremendo.
    ¡Me encantó!

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    1. Gracias, Mirna. Me temo que en esta vida no se puede tener todo.. Un abrazo!

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