lunes, 29 de agosto de 2016

LA VIDA POR LA QUE SUSPIRAS

"RELATO DE TERROR, TELÉFONO, DAVID RUBIO SÁNCHEZ"




  El hombre, aquel que el pequeño Juan llamaba papá; el mismo con el que se acostaba cada noche Susana, su mujer; el tipo del traje gris marengo y mirada cansada para el resto de los ocupantes del autobús, cogió el teléfono.
  —¿Quién es?
  —Lo sabes de sobra.
 Manuel no contestó. Guardó el móvil en el bolsillo delantero de su traje y apoyó la cabeza en el cristal de la ventanilla. Sus ojos repararon en una adolescente que viajaba de pie en el interior. Apretaba contra el pecho una carpeta con un escudo universitario. Se bajó en la siguiente parada; los pantalones cortos apenas alcanzaban a cubrirle el trasero. 
Sacó de nuevo el teléfono.
 —¿Diga?
 —No está bien dejar a un amigo con la palabra en la boca.
 —¿Qué quieres?
 —Liberarte, ¿qué si no?
 —¿Liberarme? ¿De qué?
 —Venga, acabas de ver a ese bombón. ¿Qué te has imaginado? ¿Qué has deseado? ¿Qué te lo impide?
 Se aflojó el nudo de la corbata y se revolvió sobre el asiento. Vio un gordo con los ojos cerrados; más atrás, un matrimonio aburrido; y, en los asientos traseros, un quinteto de jóvenes enfrascados con sus móviles.
 —¿Estás en el autobús?
 —No me hace falta. Te conozco demasiado para saber lo que haces en cada momento.
 —Voy a colgar.
 —¿Un día duro en el trabajo? Ese cabrón de tu jefe… ¡Vales más que todo eso! Te mereces otra cosa. Siempre te apasionó la pintura, ¿verdad? Pero eso no da dinero… y lo necesitas. ¿Por qué necesitas el trabajo? ¿Qué te impide dejarlo y comenzar de nuevo? ¿Eh, Manuel?
 —…
 —¿Quiénes sino tu mujer y tu hijo? Tú no puedes hacerlo, pero yo sí. Te voy a librar de ellos esta misma tarde… ¿Lo oyes? ¡Esta misma tarde!
 —¡Estás loco! —Manuel no controló el tono de su voz. Levantó la vista y comprobó las miradas de soslayo del resto de pasajeros. Continuó en susurros—: Ni se te ocurra hacerles daño.
 —Llegan a casa a las seis de la tarde, ¿verdad? Exacto, hoy es martes y el pequeño Juan tiene kárate y tu mujer, yoga.
 —¿Cómo sabes eso? ¡Cómo!... Llamaré a la policía.
 —Para decirles… ¿qué? Tranquilo te prometo que no les haré sufrir. Sé cómo usar un buen cuchillo.
 —No te acerques a mi casa.
 —Ya estoy dentro.
 Volvió a guardar el móvil en el bolsillo y comenzó a sudar. Faltaban tres paradas.
 Y eran las seis menos cuarto.
 Sentía como si en su asiento hubiera cientos de escorpiones. Se puso en pie y marchó a la zona de salida. Se agolparon en su mente imágenes de su boda, el nacimiento de su hijo... Sintió náuseas.
 El autobús circulaba como si una mula tirara de él y por más azotes que se le diera menos avanzara. Manuel sacó el teléfono de nuevo.
 —No me tienes que liberar de nada, ¿me oyes? ¡De nada!
 —Te roban tu tiempo; te encadenan a tu vida gris. Podrías conseguir lo que quisieras sin ellos.
 —¡No cuelgues!
 Un bache le hizo perder el equilibrio y pisó a una anciana.
 —¿Se encuentra bien? Tiene mal aspecto —le comentó la señora.
 —Disculpe.
 Se agarró a la abrazadera. A su lado, una niña le observaba con los ojos abiertos, su madre la cubrió con el brazo y, discretamente, se la llevó al otro lado.
 Cuando llegó a su parada y se abrieron las puertas, bajó de un salto. Sintió la mirada condescendiente del resto de ocupantes del autobús, pero eso no contuvo su loca carrera; tampoco lo hizo el semáforo de peatones en rojo.
 —Te lo suplico, ¡los quiero! —dijo mientras corría con el teléfono en la oreja.
 —Claro que los quieres. Pero esa no es la cuestión.
 Llegó exhausto a su portal. La mano le temblaba al acercar la llave a la cerradura.
 —¡Susana!¡Juan! —gritó al abrir.
 La única respuesta fue su propio jadeo. Se dirigió a la cocina y cogió un cuchillo de carnicero. En la penumbra, cruzó el pasillo, paso a paso, mirando dentro cada habitación.
 —¿Dónde estás?
 Entró en el dormitorio y encendió la luz. Las cortinas se mecían con la brisa que entraba por la ventana abierta.
 —¡Sal de una vez!
 —Estoy aquí.
 Manuel volvió hacia sí el lado de la afilada y pulida hoja del cuchillo. En ella se reflejaba su propio rostro.
 —Ves, siempre a tu lado.
 En ese instante, escuchó el ruido de la puerta de la calle.
 —Papi, ¡ya hemos llegado!
 La cara dibujada en el cuchillo sonrió.
 —Será rápido, confía en mí. Pronto iniciarás la nueva vida por la que suspiras.



