lunes, 26 de septiembre de 2016

EL REINO ROBADO

"BLOG DE RELATOS", "FANTASIA", "TERROR", "CIENCIA FICCION", "DAVID RUBIO SANCHEZ", "LOCURA"



  Es necesario que los hechos vividos por mí, el gran caballero Jonás, y mi inseparable elfo enano sean escritos antes de que el olvido los borre para siempre.
  No hace mucho, vivía en el Reino de la Rivera del Río con mi viuda madre. El Sol siempre brillaba, salvo cuando era solapado por nubes que servían de hogar a los bellos unicornios voladores. Por la mañana, un arcoíris enmarcaba las casas de madera y, en el río, siempre había bellos nenúfares de los que se podía extraer su perfume: ese aroma que tanto le gustaba a mi amada Nereida, la aprendiz del Gran Maestro que me enseñaba a mejorar mis virtudes como guerrero.

  Sin embargo, ese hermoso reino era amenazado por el Ominoso, el todopoderoso señor de las artes oscuras. Yo debía defenderlo de sus ataques. Día tras día, ese malvado enviaba a sus terribles emisarios en reclamo de un sacrificio: dragones, centauros o gusanos de enormes bocas contra los que debía luchar con arrojo y abnegación.
  Siempre salía victorioso. Hasta que llegó el día en el que tuve que salvar a un niño de las terribles fauces de un dragón. El infante, ajeno al peligro, permanecía a su lado ante la mirada impasible de los asustados campesinos. Logré apartarlo y situarme frente a la bestia. Con un rápido movimiento de mi espada conseguí ensartarlo a la altura del pecho. Pero el dragón no se movió, ni cayó al suelo su cuerpo muerto. El niño se fue llorando y casi tropezó con mi madre, que venía en mi busca con jugosas viandas para la comida. Ella me cogió del brazo, como siempre, para volver a casa. Por el camino, le mostré mi extrañeza ante la quietud del dragón. Mi madre me miró con dulzura y me dijo: «Oh, pero eso es muy bueno, cielo». Yo le respondí: «No digo que sea malo, pero es raro».
  En casa, mi elfo enano me advirtió de que el Ominoso había iniciado su ataque definitivo. No di mayor crédito a sus palabras hasta que caí en la cuenta de que ya no corrían centauros por las calles.
  Pasaron los días y los unicornios dejaron de volar por el cielo. Con el correr de las estaciones, la madera de las casas empezó a endurecerse y volverse fría como la piedra. Le pregunté a mi elfo qué podíamos hacer. Me dijo que nada. El Ominoso había lanzado contra el Reino el peor ataque de todos: el olvido.
  Antes de la última visita con el Gran Maestro, fui al rio para buscar los nenúfares que, por costumbre, regalaba a Nereida. Le gustaban tanto que no me importaba tener que luchar contra los enormes lobos hambrientos que los protegían. Pero esa tarde no encontré nenúfares, ni lobos contra los que luchar. «Lo siento Nereida», me disculpé al verla. «Oh, pero es muy bueno que no haya lobos, cielo», me consoló. «No digo que sea malo, pero es que tampoco había nenúfares», respondí.
  Hoy, mi elfo enano se ha ido. Lo he buscado debajo de mi cama, en la cocina y en el lavabo. He salido a la calle y tampoco estaba bailando en la fuente de la plaza. Se ha ido con el arcoíris. Del hermoso Reino sólo quedo yo. Por eso quiero dejar escrita mi historia antes de que yo mismo, el gran guerrero Jonás, desaparezca.
  Pronto iré con mi madre a ver, de nuevo, al Gran Maestro. Ya no viste una túnica sino una bata blanca, y se hace llamar doctor. Le diré que mi elfo enano se ha ido y que ni siquiera recuerdo cuando vi por última vez al Ominoso. Sé que me dirá: «Oh, pero eso es muy bueno». Mi madre reirá y se abrazará a Nereida, que ya no es mi princesa, sino una enfermera. Y comprenderé que en el mundo real no existen duendes, sino niños; que los gusanos no son más que trenes subterráneos; o que los dragones solo funcionan con monedas.
  Y les diré que no es malo que el Reino haya desaparecido, pero también lo han hecho mi espada, mi armadura y mi amada.

David Rubio Sánchez

P.E. Hoy se cumplen cinco años desde que puse el punto final a este mi primer relato de ficción. Ni en sueños podría haber imaginado lo que ello supondría para mí. Me apetecía compartir esta efeméride personal con vosotros. Un abrazo.  

25 comentarios:

  1. Bueno, ha desparecido la indumentaria del personaje, la del autor está, gracias a Dios, guardada en el armario de las letras, para esos día especiales en los que a él se le antoja salir a buscar nenúfares para su musa Nereida, y matar dragones y plantarle cara al ominoso.

    He disfrutado mucho de este cuento, como un enano de 47 años.

    Abrazo.

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    1. Gracias, John. Con los años me he dado cuenta de que esta es la historia que más dice de mí y de por qué comencé a escribir, de como comencé la búsqueda por recuperar ese reino que la vida me robó. Un abrazo

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  2. Ahora entiendo que tu blog anterior se llamara El reino robado. Sin duda, ese reino han intentado quitárnoslo a todos y algunos hemos conseguido resistir, entre ellos tú. Gracias por compartirlo.

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    1. Exacto, Aurora. Aunque en mi caso, más que resistir, intento recuperarlo. Un besazo.

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  3. Maravilloso relato para ser el primero, No me extraña que el reino haya desaparecido, pero queda el príncipe de la letras para deleitarnos con mas relatos. Un abrazo

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    1. Gracias, Carmen. En esas estamos, intentando que el reino siempre esté brillando. Un fuerte abrazo de vuelta

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  4. Noble empresa la de este caballero. Que nos roben la plata o viandas, pero no este reino. ¡Este no! Muy bueno David! Un texto entrañable.

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    1. Gracias, Miguel Ángel. Que nadie nos quite las ganas de soñar. Un abrazo.

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  5. Oh, noble caballero, suerte tebemos de tenerte como escritor entre nosotros. Abrazos, Per.

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    1. La suerte, el privilegio es mío por contar con la atención de escritores con mayúsculas como tú. Un abrazo, Per.

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  6. Se veía ya por entonces que lo tuyo era los relatos de ficción, un buen comienzo que dio paso a una trayectoria que ya todos conocemos.
    De aquel reino robado a los relatos en su tinta todo un camino que da gusto compartir.
    Un abrazo David.
    Puri

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  7. Se veía ya por entonces que lo tuyo era los relatos de ficción, un buen comienzo que dio paso a una trayectoria que ya todos conocemos.
    De aquel reino robado a los relatos en su tinta todo un camino que da gusto compartir.
    Un abrazo David.
    Puri

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  8. ¡Felicidades, David, por este quinto aniversario de tu inicio en el mundo de la ficción! Ciertamente el personaje nos deja una estupenda impronta en la memoria, por lo que jamás desaparecerá aquel caballero Jonás que soñaba con reinos encantados y ganar duras batallas siempre en favor de los más débiles y ahora se ha convertido en un apasionado escritor que nos seduce con sus letras.

    Cordial saludo.

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    1. Gracias por este bello comentario, Estrella. Auténtica vitamina para el alma de quien como yo apenas es principiante en esto de las letras. Un fuerte abrazo

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  9. Hay algo del relato que me desconcierta. Hablas de un doctor, que bien podría ser un psiquiatra, y de una enfermera. ¿Tiene nuestro personaje algún problema mental? Quiero decir, ¿existe algun ingrediente de locura adicional? Lo digo porque el relato ya funciona bien como una transición infancia-mundo imaginario, madurez-mundo real.