FIN



¿Quieres escuchar la dramatización que realizó el equipo de LA NOCHE DE ANDRÓMEDA basada en este relato? Te dejo el vídeo y reitero mi agradecimiento a ese fantástico programa.


video










22 comentarios:

  1. Muy buen relato, David, en el que mantienes el suspense y la tensión hasta el final que además resulta muy sorprendente. Me ha gustado mucho y también la dramatización que han hecho.

    Te felicito por este magnífico espacio del que estoy segura que aprenderemos mucho. Gracias por compartir tus conocimientos. Un abrazo.

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  2. Gracias a ti, Manoli. Con este blog también quiero ser un poco más sistemático. Soy bastante caótico guardándome cosas que voy leyendo y reunirlas en el blog me ayudará a tenerlas a mano. Un fuerte abrazo

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  3. Me ha encantado el relato David, y también cómo lo han recitado, ¡¡es genial!!

    Un abrazo <3

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  4. En tensión durante todo el trayecto en bus... me ha encantado.

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    1. Gracias, Sandra. Ya ves por qué derroteros estoy caminando. Me hace muchísima ilusión leerte por aquí. Un fortísimo abrazo.

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  5. Mis felicitaciones, David, por este buen trabajo narrativo donde el suspense se acentúa hasta alcanzar un climax final bastante bien logrado, debido al acierto de dejarlo abierto a la imaginación del lector. Los diálogos en un lenguaje directo y coloquial también realzan su contenido.

    Un abrazo.

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    1. Gracias por pasar y comentar, Estrella. Saludos

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  6. Olvidé hacer mención a la escenificación radiofónica, que aprovecho para enviarles también mi ¡enhorabuena!.

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    1. La primera vez que lo escuché tuve una sensación extraña, jamás había escuchado mis relatos en boca de otro. Es de esos regalos que te caen de tanto en cuanto pero que son oro puro. Saludos!!!

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  7. ¡Hola hombre! Es un placer visitar este blog de reciente creación, y es igual de agradable encontrar un relato de suspense y locura. Un final que deja en el aire el posible salto a la locura o no del protagonista, así como un cambio de vida.

    ¡Buen trabajo y un saludo compañero!

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    1. Gracias por pasar, José Carlos. Creo que la locura ya tomó al personaje, preparándolo para lo peor. Saludos!!!

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  8. ¡¡¡¡Hola David amigo !!!!, te felicito por el nuevo blog,esta muy elaborado y tiene mucha información sobre este mundillo de los blog y concursos literarios.
    Muy bueno el relato de misterio, ya lo había leído a través de Valencia Escribe.
    Ese atisbo de locura o no locura del protagonista es espeluznante. No hay duda de que este tipo de relatos los bordas, nos mantienes en tensión hasta el final.
    Vuelvo a darte mis felicitaciones.
    Besos David
    Puri

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    1. Un besazo, Puri. Como has visto tenía pensado un nuevo enfoque de blog, así que pensé en que lo mejor era resetear y volver a empezar. Me alegra que te haya gustado, tanto como contar contigo para verlo. Un fuerte beso, querida amiga.

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  9. David me ha gustado mucho tu relato, nos mantiene en suspense todo el tiempo. No he podido oír el audio. Tengo un virus en Google Crome que me trae a mal traer. Cada vez que pincho algo para leer o mi promìo blog, me sale una página que no deseo. Un abrazo

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    1. Gracias, María del Carmen. El suspense es lo que más me gusta e intento buscarlo en mis relatos. Un gusto contar con tu visita. ¡Ah! Prueba a desinstalarlo y volver a bajarte el Crome, a lo mejor así lo eliminas. Un fuerte abrazo!!!

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  10. Un relato con una calidad de detalles muy buena, gracias a unas descripciones muy visuales. Una historia con un giro final que nos deja con la boca abierta. Genial la narración, y los aspectos técnicos del texto.
    Saludos, David.

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    1. Gracias, Ricardo. Te agradezco tu comentario, y más si viene de alguien que domina tan bien este género. Saludos!

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  11. Me ha encantado el relato, David, desde el principio hasta el final, con ese giro sorpresivo. Ha habido un momento –en el autobús– que he llegado a sospechar, por varios detalles que das. Pero sigue siendo un desenlace chulísimo, y el texto está muy bien escrito. Un abrazo! ; )

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    1. Jo, Ramón. Y es ahora que veo tu comentario. En fin, muchísimas gracias por tus palabras con tan lamentable retraso. Un abrazo!

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  12. Escalofriante. Menudo final, no me lo esperaba para nada. Da miedo sólo de pensar en ese cuchillo.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, María. Sobre todo, da miedo lo que se refleja en él. Un abrazo!

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