    Es un buen relato, independientemente de la carga personal.

    Abrazo.

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    1. Demuestras ser un magnífico lector, R. P. Tienes toda la razón. Existe un error de principiante puesto que de inicio no se muestra la edad del personaje para que el lector pueda visualizarlo. Podría explicarte cualquier milonga, pero la verdad es que cuando lo escribí, solo pensaba en que la frases quedaran bien y no me fijé en ese detalle hasta que tiempo después alguien me habló del niño del relato. Mi idea era la de un adolescente con un trastorno mental que le hacía percibir una realidad fantasiosa. Con el tratamiento, el personaje pierde su locura, pero también otras cosas. Me he planteado en varias ocasiones corregirlo en ese sentido, pero creo que se perdería esa interpretación del niño que crece, esa pérdida de la inocencia (que no fue mi intención inicial). No sé, esa ambigüedad que aparece en el texto me da reparo eliminarla. Gracias por este comentario, R.P. Abrazo de vuelta!!

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  10. Hola David,
    Fíjate tú que, al añadir por primera vez a "favoritos" tu blog, éste quedó anclado en el artículo que motivó mi descubrimiento e interés por lo que escribes. Me extrañaba que cada vez que entraba, apareciera el mismo articulo, como si no hubieras publicado nada más desde entonces. Hasta que, tonto de mí (un ya tiene un a edad...), me he percatado que tenía que darle a Página principal para acceder a tu blog completo.
    Y me alegro mucho de haberlo hecho pues he descubierto este precioso relato que juega entre a fantasía y la realidad. Me han tenido engañado hasta bien llegado el final. Me ha encantado y, a la vez, entristecido.
    UN abrazo.

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    1. Gracias, Josep. Para llevar un orden me agrego los blogs favoritos con la opción de más actual, pero los hay que no tienen feed y no veo las novedades. Gracias por tus palabras que son vitamina para escribir. Un fuerte abrazo de vuelta.

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  11. Se supone que crecer y madurar es bueno, pero la imaginación y la ilusión que se pierde a cambio es un duro peaje que hay que pagar.
    Preciosa historia, gracias por sugerirla en tu última publicación.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Kirke. La verdad es que cuando la escribí, mi primer relato, estaba más preocupado por las frases bonitas que por otra cosa. Ha sido pasado el tiempo, cuando al leerla he caído en la cuenta de que inconscientemente, hablaba de algo más personal, como si significará el renacimiento de muchas cosas que sentía enterradas dentro de mí. Un abrazo!

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  12. Un relato que pone de manifiesto tu fértil imaginación. Es mejorable, por fortuna en literatura podemos escribir, reescribir, volver a escribir. Es todo un proceso de aprendizaje día a día.

    Unos de mis primeros relatos tamabién tenía la magia de alguien muy joven que se ponía a escribir, y entró en un mundo de duendes, princesas encantadas, lagos cristalinos, ¡Lástima que están muchos perdidos!

    Gracias por volver a mi niñez de fantasía, en la que habitaban también seres oscuros como una Bruja llamada "Pérfida".

    Un abrazo literario

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  13. Gracias, Tertulia. Es muy mejorable, cuando lo escribí estaba más preocupado por escribir frases bonitas que por el desarrollo de la historia. Frases como "se fue con el arcoris" creo que hoy día sería incapaz de escribirlas. Aún así, solo lo he corregido frases mal construidas y faltas de ortografía y puntuación. Te agradezco mucho tu comentario. Seguro que esa Pérfida era un gran personaje! Un abrazo!

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  14. Hola, David, encantado de leerte de nuevo.

    Llegué aquí a través del vínculo del "escopeteao", un relato muy divertido que comenté muy brevemente porque vi que ya tenías muchos mensajes de amigos. La gente te aprecia mucho, se nota, y siempre respondes a todos, eres muy cumplidor. No es necesario que lo respondas, es muy cortito; pero si te sientes obligado como reconocimiento al lector y a su tiempo, con un simple "gracias" me vale.

    Ahora entiendo mejor que te identificaras tanto con la bibliografía de mis comienzos como escritor que publiqué en mi blog, cuando hablaba de que en mi niñez escribía relatos de dragones y monstruos; realmente tú también eres un "Peter Pan" que se niega a abandonar la deliciosa imaginación creativa y la inocencia de su niñez, como yo. No todos queríamos crecer tan rápido. ¡Qué bonito es soñar! Y no me avergüenza reconocer que aún sigo siendo un soñador, eso no me lo quita nadie; en mis momentos tranquilos e íntimos sigo imaginando historias de héroes y villanos, de dragones y monstruos, de bosques de dríadas, magias de hadas y secretos de duendes...; aunque las "oculto" tras una máscara en mis novelas.

    Cuando tengo la oportunidad de hablar con alguien que las ha leído, noto que muchos ni se dieron cuenta de su estructura de cuento, de relato corto muy largo con héroes y villanos, con monstruos y dragones, con moraleja oculta... Está muy bien escondida la verdad. Y cuando les desvelo el secreto y se lo demuestro, siempre sonríen, les gusta eso, y a mí me encanta. Me dejo seducir por cuentos y películas infantiles cuando tengo la oportunidad, por su simplicidad y belleza, aunque también me gustan las obras más complejas y maduras, depende del momento, soy muy caprichoso.

    Especialmente tengo predilección por los cuentos antiguos, como el que publiqué de "La pordiosera", o las vivencias preciosas de mi niñez, como la de "El flotador más feo del mundo" o "El guiñol", que a veces me llegan sin avisar, y necesito escribirlas para no olvidarlas nunca. Me encanta leer cosas de ese estilo de algún autor, que nos invita a compartir con él esa experiencia preciosa, a sentirla con él, a imaginar momentos imborrables y hermosos, sencillos pero increíblemente gratificantes, que fueron tan especiales para él que no quiere que nadie se quede sin sentir lo mismo. Para mí, eso es lo mejor.

    No pierdas nunca tus dragones y elfos, David, ni tus tesoros escondidos, ni tus hazañas heroicas, ni tus viajes a lomos de Pegaso... Yo nunca lo hice. Puedes apartarlas en algunos momentos de la vida, pero solo déjalas solo a un ladito, no las abandones, que puedas agarrarlas cuando haga falta y abrazarlas con fuerza cuando llegue el momento, ayuda mucho. La niñez es un regalo que no se debería rechazar, y la imaginación y la fantasía son dones que se deberían desarrollar disfrutar al máximo nivel durante toda la vida.

    Un saludo cordial, y un abrazo, "Peter". A seguir disfrutando de mundos fantásticos e imaginarios, preciosos... y perfectos. Yo no pienso abandonarlos.

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    1. Gracias, J.J. La verdad es eso lo vi tiempo después. Siempre sentí ese pálpito de escribir, pero cuando acabé los estudios, el trabajo, la familia... Poco a poco lo dejé en eso. Al cumplir los cuarenta, sentí vértigo, me dije "¿no querías escribir?" Has llegado a los cuarenta y no has escrito nada de nada. ¿Quieres hacer algo más en tu vida? Si es así, hazlo. Y así me apunté a un taller de Aula de Escritores, este fue el primer relato que escribí para el taller y en mi vida. Te aseguro que solo me preocupaba de que las frases fueran chulos. Fue con el tiempo, al releerlo, que pensé en que era una curiosa historia, que quizá era más personal de lo que pensé al escribirla, que quizá ese muchacho era yo, cuando soñaba hasta que la vida me hizo despertar en forma de trabajo y responsabilidades. No me ha ido mal, pero quizá me robó algo que me hubiera hecho sentirme pleno. Así que lo considero como un acto de rebeldía, ¡Quiero soñar! ¡Quiero mi reino! Un abrazo!

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